La princesa Mononoke (Mononoke Hime, 1997)

  07 Marzo 2014

Miyazaki en Oriente y Occidente

mononoke-1Las despedidas siempre son tristes, el año pasado tuvimos muchas en el ámbito cinematográfico. Entre ellas, el 1 de septiembre la compañía Studio Ghibli anunció  la retirada de su cofundador, Hayao Miyazaki, el director de animación japonesa con más proyección en occidente y que arrasa en taquilla en su país, desbancando a las mayores superproducciones de Hollywood.

Una de las primeras películas que le proporcionaron reconocimiento internacional fue La princesa Mononoke, en la cual deja patente su interés por la ecología y su predilección por el protagonismo de la figura femenina que, según él, permite la creación de personajes menos planos, obteniendo más matices, pues en ellas no todo es blanco o negro, bueno o malo, ya que en todo lo bueno se puede hallar algo negativo. Logrando, gracias a ellas, unas obras  de personajes complejos que se envuelven en problemáticas universales como lo es el intento de una convivencia armónica entre hombre y naturaleza.

Pese a las grandes diferencias culturales entre oriente y occidente, es esa preocupación tan común y su exposición en tono llano y sincero lo que hacen que esas diferencias se limen y, pese a ser presentado un ámbito repleto de deidades y referencias niponas desconocidas por los occidentales, permiten que esta película, como otras del cineasta, lleguen al corazón de ambas culturas.

En el Japón medieval…

Ashitaka es un joven príncipe, el último de una estirpe tiempo atrás masacrada por el emperador. Mientras se encuentra en el bosque, un demonio vengador con forma de jabalí trata de atacar su aldea y destruirlos a todos. Ashitaka logra salvarlos matando al animal, sin embargo, durante la lucha es tocado e infectado por su maldad, que irá extendiéndose por todo su cuerpo hasta matarlo.

Con su brazo derecho herido, el clan de sabios ancianos le recomienda marcharse  de su hogar con el fin de encontrar una solución a la maldición. Deberá partir hacia occidente  donde el mal se está extendiendo y mirar con claridad y sin odio.

Así el héroe parte abandonando el mundo ordinario para adentrarse en la aventura. A medida que avanza el camino, en algunas circunstancias  debe disparar su arco y blandir su espada. La batalla nunca es deseada por él, pero siempre es necesaria al ser un héroe salvador y benefactor, debe cumplir con estas premisas, sin embargo la lucha le consume, ya que al no ser malvado la marca negra dejada por el demonio le confiere una fuerza sobrenatural que se extiende y prolifera a medida que utiliza las armas.

La aventura le conduce a la Ciudad del Hierro regentada por Lady Eboshi, una mujer fuerte y guerrera. Ella representa esa faceta destructora del ser humano, cuyo egoísmo e insensatez le llevan a consumir todos los recursos naturales sin respetar de ninguna manera el medio que habita ni al resto de los seres vivos que a ese medio natural pertenecen. Ella refleja la devastación que la humanidad realiza y que a la vez consiente que se lleve a cabo.

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Los personajes femeninos

No es un personaje simplemente malvado: como todas las mujeres de Miyazaki, Lady Eboshi posee matices. Esa ciudad de destrucción da albergue y una vida digna  a personas desarraigadas, gente originaria  de otras ciudades, de otros lugares en los cuales fueron tratados como a inferiores, como parias sociales, a los que ahora ella les da una segunda oportunidad, son los leprosos y las prostitutas ante los que esta mujer, en su otra faceta letal y destructora, muestra su cara más amable pues es a ellos a quienes da cariño y con quienes se comporta como con el resto de la población.

Es esta dualidad lo que permitirá que abra los ojos para contemplar toda la destrucción que está creando, lo que finalmente la dirigirá a la redención. Demostrando que hombre y naturaleza pueden llegar a convivir en armonía mientras haya respeto. A pesar de todo esto y de encontrar el perdón, deberá pagar por los pecados cometidos.

Otro de los personajes femeninos es la heroína que da nombre a la cinta, la princesa Mononoke, que significa la princesa de los espíritus vengadores, en realidad su nombre es San. Una niña que, al igual que Rómulo y Remo, fue criada por una loba, la diosa Moro, junto con sus dos crías de lobo, como a una más de la camada. El animal demostró tener más compasión que sus padres biológicos, quienes la arrojaron a la bestia para salvar sus vidas.

Miyazaki utiliza a los animales para representar en ellos unos valores que deberían estar presentes en los hombres, una sutil metáfora para exponer la sensibilidad que ellos poseen y que el hombre carece. La humanidad de las bestias es mayor que la de las personas.

San es un personaje benefactor, es una de las protectoras del bosque contra las que lucha Lady Eboshi. Al igual que ésta, la princesa también es una luchadora, sin embargo, la chica lobo es una guerrera más visceral y salvaje. Ella representa una defensa más animal y voraz, la que se puede dar ante una situación en la cual un animal es acorralado para ser masacrado.

San es la heroína protectora y defensora pues debe salvar al bosque y a sus habitantes de la destrucción del hombre, sin embargo también tiene un lado negativo. El odio que guarda hacia las personas la convierten en una mujer con la capacidad de amar menguada y la del perdón totalmente nula. Este lastre que arrastra impide que ella y Ashitaka tengan un final feliz.

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El héroe

Ashitaka es el héroe masculino que se adentra en la aventura para salvar a ambos bandos y lograr una convivencia armónica. De todos los personajes él es el único que es totalmente benefactor, carece de mal alguno pues incluso el que atenaza su brazo es una podredumbre contagiada por un dios que se dejó corroer por el odio.  Un mal exento al héroe, ni le pertenece ni se deja vencer por él, ni siquiera cuando en la lucha y durante el camino trata de apoderarse de su ser. Es un héroe ya forjado e incorruptible.

El bosque es un lugar arquetipo habitual en toda aventura heroica, es donde el personaje se adentra para vivir las diversas experiencias a lo largo de su viaje. El paraje tiene en común el misticismo y la muestra de la naturaleza en estado puro que también posee en el imaginario colectivo occidental. Cambian los seres fantásticos que en él moran pero el simbolismo es común en ambas culturas.

El bosque posee la belleza, fertilidad, magia y ensoñación que la Ciudad del hierro no tiene. Un lugar lúgubre y decadente, es la tierra yerma castigada por los pecados del hombre, es la antagonista directa de la verde foresta.

Miyazaki utiliza como contexto el Japón medieval y su mitología oriunda para exponer una problemática muy actual y preocupante. Es una clara denuncia contra lo que toda la humanidad está realizando hacia la naturaleza y el agotamiento de los recursos terrestres. Algo que puede tener y tendrá una repercusión catastrófica de no poner los medios para alcanzar esa convivencia armónica que el director ansía y reclama en su cinta.

¿Mantendremos nosotros vivo al Espíritu del Bosque?

Escribe María González


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