Pornomiseria

  08 Octubre 2021

La rejilla de programas en septiembre

sept-rtve-gran-consulta-0El mes de septiembre suele recibirse con la incertidumbre de lo que se inicia viendo el invierno al fondo. Pero el de este año, casi en la normalidad, ha resultado un primor mediático. Comenzó con la ceremonia espectacular de clausura de los paralímpicos de Tokio 2021, le siguió la sucesión de festivales de cine y televisión —como el de Vitoria—, el aniversario del 11S, el fogonazo primero en los montes malagueños, en las cocinas de MasterChef Celebrity (La 1), en Afganistán, en La Palma y termina con el atraco de la luz.

Al menos este mes la televisión ha dispuesto de abundantísima materia para nutrir su programación, ya sea de informativos o de entretenimiento.

Según un estudioso nórdico de la industria cultural, particularmente de la televisión, considera que su rejilla de programas está dotada de una alta dosis de «pornomiseria». La estrategia discursiva se articula poniendo las cámaras y a sus reporteros en situación de convertir las retransmisiones en actos de «expiación, rehabilitación y conmiseración general». Este dispositivo perverso de despiste, bien mirado, es el que aparece en la mayoría de las historias que nos cuentan desde las pantallas.  

Es el desconcierto que surge al ver la escasa distancia que separa la chapuza de la obra de ingeniería, la explicación científica de la improvisación tertuliana, la ostentación de riqueza junto a la miseria inhumana, o entre la corrupción y la acción éticamente comprometida. Son los dilemas que alientan las imágenes espectaculares de un dron sobrevolando el fuego de Málaga, la zona cero del 11-S, el volcán de La Palma o la alfombra roja en la inauguración de los festivales.

Como también los provoca el ver a una corresponsal en plena retransmisión, con cara de pánico, porque se mueve el suelo y le están cayendo encima las cenizas del volcán.

Cómo no sentir desconcierto al ver a Pedro Piqueras (Tele 5) o a Susanna Griso (Antena 3), con vestimenta de sport, presentando las noticias a escasa distancia de los flujos de gases y lava. La loable iniciativa de Carlos Franganillo (TVE), haciendo el telediario desde un pueblo despoblado, parece contar ya con muchas imitaciones.

Y qué decir de las escalofriantes imágenes del corresponsal de TVE en Kabul, Luis Pérez, micrófono en mano, caminando por los alrededores del aeropuerto entre los talibanes armados hasta los dientes. Parecido efluvio emana de las imágenes de los juzgados de Sassari (Italia) con el Sr. Puigdemont entrando y saliendo jaleado de forofos. Como Pablo Motos jaleó a Pérez Reverte en El hormiguero (Antena 3) o Ana Rosa Quintana al líder del PP en su programa (Tele 5).

El contraste de argumentos y situaciones en la programación de la televisión tiene al menos otro correlato en forma de metáfora: la pantalla. Me refiero al plano, al contenido que aparece en la pantalla de la tele. Cada vez es más frecuente y notorio que esa ventana, ya sea de informativo o de entretenimiento, aparece cargada de informaciones diversas.

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Pongamos un ejemplo: hace unos días en el informativo de una de las cadenas generalistas se podía ver a la presentadora en el plató de realidad virtual, a la reportera con el volcán al fondo, en otro recuadro las imágenes cenitales del cráter, y en la parte inferior dos líneas de texto anunciando las inminentes declaraciones del presidente de Gobierno. Hay tantos distractores en pantalla, que es casi imposible centrar la atención sobre el argumento principal.

Algo parecido puede suceder cuando aparece Dani Mateo, unas veces en Zapeando y otras en El intermedio (La Sexta). Cuando hace chirigotas del supercomisario Villarejo o de las ocurrencias de alguno de los invitados a la convención itinerante del PP. ¿Cómo discernir si está en clave zapeante o dándole la réplica a Wyoming? Por cierto, ambigüedad que no se produce cuando en el citado espacio de humor escuchamos al lúcido y contundente Guillermo Fesser. Sus crónicas y comentarios desde EE.UU sobre la retirada militar en Afganistán o sobre el trasfondo de las celebraciones del 11S en Nueva York y los fabricantes de armas, resultan agudas y expuestas con un lenguaje inequívoco. Sin duda, esta es una de las piezas televisivas por las que merece la pena ver la tele un rato por la noche.

Y ya que estamos hablando de piezas y reporteros no puedo evitar la referencia al gran fotoperiodista Gervasio Sánchez. En pleno debate internacional sobre el fracaso militar y político en Afganistán y justo el día que La Sexta noche estrenaba presentador, José Yélamo, invitaron al citado fotoperiodista para hablar sobre un país y un conflicto que conoce de primera mano.

Sin embargo, Gervasio, lo primero que hizo fue criticar sin contemplaciones a Antena 3 y a sus gestores por despedir al corresponsal en Nueva York, el malogrado Ricardo Ortega. Motivo: no les gustaba el enfoque que le daba a la información sobre el 11S. Estupefacto el presentador, solo supo decir que en el especial que la cadena había dedicado al caos de Kabul, Matías Prats le dedicó unas palabras de reconocimiento al excompañero fallecido.

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Pero Gervasio, sin que le preguntaran nada, le cantó también las cuarenta a RTVE por no haber enviado ningún corresponsal a Afganistán hasta el último momento. Como contraposición destacó que los grandes medios internacionales sí habían hecho, incluso empotrados entre las fuerzas armadas. Lo lamentable es que las buenas vibraciones que producen las palabras de Fesser o de Gervasio, se pierden entre tantísima pornomiseria en la atmósfera mediática.

Tan colonizada está nuestra mente con estos formatos de incapacitación que cuando aparece Jordi Évole con una nueva entrega, como la entrevista del domingo a Iván Redondo, resulta complicado captar su alcance informativo. En la mayoría de los programas de la cadena se promocionó cansinamente la nueva entrega, pero cuando se ve y escucha no se le descubren tantos destellos, salvo el de la oscura escenografía.

Es muy posible que la mayoría de las observaciones precedentes, dentro de poco solo tengan valor de anécdota. Pues el presidente de la Corporación RTVE, Sr. Pérez Tornero, acaba de poner en marcha una campaña bajo la advocación: La gran consulta. Con las respuestas que aporte la ciudadanía se redactará un informe con el significativo título de Libro blanco sobre RTVE.

Esperemos sea más efectivo que el de los años 90 sobre la televisión infantil y en el que el Sr. Pérez Tornero tanto colaboró. De aquel nos quedó el horario de protección para los menores y de este ¿qué nos quedará? Ante la duda, aquí tienen el enlace para expresar su opinión en la encuesta: https://lagranconsulta.rtve.es/.

Escribe Ángel San Martín   

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