Mi hija, mi hermana (Les cowboys, 2015), de Thomas Bidegain

  30 Marzo 2020

La búsqueda como empuje vital

mi-hija-mi-hermana-0Cuando Mi hija, mi hermana comienza, enseguida tenemos la sensación de que nos encontramos en alguna pradera de los Estados Unidos, donde una multitud de personas sonríen, se encuentran, cantan al ritmo de música country y pasan unos momentos juntos. Sin embargo, esto no es así.

En realidad, estamos en Francia y durante un encuentro de aficionados del estilo western. De repente una chica de 16 años desaparece. Todo lo que va a ocurrir en la película será un continuo y sorprendente viaje a través de la vida de dos hombres, un padre y un hijo, que cambiarán su futuro justamente para buscar a la chica a partir de ese alegre momento de celebración en la pradera.

El desarrollo narrativo de esta película es sorprendente en el estricto sentido de la palabra. Nada va a ser lo que parece ya que en ningún momento nos imaginamos realmente lo que va a ocurrir dentro de este intrigante y doloroso filme.

El director Thomas Bidegain explica que el proyecto al principio fue considerar una historia de investigación y de búsqueda, como un thriller, que poco a poco se fue transformando en una reserche más íntima de los personajes hacia sí mismos. De ahí la posibilidad, que se hizo realidad, de desarrollar la relación entre padre e hijo, hasta llegar casi a un intercambio de roles y de sentimientos contrastados.

El filme, de hecho, está dividido en dos partes: la primera se enfoca en un padre preocupado y destrozado que hace todo lo que puede para descubrir lo que le ha pasado a su hija; la segunda parte, temporalmente localizada en el futuro, se dirige a la figura del hermano de Kelly y de su diferente manera de enfrentarse a lo sucedido. El paralelismo entre los dos personajes no es inmediato, sino se va desarrollando a lo largo de la película y del viaje que van realizando.

En el filme asistimos a muchos cambios de planos continuos que definen no sólo el pasaje de un lugar a otro en el que se realiza el viaje, sino también el cambio de actitud que, sobre todo para el hermano, es fundamental para entender la vida y a sí mismo. La transposición de los hechos hacia el interior de los protagonistas, su intimidad, su viaje hacia su ser interior transforma la investigación en un acto de construcción psicológica y emotiva de las relaciones entre los personajes.

Primeros planos, rostros, música y silencio. Esta alternancia es un crescendo que marca las infinitas posibilidades que como espectadores encontramos en el desarrollo de esta película. ¿Qué es lo que va a pasar? Nunca nos queda claro realmente. Esto es lo sorprendentemente atractivo de la obra. Es cierto que algunos aspectos de la historia podrían suscitar algún desconcierto respecto a la manera en la que se expresan las diferencias entre una cultura y otra. Sí, porque Oriente y Occidente se encuentran tal vez descritos con algunos estereotipos, por ambas partes, en la película.

Sin embargo hay que creer, por cómo evoluciona el filme, que estas características culturales un poco estereotipadas se difuminan dentro de lo que es el significado auténtico de la historia. No todo es lo que parece, dijimos anteriormente, y esto es lo que ocurre en el caminar de la película que mezcla, como un líquido de situaciones inesperadas, todo lo que nos imaginamos pueda haber ocurrido.

No es una obra que pertenece a un género en particular. Encontramos “trazas” del estilo western, cowboys, música country y sombreros del mismo estilo; luego el misterio, la desaparición, la investigación, el thriller que genera la búsqueda y el miedo de coger el camino equivocado; además nos encontramos con un drama psicológico, íntimo y emotivo muy fuerte, que toca aspectos culturales y raciales hasta llegar al romance puro de la relación estrecha que puede ligar personas de una familia o de un amor romántico entre dos personas.

En este filme encontramos miles de matices distintos que encajan perfectamente entre ellos, regalándonos una obra que no falla en ningún sentido. La maravillosa fotografía acompaña la historia dándole un sentido cultural más amplio, más fuerte.

La idea inicial de Thomas Bidegain de empezar desde una desaparición para expresar diferentes maneras de llevarla a cabo es un gran punto a favor, para que seamos capaces, como espectadores, de considerar que no hay una sola vía sino diferentes y múltiples para encontrar lo que buscamos y ser capaces, al mismo tiempo, de encontrarnos a nosotros mismos, así como, en cierta medida, ocurre con los protagonistas de esta historia.

Escribe Serena Russo 

mi hija mi hermana-3