La mujer en el cine de Scorsese

  20 Junio 2020

De la mujer soporte a la mujer tentación

la-edad-de-la-inocencia-21Escribiendo estas líneas sobre el tema de la mujer en Scorsese, me encuentro con la dificultad de hilvanar un discurso coherente pues más que la mujer, lo que se me agolpa en la cabeza es todo lo contrario, los hombres.

Y es que el cine de Scorsese es un cine de hombres, hombres que se mueven en una sociedad muy cerrada, con sus normas, con sus tradiciones; las historias que se materializan a lo largo de toda su filmografía están protagonizadas por hombres y es que Scorsese sigue esta pauta incluso en aquellas películas donde la mujer tiene sobre el guión un papel más fuerte.

Veamos el ejemplo de La edad de la inocencia.

En esta película la historia se desarrolla en un triángulo de protagonistas, un hombre y dos mujeres, el peso de la historia recae en el personaje de Michelle Pfeiffer, pero la mirada de Scorsese y todo el peso de la película se refleja a través del personaje masculino (Daniel Day-Lewis), pues el film no va de una mujer que intenta revelarse frente al puritanismo de una sociedad de finales del XIX, sino de los temores y angustias de este hombre que se debate entre el amor a una mujer divorciada o ser fiel a una sociedad que le impone otro modo de vida que es el casarse con la mujer que tiene destinada (Winona Ryder), y vivir según las reglas de ese mundo cerrado.

Por lo tanto, la mirada de Scorsese no se centra en la mujer rebelde que desafía la sociedad sino en el debate (temor, angustia, miedo, cobardía) de este hombre. De hecho, al final de la película, en la última escena del desencuentro en París, la cámara se queda con el personaje de Daniel Day-Lewis y no con el de Michelle Pfeiffer que ni siquiera aparece en pantalla y permanece oculta tras las ventanas.

Esta sociedad cerrada se repite habitualmente en toda la filmografía del director de Al límite: la sociedad de clases del XIX, como hemos visto anteriormente, la de las mafias (Uno de los nuestros, Casino), la degradación y la marginalidad que crece en torno a la gran ciudad (Taxi Driver, Al límite, Malas calles) o el mundo religioso, bien como creencia interna (prácticamente toda su filmografía) o bien como acercamiento histórico (La última tentación de Cristo, Kundum).

Entonces ¿cuál es la visión que aporta Scorsese al universo femenino?, ¿qué papel representan a lo largo de una filmografía amplia? Pues resumiendo en dos grandes bloques o apartados tenemos a dos clases de mujeres:

La mujer soporte: esquema tradicional dentro de sociedades tradicionales, supone el apoyo a la figura masculina. Son las mujeres que aguantan a sus maridos porque ese es su papel en esas sociedades que hemos descrito: la mujer del mafioso en Uno de los nuestros o las mujeres que se relacionan con el boxeador de Toro salvaje; Winona Ryder en La edad de la inocencia (sabe que su marido quiere a otra, pero no tiene más remedio que soportar la situación); o Patricia Arquette en las escenas finales de Al límite, donde se transforma en una especie de figura de la Piedad que recoge entre sus brazos a Nicolas Cage.

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La mujer tentación: siguiendo un esquema no menos tradicional, es la mujer que supone la fuerza, la vitalidad, la tentación y que mueve al personaje masculino a actuar en determinado sentido. Si nos fuéramos al esquema religioso sería la Eva que tienta a Adán: el personaje de Sharon Stone que rompe el mundo estable, dentro de la mafia, de Robert de Niro en Casino; la prostituta de Taxi Driver; la María Magdalena en La última tentación de Cristo; la hija joven en El cabo del miedo; Michelle Pfeiffer en La edad de la inocencia; o Rosanna Arquette en el papel de musa en el episodio de Historias de Nueva York o tentación en ¡Jo, qué noche!

Y ustedes exclamarán: «¡qué barbaridad!, ¡qué imagen de las mujeres!, parece que es un esquema del siglo pasado».

Efectivamente, aunque el esquema no es del siglo pasado, es mucho más antiguo y tiene su origen en esa plasmación del catolicismo que empapa todo el cine de Scorsese (y más cuando en los guiones participa Paul Schrader).

Escribe Luis Tormo  


Este artículo se publicó inicialmente en el nº 17 de Encadenados, en diciembre de 2000.

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