Tristana (1970)

  27 Enero 2015

Apariencias

tristana-6Cuando don Lope aparece en escena, nos es presentado como un respetable ciudadano que ayuda a aquellos que lo necesitan, sin dudar en socorrer a un ladrón para escapar de la policía o dar las más espléndidas propinas a aquellos cuyo trabajo así lo marca.

En cuanto atravesamos las puertas de su casa, todo ese halo de grandeza queda oculto bajo el espeso manto del engaño en el que él mismo habita. La mejor representación del personaje son sus viejas zapatillas de estar por casa, raídas, viejas y cuyos buenos tiempos quedaron atrás mucho tiempo ha. Don Lope se ve obligado a vender diversa parafernalia para seguir adelante, manteniendo el servicio dado que el exterior, ni su propio interior, pueden, de ningún modo, apercibir sus problemas.

Su fachada queda magullada cuando entra en su vida Tristana, una joven de extraordinaria belleza a la que acoge tras la muerte de su madre. Aunque reside con él como si de una hija carnal se tratara, no puede dejar a un lado su naturaleza y acabar ganando sus favores, de un modo u otro.

A pesar de cuidar la imagen que los demás poseen sobre él, don Lope odia a su hermana pues, entre otras cosas, es una devota cristiana y él no tolera la religión. Viviendo en una comunidad esencialmente cristiana decide que ese no es su camino, tratándose de un hombre complejo.

Es intrínsecamente humano el modificar la realidad al antojo de nuestros intereses y eso es precisamente lo que hace don Lope. Aunque sus tiempos de hombre atractivo quedaron atrás hace bastantes años, sigue acicalándose como si del propio don Juan se tratara. Aunque no tiene un trabajo que así lo requiera se viste con las mejores galas y cuida cada detalle.

Lejos queda la verdad de la capa de las apariencias, nos seguimos sorprendiendo de hechos que ocurren a escasos metros de nuestras narices e incluso bajo nuestro mismo techo cuando nosotros mismos nos negamos el indagar en aquello que no es deseable, que puede provocar algún tipo de inestabilidad en nuestra perfecta realidad. Don Lope elige creer que Tristana le quiere como marido aunque, de sobra sabe, que se trata de una relación poco sana y forzada.

Es posible vivir bajo ese cascarón incluso toda una vida, sin llegar a experimentar lo que nos negamos. El ser humano puede elegir cómo vivir cada situación, es una de las condiciones ligadas a la inteligencia propia de la raza. Una misma experiencia puede provocar las más diversas reacciones en cada persona; por ejemplo, don Lope y su hermana fueron criados bajo el mismo techo, con los mismos valores, él eligió no casarse y llevar una vida independiente mientras que ella no podía entender qué estaba mal con su hermano, ese elemento que fallaba en su cabeza para haberse convertido en una persona a la que consideraba más que despreciable.

La palabra apariencia va ligada estrechamente a hipocresía; se puede maquillar mucho alguna situación, carácter, persona, etc. pero en el fondo su luz es otra bien distinta. La capa exterior incluye millones de dobleces, tanto positivos como negativos, que casi nunca quedan al descubierto. Un ejemplo de hipocresía es la falta de libertades en las calles en las cuales es delito mostrar afecto por tu propia pareja, cuando es una necesidad que esas mismas personas que denuncian poseen pero que reprimen.

Buñuel realiza un trabajo encomiable en propinar duros golpes de realismo a la película, destacando un par de momentos en particular. La confrontación con el novio de Tristana en la que éste pega a Lope y un transeúnte espeta “¿no ves que es un pobre viejo?” y una conversación entre Lope y Tristana en la que él le dice que cuando lo desee ella será su mujer y cuando lo desee su hija. La construcción de una irrealidad total provoca que estos dos impactos resuenen en nuestras cabezas y corazones removiéndolos con violencia. Estos instantes son arte en su más pura esencia.

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Amor enfermizo

El de Tristana y Lope es el prototipo de un amor insano y tóxico que contamina a todo aquel cercano a él. Cuando ella conoce a Horacio parece que todo va a cambiar, abandonando su tormentosa relación con Lope, pero la dependencia psicológica es tal que, cuando enferma, su primer impulso es volver a su hogar y, tras convencer a su amado, lo hace para no abandonarlo nunca más.

En la relación entre Lope y Tristana es donde más se deja notar la mano de Buñuel respecto a la obra de Benito Pérez Galdós: mientras que en la novela Horacio se desprende de Tristana en el filme es ella quien le dice al pintor que se quiere quedar en casa de Lope, quien jamás la habría llevado a casa de otro hombre.

Lo que comienza como algo extraño, una joven conviviendo con un señor soltero entrado en años con el que no guarda ninguna relación, acaba por tornarse en perturbador. Los sentimientos de Tristana son volubles a la par que incomprensibles para la mayoría de los mortales: comienza sintiendo una pena por Lope que se convierte en amor, para acabar siendo una persona sin más sentimiento que el más profundo de los odios.

Nuestros protagonistas se muestran incapaces de amar de modo natural, este sentimiento es complejo y egoísta en innumerables ocasiones, pero Buñuel retrata unos personajes enfermos de amor, hecho que no les permite ser felices, están conectados el uno al otro ineludiblemente, desde el momento en el que Tristana entra en la vida de Lope son un solo corazón enfermo.

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Cambio de roles

Tristana llega a la vida de Lope en una posición de indefensión, carente de familia y profesión depende de él para emprender su camino en la vida. Con el transcurrir de los años es el anciano quien acaba por depender de ella, su existencia sin ella se le hace insoportable incluso cuando el dinero no le falta. Lope se convierte en un pelele manejado por la insoportable Tristana quien aprendió del mejor de los maestros el arte del maltrato.

Cuando ella vuelve a casa de Lope debido a su enfermedad ya no es aquella muchacha inquieta que echaba de menos a su madre, llorando a solas en la oscuridad de sus pensamientos. Ella dejó paso a un ente carente de humanidad que ni siquiera siente un ápice de compasión, amor o simpatía por otros seres humanos.

Lope toma de su propia medicina en grandes dosis al comprobar la nueva personalidad de la que una vez fuera su dulce amada. El déspota dictador acaba convertido en la parte dominada y débil de la pareja.

El drástico cambio de Tristana es explicado, además de en su relación con Lope, en sus interacciones con Saturno, el hijo sordo de la empleada de éste, de algo inocente y divertido pasa a la soberbia y desprecio.

La enfermedad de Tristana, junto a la pérdida de su pierna, reflejan los últimos destellos de esperanza de su anterior modo de ser. Cuando su pierna le es arrebatada, con ella pierde cualquier brizna de humanidad que en Tristana pudiera quedar. Muchos son los esfuerzos de Lope por tener su amor tras haberla recuperado en su vida y bajo su techo, incluso se casa por la iglesia, y la acompaña a misa, hecho harto significativo al haber estado en contra de la misma durante la totalidad de su existencia. Su desesperación es incontenible pero de nada sirve, su amada se perdió, por su propia culpa, muchos años atrás.

Para cuando la muerte alcanza a Lope, sus papeles se invirtieron largo tiempo atrás. Siendo tal el odio que siente Tristana por su benefactor que no siente ninguna pena ante sus últimos suspiros de vida.

El trabajo de Buñuel explicando la alteración de personalidades es incontestable, en apenas escenas y palabras resume lo que otros hubieran tardado demasiados minutos y, probablemente, nunca hubieran conseguido lo que el excelente director.

La cara de Catherine Deneuve ante la falta de aliento de Lope, bien vale más de un visionado.

Escribe Sonia Molina

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