Allegados

  20 Diciembre 2020

Estas fiestas, espectáculo asegurado

allegados-0Las apariencias no engañan: la palabra que encabeza estas líneas parece totalmente inofensiva. Es más, se pronuncia sin estridencias fonéticas. Sin embargo, los problemas surgen cuando es arrojada de una a otra parte del espectro político.

El Gobierno la cargó con el subconjunto de individuos que sí van a poder comer juntos el turrón. Motivo suficiente para que quienes quedan fuera se levanten en armas. Así es como la referida palabra invoca a todos los demonios que le rondan. Y quien mejor ha sabido interpretar esta danza macabra es Isabel Ayuso, tras el abandono por el foro del president Torra.

De sobra sé que a ambos personajes solo les une la estridencia ideológica, y aunque no son allegados sí comparten la querencia mediática. Con parecido fondo argumental, al presidente de la Junta de Andalucía lo de allegados le parece excesivamente inclusivo. Pues da cobertura tanto a las familias de derecho como a las de hecho, con lo que las amistades íntimas podrían compartir también el pavo navideño. Extremo que no cuadra demasiado bien en la moralidad de personajes como el alcalde de Madrid y portavoz del PP.

Desde el plató de La Sexta, el doctor y tertuliano César Carballo soltó una apasionada soflama en La Sexta noche, gratinada de inmediato en las redes sociales, porque los políticos solo hacen que confundir con lo de allegados. Principalmente porque la plasticidad del término no se corresponde con la virulencia de expansión y muerte de este virus. De modo que tanta libertad de movimientos en días de fiesta, sin cuestionar las celebraciones, lo consideró el citado facultativo una falta de respeto a los sanitarios, al trabajo que hacen en las UCIs y, desde luego, nada que ver con el dramatizado gesto de Angela Merkel o el presidente de Canadá.

En los informativos de la hora de comer pudimos ver cómo sus rostros y la voz de estos políticos se quebraban al aludir a la cantidad de muertes que se estaban produciendo. No obstante, pocos días antes, pudimos ver en todas las teles y en las redes sociales otro rostro desencajado por las lágrimas en plena rueda de prensa: fue la ministra Irene Montero el día de la violencia de género. Rostros compungidos a los que les dedicaron más de una palabra en El Intermedio (La Sexta), Late Motiv (Movistar+) o Espejo Público (Antena 3). Es como si la política evolucionara hacia los gestos en vez de afianzarse en la razón.

allegados-2-irene

Desde la tribuna del mismísimo Congreso de los Diputados el Sr. Casado acusó de casi todo, como por lo demás es habitual, al jefe del ejecutivo. En particular de mentir y no llorar en público al hablar de las muertes provocadas por el virus. El líder de la oposición, que tampoco ha llorado por tal motivo, en plano corto y corbata azul oscuro casi negro, daba pábulo a todas las teorías conspiranoides que deambulan por los mentideros. Esta imagen que describo la vi en el informativo de À Punt, pero mi asombro apareció cuando me asomé a las redes sociales y encontré un torrente de comentarios laudatorios hacia estas críticas. ¿Será que la derecha recalcitrante también se ha apropiado del debate en el espacio virtual?

Pese a los inconvenientes, defiendo la honorabilidad de la palabra que nos ocupa, también ella tiene derecho a la presunción de inocencia. Creo, por lo demás, que está muy bien traída, porque dice lo uno y lo contrario, lo evidente y lo implícito, lo pensado por muchos y callado por la mayoría. Imagínense por un momento que en una de las inminentes celebraciones alguien «positivo» acaba contaminando a un conviviente circunstancial. Si es solo allegado la imprudencia no deja de ser un dato para las estadísticas, pero si es un familiar entonces ese gesto desaprensivo puede desembocar en tragedia. La palabra, sin dejar de ser «porrusalda», como diría el socarrón Aitor —¡el del tractor!— es también una categoría que sirve para contar.

Mientras los políticos se pasan las responsabilidades de unos a otros, de los centrales a los periféricos y viceversa, se neutraliza la trágica cifra de fallecimientos diarios. Hablan, gritan y se insultan sin que la ciudadanía sepamos muy bien a qué atenernos y cómo actuar porque las normas se han fragmentado. Sin embargo, en el último Late Motiv (Movistar+) del año, escuchamos a músicos y periodistas musicales exponer sus problemas laborales y creativos. Quejarse también porque siendo parte de la solución, los políticos solo los tomen como problema.

allegados-3-late motiv

En efecto, cuando se lleva al plató a un grupo de profesionales, acabas entendiendo la naturaleza y magnitud de la situación por la que están pasando. Algo parecido pudimos comprobar en las últimas entregas de El Objetivo de Ana Pastor invocando lo de «Tenemos que hablar». Pese a su peculiar estilo, a las invitadas e invitados se les permitía exponer sus argumentos y a la vez escuchar a los demás cuando tomaban la palabra. El dispar posicionamiento de los invitados no era motivo para pisar la palabra de quien piensa distinto, sino la ocasión de escuchar las distintas vertientes del tema a debate.

Este modo de exponer y razonar sobre los grandes problemas de las sociedades contemporáneas, no parece ser el estilo televisivo al uso. En Salvados pudimos ver el cara a cara de Gonzo y el ministro de Sanidad, el filósofo Salvador Illa. A pesar del tono incisivo del periodista, no consiguió mover al entrevistado de la posición marcada por sus asesores. No dijo nada que no se supiera antes de escucharles. Ni siquiera sobre ese asunto tan trágico como es el de conocer la cantidad de fallecimientos producidos por la pandemia o la gestión de las vacunas. Todo suena a analgésico, como si no fuera relevante. Y da lo mismo que la cifra la cante el denostado Fernando Simón que Pedro Piqueras o Vicente Vallés. Tampoco cambia nada si pone la voz y la cara Jesús Cintora, sobre todo cuando en su controvertido programa (Las cosas claras, TVE), imita al sobreactuado Antonio García Ferreras (Al rojo vivo, La Sexta).

No me cabe la menor duda que la estrategia responde a una campaña convenientemente orquestada. A nada que te asomes a la tele, allí tienes a un ministro o ministra soltando el rollo que les han preparado. Bueno, lo mismo pasa con el resto de representantes políticos. Salvo Isabel Díaz Ayuso, que va por libre, todos los demás se atienen al libro de estilo. Llama la atención cuánto se prodigan los miembros y miembras del Gobierno en las distintas televisiones. El presidente visita a Pedro Piqueras en el telediario de la noche (Tele 5), Margaritas Robles en La Vanguardia trata de apagar el fuego encendido por los exmilitares golpistas, Esperanza Aguirre habla con Gonzo de los hospitales de Madrid (Salvados, La Sexta) o el ministro José Luis Escrivá se explica en La mañana de La 1 (TVE).

allegados-4-esperanza

Por otra parte, parece también clara la estrategia, cuando la agenda lo permite o hay que subir la temperatura informativa, entonces se invita a algún ministro o ministra de Podemos. Se sale a la caza de un zasca contra la otra parte de Gobierno para alimentar la leyenda y la realidad de la fragmentación. Los asesores de comunicación saben que, tal como acaba de publicar la patronal de las televisiones privadas (UTECA), más del 82% de la ciudadanía prefiere la televisión en abierto para informarse y los anuncios para decidir sus compras.

Semejante desfile de políticos y allegados por los platós de TV no es susceptible de crítica, lo exigible es que vayan cuando tengan algo relevante que explicar o debatir. Explicar, por ejemplo, cómo ha sido la negociación de los presupuestos generales, por qué no se ha pactado algo tan importante como la ley de Educación, la renovación del Consejo General del Poder Judicial o el de RTVE, cómo abordar los flujos migratorios, persuadir al respetable que la navidad es un invento de las grandes firmas comerciales o, simplemente, cómo hacer de la función pública un instrumento ágil y eficiente. Y sí, una vez que se haya conseguido alguna de estas metas, entonces que vayan a cualquiera de las televisiones a contarlo.

Cuando no se den estos requisitos, entonces que hagan como el ministro de Universidades, provocar con las camisetas que viste o los libros que escribió, dejando en segundo plano la gestión de sus competencias. La verdad es que, a falta de la vacuna, con tanto allegado al poder y titiriteros mediáticos, estas fiestas tendremos asegurado el espectáculo.

Aunque tal vez nos falte humor para prestarles atención.

Escribe Ángel San Martín  

allegados-1


Más artículos...