Mi vida en rojo Kubrick (libro de Simon Roy)

  04 Octubre 2020

Locura, Holocausto y el omnipresente 42

mi-vida-en-rojo-kubrick-0«El doctor Jacques Forest dejó a todo el mundo en shock al machacarle el cráneo a su mujer a martillazos, cuando ella leía tranquilamente, sentada en la cocina» (página 101)

Simon Roy es profesor de literatura en un instituto de Quebec y está obsesionado con El resplandor, película que proyecta asiduamente a sus alumnos. Una obsesión que se mezcla con su propia vida y la de su familia, sobre todo a partir del suicidio de su madre.

Reflexión y análisis fílmico van de la mano en este acercamiento distinto a este film de Kubrick que sigue creciendo año tras año.

Un crecimiento que nos enseña el valor del paso del tiempo. Aprendemos la diferencia entre Arte y «plumillas» cuando hoy recordamos lo mal que fueron recibidos por la crítica films que hoy son considerados grandes clásicos, como Vértigo o El resplandor.

Aún recuerdo las despectivas frases de Carlos Boyero en el número 1 de la revista Casablanca (1), en enero de 1981:

«Produce irritación ver al imbécil de Jack Nicholson en permanente pase de modelos gestuales, un decorado tan siniestro y tan mal aprovechado, una buena historia tan degradada, un derroche físico, mental y económico tan inútil. (…) Los admiradores de Kubrick, abochornados y llorosos, pueden pensar para su consuelo que esta vez el genio se ha equivocado por no tocar temas más profundos o de crítica social. Para mí no constituye ninguna sorpresa».

El tiempo no perdona y coloca a cada uno en su sitio.

Durante el primer semestre de 2020, coincidiendo con esta pandemia que quedará marcada en nuestra memoria, dos libros se han editado en España con motivo del 40 aniversario del estreno de El resplandor. Ambos con una amplia selección de artículos a nivel nacional o internacional, ofreciendo nuevos puntos de vista sobre el film.

Prácticamente todos elogiándolo como un clásico indiscutible.

Hoy es el film de Kubrick del que más se habla y más se escribe. Y quizá también el que más «lecturas» ofrece. Más, incluso, que 2001: Una odisea del espacio o La naranja mecánica. Algunas creíbles, otras discutibles y no faltan las decididamente alucinadas.

De todas esas lecturas, la de Simon Roy es, probablemente, una de las más originales.

Quizá porque es, ante todo, una lectura autobiográfica.

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El número 42

El año 1942 es el del inicio del Holocausto, del genocidio nazi.

También el año en que su abuelo Jacques Forest mató a su esposa Aurore a martillazos y después se suicidó colgándose. Sus dos hijas gemelas, Danielle y Christiane, de 5 años, lo vieron, huyeron, estuvieron 3 días escondidas en los maizales que rodeaban la casa. Hasta que aparecieron al oír gritos de los vecinos buscándolas.

De las dos gemelas, una desapareció. La otra es la madre de Simon Roy. Era.

En 1984, 42 años después, la hija del matrimonio Forest intentó suicidarse por primera vez.

En esa época, siendo un joven estudiante, Simon disfrutaba de su época de resplandor. Don Potra, es el capítulo del libro donde lo explica: acertaba respuestas en el colegio antes de que terminaran de formular las preguntas… Eso le permitió participar en un concurso contra otros colegios, en cuya final no pudo estar presente por tener que desplazarse a cuidar de su madre… tras el intento de suicidio. Algo que no supo prever.

Finalmente, el 12 de febrero de 2013, la madre de Simon Roy logró su cometido y se suicidó tragándose amplias dosis de medicamentos…

Pero la muerte no fue inmediata. Simon estuvo días junto a ella, en el hospital, reflexionando sobre el pasado de su familia y su particular obsesión por el film El resplandor.

Simon Roy tenía entonces 42 años.

Todo ello fue la génesis de Mi vida en rojo Kubrick.

En El resplandor, el número 42 tiene una presencia constante: 42 coches hay aparcados en el hotel el último día que está abierto; Verano del 42 es la película que se proyecta en la televisión; 42 veces intenta golpear, con el bate de béisbol, Wendy a Jack mientras sube las escaleras; 42 veces pronuncia «Redrum» su hijo Danny antes de escribir esa expresión con el lápiz de labios en la puerta; 42 veces pronuncia su bip-bip el correcaminos en los dibujos de la tele…

La película de Kubrick se basa en una novela de Stephen King, quien escribió el libro después de haber pasado una noche en la habitación 317 del hotel Stanley. Un hotel construido a principios del siglo XX sobre el que pesan algunas «maldiciones» y sucesos poco explicados.

«Los del hotel Stanley no parecen tenerle en cuenta a Stanley Kubrick que rodara la película en otro hotel (en Oregón, en el Timberline Lodge, o en los estudios Elstree, en Inglaterra), pues desde hace años se emite en bucle El resplandor en los televisores de todas las habitaciones del Stanley. En el canal 42, por supuesto: estas cosas son de cajón» (página 40).

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La locura, la obsesión, el mal

Simon habla del 42 en relación al Holocausto. La máquina de escribir que utiliza Jack es una Adler, cuyo símbolo es el mismo que adoptó el ejército nazi: un águila, aunque no sobre una rueda, sino sobre la cruz gamada. Adler era el fabricante oficial de la maquinaria de guerra nazi.

Esa máquina de escribir contiene en sí misma uno de esos «fallos de raccord» que nadie sabe si son reales y llamadas de atención en esta película: es blanca al inicio y cambia a gris ceniza más adelante. Gris como el de la ceniza que se extraía de los hornos de exterminio o de esa ceniza que volaba por los campos cercanos a Auschwitz, donde algunos la confundían con nieve.

La «lectura» que apoya Simon en su texto es que El resplandor es una metáfora del Holocausto nazi. De ahí la sangre que mana de los ascensores, símbolo del genocidio.

Aunque también podría hablar de otro genocidio: el de los indios norteamericanos.

El hotel Overlook fue construido sobre un antiguo cementerio indio. Sus paredes se adornan con motivos indígenas. Y la huella del mal, de la sangre, siempre queda.

Jack Torrance (Jack Nicholson) recorre los pasillos del hotel, con su fracaso como escritor y su necesidad de alcohol a cuestas. Mataría por un trago. Y ahí está Grady dispuesto a satisfacer sus necesidades. La locura, materializada en el rostro de un actor absolutamente metido en su papel. Y en un autor incapaz de escribir más allá de la primera frase del libro (2).

Mi vida en rojo Kubrick es un estudio cinematográfico, pero también una creación literaria… Simon triunfa allá donde fracasa Jack Torrance.

Como ejemplo de su triunfo, basta ojear los títulos de los capítulos del libro, juguetones y sugestivos: Stalyn Kubrick, El esqejo, Ron rojo, Al final del sendero de gloria, El viento nos llevará, Feliz día de la madre…

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¿Un desliz final?

En medio de tan concienzudo análisis sorprende que Simon Roy no haya caído en la cuenta de un 42 más, que no recoge en su libro y que a este cronista le parece muy claro: ¿por qué la habitación 217 del libro de Stephen King se transforma en 237 en la película de Kubrick?

La habitación 237 es igual a 2x3x7, o sea, 42…

¿Casualidad o es que Roy también juega a ser Kubrick y nos deja alguna puerta abierta, algún enigma sin resolver, para que nos adentremos en ese apasionante laberinto que es su libro?

Escribe Mr. Kaplan  


Notas

(1) Casablanca comenzó a editarse en enero de 1981, dirigida por el crítico y director de cine Fernando Trueba. Nació como una alternativa a las entonces dos revistas de crítica de cine líderes en España: la histórica Fotogramas (que llegó a tener periodicidad semanal y acabó con ediciones mensuales con poca crítica y mucha promoción) y la más sesuda Dirigido por (mensual desde sus inicios y más centrada en los análisis y críticas de cine). Casablanca tuvo una vida efímera, pese a las notables plumas que escribieron sus páginas: Julio Sánchez Valdés, Guillermo Cabrera Infante, Juan Cueto, José Luis Guarner, Juan Hernández-Les, Miguel Marías, Manolo Marinero, Fernando Savater…

(2) En la versión original, la frase repetida una y otra vez es «All work and no play, makes Jack a dull boy» (algo así como «Mucho trabajar y poco jugar convierten a Jack en un chico aburrido»). Kubrick filmó distintos planos según los países y, como recoge Vicente Molina Foix en su libro Kubrick en casa, la adaptación española fue una idea del propio traductor del film: «No por mucho madrugar amanece más temprano».

Mi vida en rojo Kubrick | Simon Roy | Editorial Alpha Decay | Barcelona, 2017 | ISBN: 978-84-945113-7-0

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