Toby Jones y el cine dentro del cine

  26 Abril 2014

Mi semana con Marilyn y Berberian Sound Studio

 

mi-semana-con-marilyn-1Sea por casualidades del destino o quizás porque le gusta interpretar papeles de personajes que tienen o han tenido que ver con el mundo del celuloide, lo cierto es que el actor británico Toby Jones nos viene como anillo al dedo para nuestro Rashomon dedicado al cine dentro del cine, pues no solo dió vida a Truman Capote (Historia de un crimen, 2006), uno de los escritores cuyas novelas han conocido hasta una treintena de adaptaciones al cine, sino que en 2011 también se puso en la piel de Arthur P. Jacobs, relaciones públicas de actores y actrices tan conocidos como Gregory Peck, Marilyn Monroe, James Stewart o Judy Garland en el biopic Mi semana con Marilyn, y un año más tarde actuó como un tímido ingeniero que trabajó en el mítico estudio de postproducción italiano Berberian Sound Studio en la película que llevó por titulo el nombre del estudio.

Por último, el enjuto pero gran actor nos sorprendió el año pasado caracterizando al mismísimo Alfred Hitchcock en la TV MovieThe Girl.

Mi semana con Marilyn

De entrada vale la pena resaltar la valentía de los responables de esta película de llevar a la pantalla un aspecto biográfico de Marilyn Monroe (el rodaje de El principe y la corista en 1957), y sobre todo la osadía de Vanessa Williams a la hora de encarar una interpretación de la que tenía todos los números para salir malparada, y es que dar vida en el cine a uno de los animales cinematográficos de todos los tiempos no es tarea sencilla.

Su arrojo le valió un Globo de Oro en la categoría mejor actriz en una película musical o comedia y una nominación de los Premios de la Academia, aunque Meryl Streep en su caracterización de La Dama de hierro le acabara arrebatando el preciado galardón.

Una vez vista Mi semana con Marilyn, podemos afirmar que Williams sale indemne de su aventura, atacando el personaje desde la sensualidad y la desprotección. Lo que ocurre es que ni posee la robustez ni la contundencia de Marilyn, y logros interpretativos aparte, ese es un rasgo que cualquier espectador va a notar desde el principio del film. Quizás es que tengamos el baremo del mito demasiado alto, pero pasaría igual si nos enfrentáramos a un biopic de James Dean o cualquier otro icono del cine de todos los tiempos.

Arropada por un elenco actoral que sí sabe disfrutar de la oportunidad de recrear a grandes nombres del cine; en especial ese Kenneth Brannagh con zapatos nuevos emulando a su amado y referente Laurence Olivier; Judi Dench como Sybil Thorndike, y en menor medida una Julia Ormond un tanto desaprovechada en su papel de Vivian Leigh, el film se ve con agrado aunque no pueda en ningún instante desprenderse de un cierto aire a telefilm de sobremesa que no ayuda al conjunto de la acción.

La trama en sí es una mera excusa para enseñarnos aspectos de la biografía de la diva que, si bien ya se habían apuntado en alguna que otra biografía desautorizada, ahora se muestran a sabiendas de que el film está basado en dos libros escritos por el autor británico Colin Clark, y su experiencia cuando acompañó a Marilyn durante el rodaje del film ya citado.

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En la adaptación cinematográfica, Clark es un joven auxiliar de producción inexperto que caerá rendido y hechizado ante el magnetismo y la fascinación de un personaje único e irrepetible, iniciando una especie de relación medio amistosa que no llega a más dado el carácter inestable de quien ha hecho del capricho y veleidad su bandera.

Tampoco ayuda a elevar el tono mediocre del film una realización plana de un director, Simon Curtis, que no ha querido arriesgar un ápice en el que es su debut en el terreno del largometraje. La óptica desde la que se estructura la película es descaradamente academicista, muy British, echándose a faltar un tratamiento más profundo de algunos personajes que funcionan como meros arquetipos.

Las escenas donde prima la ironía y la acidez están tratadas a la perfección, con diálogos rápidos y brillantes llenos de ritmo y precisión. Otra cosa bien distinta ocurre en aquellos momentos donde la tragedia y la exultación dramática deben hacer acto de presencia; son secuencias faltas de fuerza y mordiente que dejan indiferente a quien se las mira.

A fin de cuentas se trataba de enseñarnos el drama de una mujer ingenua que tuvo como única constante vital el abandono. Una gallina de los huevos de oro manipulada por mentores malhechores que la envolvieron en falsos halagos y expectativas sobre unas dotes interpretativas que quizás jamás existieron.

Michelle Williams intenta con ahínco y no poca profesionalidad demostrarnos todo esto mediante una interpretación versátil e importante, pero siempre te quedas con la sensación de que no ha sido suficiente, que para mostrarnos el verdadero drama que acompañó a Marilyn durante toda su vida se hubiera necesitado un proyecto más ambicioso y con más enjundia.

Mi semana con Marilyn se queda a medio camino entre una cosa y otra, y es que la humildad de la propuesta es su mayor enemigo. Quizás es que hablamos de una estrella inalcanzable y celestial, imposible de abarcar en su totalidad.

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Berberian Sound Studio

Estamos ante un caso de ejercicio de metacine realmente original. De cómo la vida y el arte se pueden llegar a confundir en una historia con ribetes y homenajes varios al cine de terror italiano de los años setenta, donde un ingeniero de sonido inglés es reclutado por una troupe italiana que está rodando una película de brujas, demonios y exorcismos.

Lo que hace que esta propuesta sea distinta a otras similares es la capacidad que tiene el director del film, el también británico Peter Strickland (quien se dio a conocer al gran público hace unos años con el asfixiante thriller Katalin Varga) de ir envolviéndonos de manera paulatina en un universo tan brumoso como sucio.

El cineasta domina los espacios cerrados como nadie y consigue gracias a pequeños detalles cotidianos crear una verdadera atmósfera pesadillesca. Aquí, el lugar utilizado es un pequeño estudio de grabación de sonidos donde se alternan el uso de los efectos sonoros más mundanos (con una predilección especial por el despiece y destroce de hortalizas varias) con la grabación en directo del doblaje de la película con voces muy, pero que muy tenebrosas.

¿Estamos ante una película de terror? Pues más bien no, si por terror entendemos vísceras, sustos y violencia extrema. Ante todo estamos ante un trabajo inquietante, desasosegante, muy incómodo para el espectador. Vaya por delante que Berberian Sound Studio no es un film sencillo para el espectador. El ritmo es lento, las situaciones se repiten, en un claro “in crescendo” de la locura colectiva que puede ser el montaje sonoro de una película de terror.

Y desde luego los logros finales del conjunto no se conseguirían sin el trabajo impresionante de su protagonista, Toby Jones, mucho más acostumbrado en deslumbrar en superproducciones estadounidenses (Los juegos del hambre, Capitán América: el primer vengador, La niebla) que en papeles minimalistas como éste.

Jones interpreta a Gilderoy, un auténtico maestro a la hora de crear efectos sonoros (increíble el momento en el que hace vibrar una bombilla como si fuera un OVNI) que se verá involucrado en el montaje sonoro de un film de serie B con todo lo que ello conlleva de amateurismo e improvisación. Él, acostumbrado a colaborar en producciones menos siniestras, se encontrará completamente fuera de lugar en un país que no es el suyo y en un ambiente que para nada le es afín.

Sus miedos ante lo que presencia, y sobre todo ante lo que intuye, se irán haciendo cada vez más grandes, hasta que llegue un punto en el que realidad y ficción se fundan en un muy atinado juego de espejos. Su interpretación, llena de matices y gesticulación contenida, contrasta de manera perfecta con el tipo italiano altanero y excesivo representado por los responsables de la dirección y el montaje del film.

El conjunto bebe de ese continuo contraste que se crea entre todos los personajes aderezado con la constante presencia de elementos aterradores que dotan al film de un aire fantasmal continuo.

Con toda seguridad, no estamos ante una obra que pasará a la historia del cine, pero sí ante una auténtica rareza a la que los devoradores de buen cine deberían dar una oportunidad, y es que en un cine, como el actual, donde lo distinto brilla por su ausencia siempre es de agradecer que existan personas que estén dispuestas a apostar por productos arriesgados que saben que no van a disfrutar del favor del público en general, quienes achacarán en el debe de la función su artificiosidad y lo endeble de un guión que propone más de lo que consigue; pero sí de los cinéfilos en particular, quienes sabrán paladear estos sonidos obtenidos del silencio más tortuoso.

Escribe Francisco Nieto

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