M, el vampiro de Dusseldorf (M, eine stadt einen morder, 1930)

  03 Noviembre 2013

…Y con el nazismo al fondo 

M-1El título inicial que Lang quiso incluir no era el que ahora tiene. Antes del estreno se conocía como Un asesino entre nosotros. Se cambió por presiones del emergente partido nazi. Lang lo dejo claro: “Me vi obligado a cambiar el título, ya que recibí amenazas. No lo entendía. Mi filme era sobre un asesino de niños en la ciudad de Dusseldorf. El título posterior procede de cuando ponen la marca de tiza en el hombro de Peter Lorre, y que quiere decir Mörder (asesino). Al principio del rodaje, y con el título previsto se me aconsejó que no rodara la película ya que heriría los sentimientos de muchos que eran importantes. Y es que creían que el título hacía referencia a los nazis” (1).

En realidad, aunque la mujer y guionista de Lang en esa época, Thea von Harbou, era una seguidora nazi, el cine de Lang anterior e inmediatamente posterior a este filme, toma como punto central de su relato a un personaje genio del mal, que quiere apoderarse del mundo. Es el Doctor Mabuse, que aparecerá por primera vez en la película Doctor Mabuse (1922); será retomado, a continuación de M, en El testamento del Doctor Mabuse (1930), el filme con el que se despide de Alemania antes de escapar, primero a Francia (allí rueda Lilliom, 1934) y luego a Estados Unidos, donde realiza brillantes obras, que se inician con Furia (1936) para concluir con el díptico Mientras Nueva York duerme y Más allá de la duda, ambas de 1956.

Posteriormente volverá a Alemania, siendo su último filme como director Los crímenes del doctor Mabuse (1960), la llamada de atención de Lang sobre el peligro del dominio de un dictador sigue presente. El peligro no ha pasado. Su obra, en gran parte, habla sobre dominadores del tipo que sea. Metrópolis no está muy lejana a ello. Tampoco lo estarán sus alegatos contra la intolerancia, la justicia injusta o la doble o triple moral imperante en una sociedad caduca y falsa. Un mundo ciego, unido por un círculo que emparenta a unos y otros y regido por un trágico destino.

Descubriendo el sonido

En realidad M es la primera película sonora de Lang. El cine sonoro se ha iniciado con El cantor del jazz (1927). Los primeros filmes sonoros, ante las nuevas formas y métodos de rodaje, hacen retroceder el lenguaje cinematográfico. Todos los avances conseguidos hasta entonces se paralizan. Parece que el cine vuelve al estatismo de sus inicios.

Para algunos directores, que se niegan por entonces (y en ciertos casos durante años) a introducir diálogos o palabras en las películas, aunque, eso sí, añadan ruidos y música, el cine se ha convertido en teatro. Tendrá que pasar un breve tiempo de adaptación y de innovación para que el cine siga avanzado en su ascensión en busca de un arte renovado y cada vez de mayor perfección.

M es ejemplar en sus hallazgos sonoros. Varias secuencias resultan significativas como forma de acometer su inclusión, produciendo, incluso, curiosos encadenados, produciendo una relación entre personajes o lugares. Así, la hora del reloj de cuco de la casa de la madres de Elsie (la niña que será asesinada) se prolonga con el reloj de la calle donde se encuentra el colegio de la niña o las palabras que unen, al ser continuación unas de otras, a los ladrones con la policía.

Hay más, como es la utilización de los sonidos en off: ruidos de la calle, juegos de los niños, pianola, la llamada angustiosa de la madre de Elsie resonando por lugares vacíos que amplifican la ausencia de su hija. Algunas de estas cuestiones para el espectador actual pueden resultar muy simples pero en aquellos momentos, en los comienzos del sonoro, tenían un carácter pionero, suponían una revelación y revolución en la búsqueda de un nuevo lenguaje.

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Riqueza estética

Por su parte la angulación tiende sobre todo al picado y la composición de los planos se centra en la forma circular. El picado, sin duda, hará referencia a cómo los distintos personajes son víctimas sobre todo de la situación vivida. No sólo las niñas que pueden morir a manos del asesino, también los distintos habitantes de la ciudad (de cualquier orden y condición) que son víctimas de la situación existente en la república de Weimar (crisis en todos los aspectos, angustia, paro, hambre, delincuencia…).

La composición circular dada tanto por la forma (en círculo) de colocar a los personajes en el plano como por la presencia de elementos en el encuadre (bóvedas, arcos) sigue también la misma idea: la ciudad entera vive en prisión, sus habitantes se encuentran encerrados.

Prácticamente toda la película se narra por medio de un montaje alternativo de forma que pasamos de unos personajes a otros de acuerdo a la narración coral que es M dentro de un cierto estilo documental de la situación del país. Ya al comienzo, se pasa de esta forma de la actividad de la madre de Elsie a la niña caminando por la ciudad. También pasaremos de unos personajes a otros que leen una misma noticia, seguiremos las actuaciones de los policías y los mendigos o, uno de los momentos más interesantes en este sentido, por lo que supone una relación entre los personajes, las reunión de los delincuentes y la de la policía: de unos se pasa a los otros y de estos a los primeros de forma sucesiva.

El filme contiene excelentes metáforas. Así los globos de figura humana que venden los ciegos representan niños, representación de seres conducidos, aplastados, explosionados o rotos fácilmente; la pelota con la que juega Elsie representa la vida; su muerte dada a través de la pelota y el globo resulta modélica: la pelota se para y el globo vuela hasta quedar retenido en unos cables antes de seguir su camino hacia el cielo; el reflejo de Peter Lorre en el escaparate donde se exponen objetos cortantes y donde la niña enmarcada en esos objetos sólo tiene existencia en su pensamiento asesino; el escaparate de una librería en el que destacan una flecha que sube y baja de forma obsesiva y una espiral que da vueltas ininterrumpidamente.

Y unos datos muy curiosos: la dueña de la pensión donde habita Peter Lorre es sorda, mientras que quien le descubre y da pie a su persecución es un ciego.

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El destino, el documento, la sociedad

La mayor parte de las películas de Lang están marcadas por el destino, bien en forma de casualidad o azar. Un destino que se ceba en los personajes de sus películas conduciéndoles hacia situaciones que ni controlan, ni desean.

En M hay diversas situaciones que expresan este destino implacable: Elsie al salir de clase está a punto de ser atropellada siendo protegida por un policía que sin pretenderlo conduce a la niña hacia el asesino; el asesino, al salir de la pensión donde vive, se cruza con el policía que va en su busca; una niña, ojeada por el asesino como presa, se encuentra con su madre; un ciego amante de la buena música reconoce las notas melódicas de Peer Gynt de Grieg (2); un delincuente casualmente descubre el escondite del asesino en la trastero del banco donde trata de ocultarse de sus perseguidores. El destino mueve a todos los personajes, juega con ellos, les dirige como si fueran los globos que vende el mendigo ciego o el muñeco articulado que se encuentra en el escaparate de un comercio.

En varios momentos del filme, de una estética claramente expresionista, como la mayor parte del cine de Lang, se produce un distanciamiento con el fin de alejar al espectador de la acción para evitar identificarse con lo que se está viendo. Un intento de objetivación de la historia. Un distanciamiento que Bertold Brecht utilizó en su producción teatral como marca personal. Cuando Brecht marcha a Estados Unidos huyendo del nazismo escribe un guión que dirige Lang, Los verdugos también mueren (1943).

En M no solamente el distanciamiento de algunos momentos emparenta a Lang con Brecht, también la unión entre ambos autores se debe a la presencia de ciertos ambientes y grupos que parecen salidos de la obra La ópera de tres peniques, que Brecht escribiera en 1923, y donde el protagonismo se centra en una especie de corte de los milagros. La comunidad de mendigos de M se parece, sin duda, a aquellos personajes brechtianos.

M dibuja, a lo largo de su desarrollo, a distintos grupos: niños, policías, delincuentes, clases sociales (trabajadores, media, acomodada), asesino, mendigos. El filme pasa de unos personajes y grupos a otros hasta cerrar el círculo, ese que se define de forma compositiva. Todos los grupos se comportan de la misma forma. Repiten las mismas formas de actuación: así, los mendigos, en la secuencia del reclutamiento por parte de los delincuentes, actúan como cualquier empleado que pretende lograr un puesto, por eso guardan colas, siguen unas determinadas reglas de conducta: se quitan la gorra antes de hablar, esperan que le toque el turno, en silencio, firman, reciben un justificante.

M-2En la secuencia en que los delincuentes juzgan al criminal, se sigue el esquema de un verdadero juicio. Hay un fiscal, un defensor, un jurado, unos espectadores. Se trata, en todo caso, de normas impuestas en una sociedad demasiado burocratizada: hay que cumplir un determinado ritual.

Lang para conseguir un cierto tono documental utilizó actores poco conocidos, algunos de los delincuentes, incluso, eran personajes del hampa.

Los diferentes estamentos que circundan la narración dibujan la sociedad del momento, un documento sobre la vida en la República de Weimar. Una sociedad triste, amenazada, temerosa, donde se otea el advenimiento de una violencia tanto interna como externa. Los propios niños en sus juegos reflejan el clima que se vive en la ciudad. La crispación domina la ciudad.

Una sombra criminal, y no solamente la del asesino individual, se cierne sobre la sociedad. Hay un caldo de cultivo para la llegada de un nuevo orden ejercido desde el terror de una férrea dictadura.

La película se realiza en Alemania en un momento histórico clave para el mundo y para la nación alemana. Son los estertores de la República de Weimar. La puerta está abierta para que Hitler asuma el poder.

En 1977 Ingmar Bergman analizará también este periodo en El huevo de la serpiente. Cuando M se proyecta el partido nazi está a punto de hacerse con el gobierno de la República. Y en el nacimiento del nuevo orden se encuentra la semilla de un estado criminal: el huevo de la serpiente bergmaniano en periodo de incubación.

La violencia que encierra este filme de Lang llevó a su prohibición en Hungría y Checoslovaquia. En la República de Weimar, a pesar de su sentido antinazi, fue estrenada sin demasiados problemas, lo que no sucedería con el siguiente filme de Lang, El testamento del doctor Mabuse (1933) al considerar que era demasiado claro su sentido: las ideas de Mabuse (jefe de una organización criminal que quería apoderarse del mundo) y Hitler eran muy semejantes.

Otras adaptaciones

En 1951, Joseph Losey realizó un remake del filme de Lang con el mismo título M. Por su parte Lasdilao Vadja en 1958 dirigió el muy interesante filme El cebo, con guión del novelista y dramaturgo Friedrich Dürrenmatt, que posteriormente convertiría en novela y que en realidad cuenta la misma historia que M. En 2001, Sean Penn dirige El juramento basándose en la novela de Dürrenmatt.

Escribe Adolfo Bellido López


Notas

(1) Curioso o no, vaya usted a saber, pero la única letra del título actual M nos lleva a pensar en el personaje que en el cine de Lang representa al terrible dominador del mundo: Mabuse.

(2) Esta música sirve de leit motiv como presencia del asesino, al ser silbada por él.

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