Furor mediático

  31 Marzo 2021

Meghan, Rocío, Ramoncín, Andreu y los otros

late-motiv-0Sostiene la duquesa de Sussex, Meghan para los amigos, que la familia real británica sufre furor mediático. No seré yo quien le corrija calificativo tan expresivo. Sin embargo, todo parece indicar que esta señora no deja de ser la versión anglosajona de nuestra Belén Esteban, princesa de Tele 5, posición ahora disputada por Rocío Carrasco. Personajes que, previa entrevista pactada y pagada por alguna productora importante, mercadean con sus vidas privadas en programas de casquería como Sálvame (Tele 5).

Las historias de estas personas, entre otras posibles, no son equiparables. Desde luego, cada una de ellas tiene peculiaridades intransferibles. Lo cual no impide encontrar un hilo que sí las relaciona: contribuir al espectáculo televisivo con el material sensible de sus vidas privadas. La industria de la televisión afloja sumas sustanciosas porque sabe que con ello logra fidelizar a la clientela. Estrategia que no censuro, estando como estamos en un mercado que no pone ningún límite para comprar y vender. Ni siquiera se repara, como se ha visto en los casos mencionados, en aquello que es materia de la justicia. ¡Y esto es otra cosa!

El relato construido con esos materiales, nos coloca ante la duda de discernir entre la ficción y la realidad. El domingo 28 de marzo lo decía Ramoncín como tertuliano en el programa Liarla pardo (La Sexta): el que estos días prefestivos todos los informativos arranquen con imágenes de fiestas, copas y terrazas de bares repletas de personal es contraproducente. Vino a decir que tales imágenes se convertían en invitación a imitar semejante comportamiento, pese a las indicaciones de las autoridades sanitarias.

Escucho con frecuencia a Andreu Buenafuente en su monólogo inicial de Late Motiv (Movistar +), advertir que en nuestro día a día se suceden acontecimientos a velocidad de vértigo. Hechos que se entrelazan a semejanza de las series de ficción televisiva previamente guionadas. El problema es que en muchos casos no se trata de ficción, es la pura realidad, si bien sazonada con las salsas del espectáculo televisivo.

Es imposible no mirar así los lamentables casos de transfuguismo político, la sucesión de mociones de censura, las declaraciones sobre la corrupción en el PP o las exclamaciones machirulas de algunos de ellos en sede parlamentaria, la formación de gobierno en Cataluña, o las «píldoras» televisivas del ex vicepresidente segundo del Gobierno.

Todo parece moverse a ritmo de «furor mediático». Lo cual dificulta enormemente discernir si la realidad se maneja para adecuarla al espectáculo o los asuntos se suceden y los medios solo dan cuenta de ello. Así que cuando me siento harto de lo que se ofrece en la pequeña pantalla, pienso que las cosas son así y así las cuentan, sin pretender parafrasear a Ana Pastor (El objetivo, La Sexta). No obstante, muchas veces salgo de semejante letargo al advertir que, en verdad, los medios son parte de la realidad presentada en sus pantallas o páginas. Es lo que podríamos calificar, sin nada de originalidad, como el «efecto Frankenstein» o como reacción edípica para las mentes más sensibles al desenfreno mediático.

Cuando escuchaba a Meghan, o a José María Aznar con mascarilla chulear a los jueces, o a la ministra de Sanidad cómo se llegará al verano con el 70% de vacunación, o a Díaz Ayuso gesticular en plan karaoke o a Rocío Carrasco, no podía por menos de fijar mi atención sobre la «mosca» de la cadena. Al relacionar el logo con Mediaset, RTVE, Movistar+ o con Atresmedia como que ya se liberaban mis entenderas. De pronto conseguía contextualizar la entrevista, el documental, la tertulia o la noticia y descubrir cómo se materializan para dar paso a un gran negocio.

el-objetivo

Lo más llamativo del proceso es que la transmutación se lleva por delante los principios morales, los procedimientos democráticos, las categorías racionales y hasta el respeto a uno mismo y a los demás con independencia del género o la procedencia. En definitiva, el furor mediático de Meghan es parte de un negocio descomunal, con formato de espectáculo audiovisual, ante el que se postran millones de personas. Más de 10 millones en el minuto de oro durante la emisión del «documental» sobre la vida de Rocío Carrasco (Tele 5) y otros tantos durante la emisión de la entrevista a la duquesa Sussex (Antena 3).

Efectos colaterales: despiden a Oprah Winfrey, la afamada periodista que entrevistó a los duqueses de Sussex, querellas en los tribunales, polémicas entre las distintas corrientes del feminismo, además de horas y más horas de televisión.

De modo que el furor mediático zumbando todo el día en la sesera de los telespectadores, puede resultar traumático. Pues no es nada fácil asumir conceptualmente que en plena crisis económica con un barco cortando el tráfico marino, el Informe Semanal (La 1) dedica una de sus piezas al ajedrez y los efectos de la ficción Gambito de dama (Netflix). Pero es que en À Punt, en pleno debate sobre la actual reforma educativa, se dedicaron más de dos horas del viernes, a un «documental» sobre el docente ideal según una destacada militante del Opus Dei (en las clases no aparecían juntos niñas y niños).

No es menos alarmante ver cómo la programación de las televisiones se concentra en rememorar el pasado (Amar es para siempre, Novéntame otra vez, Cachitos de hierro y cromo, La noche D) o promocionar el futuro con programas de cazatalentos en la costura, la canción, la danza o la cocina. Todos ellos buenos ejemplos de la promoción del espíritu del nuevo capitalismo audiovisual.

De ninguna manera escapa a estas influencias la escenografía con la que Pérez Tornero, con mascarilla de por medio, jura el cargo como presidente de la corporación de RTVE. Su nombre concitó amplio consenso entre los partidos, según parece después de ver, por recomendación de Pablo Iglesias, la serie Baron Noir (HBO). En medio de tanto furor y fervor mediático, ¿conseguiría el nuevo presidente desmentir a Nicholas Carr para quien Google y la TV nos hacen menos inteligentes?

Escribe Ángel San Martín 

perez-torneo


Más artículos...