Belle de jour (1967)

  30 Enero 2015

El desencanto del amor burgués

belle-de-jour-0Luis Buñuel ha realizado diferentes obras cinematográficas dedicándose al análisis de la sociedad burguesa a través de los aspectos más distintos. Puede ser definido casi como un psicoanalista del mundo moderno hecho sólo de su frágil esplendor y de su débil castillo de apariencias.

Belle de jour es la historia de Séverine, una mujer que vive una vida aparentemente feliz, con un marido médico y rico que la quiere, en una casa con todas las facilidades y las comodidades que se puedan desear. No obstante, sufre de la incapacidad de mantener relaciones íntimas con su marido. Así que decide trabajar sólo de día en una casa de citas en las que le dan el apodo de belle de jour, bella de día. Esta elección cambiará para siempre su vida quizás sin resolver completamente sus fobias y sus miedos.

La película es una continua alternancia entre lo que sucede en el presente y los temores o fantasías íntimas de la protagonista, sin que se defina el límite entre los unos y los otros.

Buñuel desarrolla el ritmo narrativo de forma muy poco lineal y nos atrevemos a definirlo casi violento e inesperado. Esta fórmula es usada por el director a través de técnicas como travellings o zoom con planos de detalle sobre objetos simbólicos y que sugieren un significado específico a las escenas, como por ejemplo, continuos planos de los zapatos elegantes de la protagonista, que simbolizan su pertenencia a un preciso ambiente social, que contrasta perennemente con el entorno externo donde se mueve la misma.

Esta cámara turbulenta y violenta es la provocación que Buñuel quiere transmitir hacia el espectador y respecto a todo lo que siente e imagina la protagonista. Las técnicas utilizadas por la cámara enfatizan todo el camino interior que Séverine recorre, empezando por pequeños fragmentos que nos muestran un claro trauma infantil que le induce al recuerdo y el deseo que la realidad le impide de cumplir. Las perversiones imaginadas por Séverine luchan con la monotonía perfecta del mundo en el que se encuentra y que no responde a sus deseos y a sus pasiones.

Desde el principio entendemos que la sociedad ha castigado a Séverine desde siempre, anulando sus ganas y sus elecciones respecto a la vida. Buñuel echa un vistazo o, mejor dicho, espía como a través de una mirilla, dentro de lo que hoy en día es considerado como normalidad y que se pone en contra de lo que la naturaleza humana y los sentimientos perciben como activo y vital.

El director recorre esta vida pasiva condenando la rutina como el peor de los enemigos de las emociones reales y fuertes. La prostitución, el aspecto escondido y misterioso, casi “pecador”, es la escapatoria de un mundo que controla, que impide y que no deja librarse.

Lo que la protagonista cumple es un viaje de descubrimiento que empieza dentro del burdel y que le hará conocer a personajes extravagantes que sólo a escondidas son capaces de sacar sus verdaderos impulsos y pasiones. Todos los hombres con los que se relaciona se oponen a la figura ordenada de su marido, un médico afirmado y atento a la forma externa de su vida, cuidada en todos los detalles para que parezca envidiable.

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El personaje del amigo del marido es un expediente narrativo fundamental porque es el que empujará a Séverine hacia el descubrimiento de la prostitución, pero será también el que acabará de una cierta forma con las vidas paralelas que lleva la mujer rompiendo con la violencia de la verdad.

También el amante de Séverine que se enamora de ella y que acabará cambiando completamente la vida de la protagonista será el motivo por el que el espectador despertará de este largo y fascinante viaje realizado por la propia mujer.

¿Lo que hemos visto es la realidad o representa la imaginación de Séverine, que para evadirse de una vida plana e insatisfecha se escapa con su imaginación?

El objetivo de Buñuel es justamente dejar al espectador con esta pregunta, donde lo más importante no es ni siquiera la respuesta, sino la motivación, la causa que ha llevado a formular esta cuestión y que sería la naturaleza humana, desnuda y cruda.

En este sentido, Séverine llega a ser una figura emblemática de todos los hombres y las mujeres que quizás no son capaces de escapar realmente de la normalidad, porque aunque sea contra su más instintiva naturaleza, es un orden al que no pueden renunciar para frenar las pasiones que los harían más felices pero también más peligrosos. Y entre el peligro y la felicidad, allí cabe solo la fantasía.

Escribe Serena Russo

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