Nausicaä del valle del viento (Kaze no Tani no Naushika, 1984)

  11 Marzo 2014

Los insectos son nuestros amigos

nausicaa-1El cuento, siempre entendido como elemento metafórico, sigue poseyendo las mismas cualidades y la misma vigencia de siempre, y aunque ciertamente el alcance de sus fronteras sucumben de manera progresiva con la razón y el desdén hacia lo ficcional, la importancia del relato radica en su labor de transmitir al hombre la esperanza en sus propias posibilidades, a la vez que ensalza valores como la valentía, la piedad o el compañerismo.

Estas claves del discurso literario fantástico son igualmente aplicables a la disciplina cinematográfica, y más concretamente, al universo fílmico creado por el realizador japonés Hayao Miyazaki.

A lo largo de su magnífica filmografía, jalonada de clásicos instantáneos como Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro, obras cumbres de la animación que ganan enteros con el paso de los años, el dibujo animado se convierte en vehículo de la fantasía y símbolo a su vez de una serie de ideas y principios inquebrantables que, según palabras del propio cineasta, van perdiendo su vigor en Japón a medida que sus habitantes se occidentalizan y comienzan a olvidar su legado milenario (un hecho que Miyazaki trata de impedir a toda costa plagando su discurso de múltiples referentes).

La visión que hasta hace muy pocos años se tenía en Occidente de la animación producida en el país del Sol Naciente era tan parcial como poco representativa. De hecho, hasta comienzos del siglo XXI, las películas de Hayao Miyazaki tuvieron serios problemas para ser distribuidas internacionalmente, y en el caso que nos ocupa, Nausicaä del valle del viento apareció por primera vez en nuestro país bajo el título de Los guereros del viento, con veinte minutos menos de metraje que en su versión original nipona (y en Francia no se quedaron cortos, pues el film no pudo ver la luz hasta 1986, cuatro años después de su filmación).

Menos mal que poco a poco parece que la simplicidad de las tramas y la carencia de matices en los personajes, banderas hasta hace muy poco tiempo de un tipo de animación dedicada con exclusividad al consumo infantil, ha mutado en una necesidad de un género más adulto ahíto de mensajes más directos y maduros, y es ahí donde el maestro japonés se ha erigido en una de las figuras clave del cine de animación contemporáneo.

Nausicaä bebe de un manga escrito por el mismo Miyazaki en 1982. Su escritura se alargó durante doce años, quedando parado a intervalos, mientras trabajaba en diversos proyectos del Studio Ghibli. Fue publicado en la revista Animage de Tokuma Shoten, entre febrero de 1982 y marzo de 1994.

Como era de esperar, la historia del manga era mucho más compleja que la del anime, puesto que éste fue realizado cuando la historia estaba a medias y tan sólo abarca los dos primeros tomos y de una forma bastante resumida.

Con diferencias significativas en la trama, el tema principal, la relación del ser humano con la Naturaleza que le rodea, sigue teniendo un papel predominante: Durante mil años, la humanidad existe bajo la amenaza constante de un mar tóxico, repleto de insectos y esporas de alto contenido tóxico, por lo que el planeta luce con un alto grado de contaminación en su atmósfera. La joven princesa Nausicaä (con la voz en su versión original de Sumi Shimamoto, una de las grandes voces del doblaje japonés, con títulos a sus espaldas como Detective Conan, Viaje a Agartha o la ya citada Mi vecino Totoro entre otras) trata de comprender el misterio que rodea a esta amenaza invasiva y promueve el respeto por la naturaleza y los animales. Cuando una aeronave que transporta a bordo un arma peligrosa se estrella en el valle, Nausicaä deberá demostrar ante otras naciones mucho más belicistas que la suya, que la destrucción del mar tóxico no es la solución idónea para acabar con los problemas de polución extrema que asolan al sistema.

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De entrada, si no se sabe bien que es lo que se va a ver, el espectador se puede llegar a encontrar erróneamente confundido entre viscosos insectos y hongos purulentos de colores verdosos. El director nos introduce en un mundo de rara originalidad, actuando como precursor de un tipo de flora y fauna sorprendente, muy lejana de los bellos paisajes tipo Heidi a los que estábamos acostumbrados, aunque de manera paradójica, mucho más cercana y reconocible a nuestra propia naturaleza.

A partir de entonces, asistimos a alucinantes batalla aéreas (el mundo de la aviación será una constante en casi toda la filmografía del director, corroborada por el film que ha cerrado su trayectoria artística, The Wind Rises, presentado en el Festival de Cine de Sitges y que ya ha sido adquirido por la distribuidora Golem para un futuro estreno español) en una lucha titánica por preservar el cosmos, actuando de clara reminiscencia en la posterior obra maestra que fue la excelente La princesa Mononoke (de hecho, las constantes similitudes entre ambas producciones darían para otro artículo completo).

Nausicaä es ante todo un film comprometido, y su mirada incisiva en contra de los obtusos gobernantes que vomitan leyes medioambientales que atentan contra la lógica se exponen de manera harto elocuente a lo largo del desarrollo narrativo. Menos mal que tenemos a nuestra osada heroína (joven, aguerrida, con una mirada pura que contrasta con la mugre que la rodea), que aportará algo de lucidez ante tanta irresponsabilidad.

Desde luego nunca he llegado a entender por qué esta película no es de obligada visión en todos los institutos nacionales, aunque viendo por donde van los tiros actualmente, con total seguridad se obviará la existencia de este tipo de cine comprometido hasta decir basta, mientras se ensalzan otro tipo de argumentos y materias mucho más prescindibles.

De todas maneras, estamos ante uno de sus primeros trabajos cinematográficos, y en consecuencia el conjunto se resiente de algunas carencias presupuestarias, lo que se traduce en escenas repetitivas y situaciones que o se desarrollan en toda su complejidad. En ese sentido, no resulta tan pulida como lo pueda ser El viaje de Chihiro o El castillo ambulante; el trazo del dibujo no está tan perfeccionado, e incluso el guión ofrece algunas lagunas considerables, pero fue gracias a la repercusión de este título ya mítico (desde su estreno en Japón y hasta el año 2000 ya había recaudado la friolera de cerca de siete millones de euros) que Miyazaki decidió abrir una oficina para poder gestionar sus derechos de autor: Nibakiri (traducido como “Dos caballos de potencia”, en alusión al sobrenombre del Citroen 2CV, el coche favorito del autor), un sello que le permitió controlar la exorbitante cantidad de derivados que su trabajo genera desde que se fundara hace ya más de tres décadas.

Escribe Francisco Nieto

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