Apariencias tramposas

  29 Agosto 2021

El verano en televisión

agosto-santi segura-0Cuando TVE programa Verano azul (producción de 1981), es señal inequívoca de la llegada del mes de agosto. Con la reposición aparecen también las críticas en una y otra dirección, igualmente señal de que ante el calor cada cual reacciona a su antojo. Aunque las críticas se dirijan a esta serie, al fijarse en la programación de las distintas cadenas, se advierte que están plagadas de reposiciones. Los calores del momento impiden discernir si el Loquillo que conversa divinamente con Iñaki López (La Sexta) es el de este agosto o el de hace siete meses, y la entrevista a Rafa Nadal en El hormiguero (Antena 3) ¿de cuándo es?

Es cierto que las apariencias muchas veces engañan, pero otras tantas puede que nos tomen el pelo. Se trata de un doble juego ante el que es preciso mantener máxima atención, protegernos ante la confusión inducida con la proliferación de tantas imágenes reprocesadas genéticamente. Sin esta especie de filtro, la hipervisibilidad imperante hoy, pese a las apariencias, podría estar debilitando «las formas éticas de solidaridad y ciudadanía», así de contundente se manifiesta la filósofa Remedios Zafra.

No sé si me pasa a mí solo, pero lo de Santiago Segura en TVE me resulta algo cansino. Ya solo falta que lo muestren disputando una final en el estadio olímpico de Tokio. Pero como esto parece bastante improbable, TVE pega sus humorísticos comentarios a recortes de musicales de antaño, cada vez que se requiere una cortinilla de continuidad. A este apaño de la programación le llaman Viaje al centro de la tele (La 1). No satisfechos con esto, junto a José Mota, protagoniza los jueves algo que en las promos se califica como novedad bajo el enigmático título de ¿Y si sí...? (La 1).

Se trata de un espacio autónomo y en su lanzamiento se dijo que era la apuesta innovadora de la televisión pública para alegrar las veladas veraniegas. Dudo que cumpla con este objetivo, porque tampoco consigue convencernos de que la mayoría de los sketches no provengan de los archivos de TVE. La crítica y audiencia, por su parte, tampoco ha mostrado demasiado entusiasmo ante la propuesta de humor fresco para el verano. Tras los primeros programas, es inevitable la sensación de haber visto antes los chistes, los cameos y hasta los juegos de palabras.

Si en momentos tan asfixiantes como estos el humor no va sobrado, la información tampoco se puede decir que esté en su mejor momento. Con unos u otros argumentos, en poco tiempo se han «censurado» varios carteles promocionales, entre otros el que anunciaba la próxima película de Pedro Almodóvar o el que hacía lo propio con el concierto de Zahara. Lo llamativo es que en las distintas cadenas comentaron la noticia sin resaltar que se estaba cometiendo una tropelía. Sin poner de manifiesto que ello supone un retroceso respecto a estadios de libertad ya alcanzados.

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El que los informativos de las televisiones abrieran, los primeros días de agosto, con la panorámica de las carreteras que salen de Madrid cargadas de coches, también me resulta información tramposa. La panorámica se refuerza con la pregunta retórica sobre si el mismo día del año anterior o del 2019, la intensidad del tráfico era semejante o no. Al relato se le añade tensión y actualidad, entrevistando a algún representarte de la hostelería sobre cómo se mantiene el negocio de hoteles y restaurantes. El invitado reconoce lógicamente que la facturación no remonta, dadas las condiciones impuestas por las autoridades sanitarias.

Sin embargo, se ha hablado por activa y por pasiva, que la balanza de pagos del reino no puede estar basada únicamente en el sector del turismo, es necesario diversificar la actividad económica. Pese a lo cual, muchas de las piezas informativas no eran más que una exaltación de la actividad turística, sin reparar en el tipo de turismo que recibimos o en su impacto medioambiental. A estas alturas ya nos hemos olvidado de dónde queda la industria que pueda hacer, por ejemplo, mascarillas o cofinanciar el desarrollo de patentes. Por si no fuera suficiente, tenemos Comando al sol (La 1) fomentando el «turismo de interior», y demás programas matutinos conectando en directo con el estado de las playas.

Si todavía lo conservan en sus retinas, recordarán que la sesión de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos resultaron un espectáculo visual diseñado para las televisiones del mundo globalizado. Hasta ahí, totalmente de acuerdo, salvo que no es del todo trasladable a lo que se hace con los paralímpicos. El problema es cuando se desciende al desarrollo de las distintas competiciones en las que las marcas y las medallas se transcribían en clave nacional. Parecido tratamiento se le daba en otros canales europeos de televisión, aunque no llegaran al chauvinismo de aquí.

Pero más allá de este enfoque tramposo de la información deportiva, lo que más sorprende es la poca atención que se le ha prestado a las circunstancias en las que se preparan los y las deportistas para competir en las olimpiadas. Vimos desfallecer —¿es parte del espectáculo?— a algunos deportistas por las condiciones extremas en las que estaban compitiendo o el plantón que dio al mundo la gimnasta norteamericana. Simone Biles renunció a posibles medallas para no arriesgar su integridad física. La decisión, en cualquier caso, fue a título personal.

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Los comentarios en la sección de deportes de las distintas cadenas, incluida la TDP de TVE, diagnosticaron que era una especie de bloqueo psicológico causado por el estrés de la competición. Menos mal que una especialista en medicina deportiva explicó en una de las retransmisiones que el problema estaba relacionado más con el control físico de los giros que con la psicología del deportista. Tanta disquisición se paralizó en seco con el sunami provocado por el traspaso de Messi: zapatazo a la afición de un club con bandera nacional. Menos mal que el Financial Times nos recordó que Messi, más allá de su apariencia futbolística, es un activo económico que los fondos de inversión exigen mover en pro de mantener su valor de cambio.

Y estando en estas, los talibanes llegaron a Kabul. Ni siquiera Carlos Franganillo con su especial El colapso de Afganistán (La 1), consiguió mitigar el espanto que nos producen las imágenes del aeropuerto de la capital afgana. La metáfora de lo que se está viviendo la experimentamos en el telediario de mediodía de aquel día. La presentadora nos dice que va a entrevistar a un traductor de las tropas españolas, pero no se ofrecerán imágenes para salvaguardar su identidad. Sin embargo, la presentadora inició la entrevista preguntando: ¿Podría decirnos dónde se encuentra usted en estos momentos y quiénes le acompañan?

Seguro que esta presentadora sería muy capaz de sonsacarle al mismísimo presidente Pedro Sánchez palabras reveladoras sobre el trasiego de menores entre España y Marruecos, sobre el precio de la luz o sobre el papelón de los ejércitos en Afganistán.

¡Para que luego digan que TVE no hace información comprometida!

Escribe Ángel San Martín   

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