Martin Scorsese, más que un director

  09 Abril 2020

Veinte años después

scorsese-rodaje«La familia es algo muy importante para mí es una referencia. De Niro y Kaitel son parte de mi familia. Para mis padres también eran como hijos. Y Pesci, Coppola, De Palma, Thelma Schoonmaker, Di Caprio… La familia hace que las cosas salgan mejor». Martin Scorsese

Scorsese nació en Nueva York en 1942. Su ascendencia es italiana. Tanto sus abuelos paternos como maternos eran de Sicilia. Sus padres, emigrantes que trabajaron en diversos oficios, aparte de hacer sus pinitos como actores para sacar adelante la familia.

El apellido original de la familia era Scorzzese, fue transformado en Scorsese al llegar a Estados Unidos. En su infancia vivió en la llamada Little Italia, dentro de Manhattan, un lugar que fue descrito por Scorsese como «un pueblo siciliano». No es raro, por esa ascendencia siciliana, su preferencia familiar, no sólo en ese trabajo en grupo, sino también en la temática de sus películas. La familia es esencial en todos los sentidos, incluido, naturalmente, las mafias. Todo es una familia. El que se sale de ella —el que no cumple el rito será expulsado, castigado, eliminado. En ella coincide con los padrinos de su amigo Coppola, también con su (nada casual) ascendencia.

Junto a la familia, en su vida y en su cine aparece otro centro temático: la religión. Italiano-católico apostólico y romano: la madona, la culpa, el sacrificio, la redención.

Ahí están La última tentación de Cristo, Silencio… y, una de las más elocuentes, Al límite, una pasión y una resurrección a lo largo de los días de Semana Santa, vista a través de un conductor de ambulancias. El mal que hay que extirpar, el pecado, elemento maligno de la sociedad, que debe ser destruido, el Travis vengativo de Taxi Driver; el sacrificio, dolor y sangre de Toro salvaje.

Scorsese quiso ser sacerdote. De pequeño asistía a la catedral de San Patricio donde actuaba de monaguillo, pero fue expulsado ya que siempre llegaba tarde a las ceremonias. Después fue seminarista durante un año. Su rendimiento en las clases fue nulo. Aquello no era lo suyo y fue expulsado del seminario.

En su trayectoria cinematográfica tuvo la suerte de encontrarse con un iluminado más riguroso que él, alguien que sería guionista de varias de sus películas, además de ser un importarte director de cine, Paul Schrader, de religión calvinista. Su unión dio como resultado un coctel explosivo con una admiración especial por el cine de Robert Bresson, sobre cuya obra Schrader escribió un magnífico estudio.

Scorsese fue más allá de su religión y por eso realizó Kundun, buscando un más atrás en el propio, al sumergirse e interrogarse sobre el budismo. Un afán por contestarse a preguntas vitales, quizás por ello se había refugiado años antes en las drogas, principalmente en la cocaína, con la creencia de abrir más su mente en una experimentación que le llevó casi a la muerte. No es raro que el viaje de Travis en la ya citada Taxi Driver parezca, por momentos, una visión alucinógena.

A los puritanos Schrader y Scorsese (su primer largometraje se asemeja a un sermón, al igual que ocurre con ¡Jo, qué noche!) les unía algo más que su búsqueda dolorosa de la trascendencia: el cine. Una pasión desde muy pequeño: él mismo dice que a los cuatro años asistió al cine. Fue la gran actividad de su niñez, pues debido al asma que padecía no podía dedicarse a actividades deportivas.

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Lo suyo fue devorar en el final de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta el cine norteamericano; se entusiasmó por los westerns, su género más querido, aunque no haya realizado nunca una película del oeste. También el cine espectacular. Entre sus preferidas estaban títulos como El Cid, Tierra de faraones… y curiosamente también habla de su amor por obras de Powell y Pressburger como Narciso negro o Los cuentos de Hoffman.

Lo que no podía faltar en las películas de su infancia eran las italianas. Su familia, en un recuerdo hacia el país de donde procedían, iban a verlas y, quizá, a llorar en ellas por lo perdido. No es raro que entre la variedad de las películas que ha realizado se encuentra una dedicada al cine italiano, El dolce cinema (1999) en la que incluyó escenas de films de Antonioni, Fellini, Blassetti, De Sica, Rossellini y Visconti.

No se quedó en eso Scorsese. Conoció y admiró a la nouvelle vague, se entusiasmó con la obra de Rivette, Truffaut, Godard… y también de los autores que los críticos cahieristas reivindicaron: el gran cine clásico americano y, sobre todo, reconoció una santa trinidad incuestionable: Welles, Hitchcock y Ophüls. Su amor al cine, al antiguo y al moderno, al cine en general y lo que representa le llevó a realizar ese bello homenaje a George Méliés titulado La invención de Hugo. En menor escala también cantaría al cine en El aviador.

Hay más amores, y tragedia y dolor, en Scorsese. Si hablamos de otro de sus amores habrá que identificarlo con la ciudad de Nueva York, con las calles en las que conoció y en las que vivió. Aquellas en las que se traficaba, se juraba lealtad, se amaba. Un Nueva York que se extiende, en su cine, desde su nacimiento (Gangs de Nueva York) hasta el ayer más cercano (la parte de Historia de Nueva York; New York, New York) sin olvidar el ayer (La edad de la inocencia) o el ultimísimo hoy (El lobo de Wall Street). Su dolor ante el fracaso comercial y, en gran parte de la crítica, lo siente también cuando tiene que luchar con productores que le piden cambios en sus películas ya sea en la duración, en alteraciones de guion, en imposiciones varias

No se puede dejar olvidado su interés por la música actual, algo que ha demostrado realizando películas con grabaciones sobre determinados conciertos y compositores famosos. Es otro de sus amores, trasladado también a las bandas sonoras de todas sus películas.

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Varias veces nominado al Oscar al mejor director, lo logró con un filme hecho a su estilo (mafia, familia, redención, sacrificio, amistad, traición… dolor, expiación y muerte), Infiltrados, aunque curiosamente sea una revisión de una película china. No era la primera vez que Scorsese daba la vuelta a una película anterior (El cabo del miedo) o se crea en la necesidad de retomar un filme que admira para inventarse una continuación (El color del dinero sería la continuación de la espléndida El buscavidas.

Scorsese no sólo ha dirigido largometrajes, también ha realizado cortos, documentales didácticos sobre el cine, ha producido y ha apareciendo como actor en algunas películas. Y también ha creado fundaciones, escuelas, grupos de investigación para la recuperación, restauración de filmes antiguos, trabajos para recuperar el color original, que se iba perdiendo, de algunos grandes títulos de la época dorada.

Después de su estupenda película para Netflix (El irlandés, 2019) prepara varios títulos, el más adelantado, ya en rodaje, nada menos que interpretado por dos de sus actores preferidos (DiCaprio y De Niro), Killers of the flower Moon será un policiaco (transcurre en los años veinte) pero con aromas de western ya que trata sobre los asesinatos cometidos en una tribu india.

Nuestra revista encara un estudio amplio sobre la obra, también amplia, de Scorsese. Allá en los comienzos de esta revista digital Encadenados, concretamente en el monográfico 17, de julio-diciembre del año 2000 (nuestro número cero fue de noviembre del 98), de forma muy tímida, como correspondía a aquella criatura balbuceante, ya dedicamos ese número a Scorsese.

Hoy, veinte años después, ya creciditos, con un Scorsese también crecido, con una obra importante y amplia, hemos querido analizar de forma más amplia la filmografía de uno de los directores más importantes del cine actual. Un estudio necesario y, si esa es la palabra, reivindicativo de su importante obra

Escribe Adolfo Bellido López

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