Berlanguiano

  31 Enero 2021

Salvados, Filomena, Cataluña, Antidisturbios y Late Motiv

berlanguiano-0Hace unos meses la RAE decidió que el adjetivo «berlanguiano» debía formar parte de su palabrero. No es fácil imaginar, allí donde esté, la cara que habrá puesto el titular del apellido. Bueno, supongo que se habrá cachondeando casi tanto como cuando se enteró que ponían su nombre a una cátedra universitaria, le dedicaban un museo virtual con sus objetos freudianos o cuando escuchó que las autoridades programaban actos para celebrar el centenario de su nacimiento, con permiso de la COVID-19.

Al ponerse frente a la televisión es imposible evitar la sensación de estar ante el alcalde de Bienvenido, mister Marshall, de Calabuch o con los toreros de La vaquilla. Por cierto, películas que reprograman una y otra vez tanto los canales generalistas como las plataformas. Pese a lo disparatado de algunas de la situaciones que aparece en esas películas, lo que hoy nos muestran las televisiones las superan con creces. Sin embargo, el dicho según el cual «la realidad supera a la ficción», en estos momentos ha dejado de ser evidente.

Zapeando entre los distintos canales generalistas, estatales y alguno autonómico, en algún momento siempre aparece un político respondiendo a preguntas más o menos previsibles. A modo de ejemplo reciente. Con motivo de la nueva temporada del programa Salvados (La Sexta), Gonzo, como reclamo poderoso, programa la entrevista al vicepresidente Pablo Iglesias. En distintas escenografías, repreguntas y tableta en mano, todo muy propio del estilo narrativo del programa. No se desveló nada que no hubiera dicho cualquier otro integrante de la vieja política. Pero hay sorpresa, el giro de guion en la narrativa de la nueva política: la equiparación de Puigdemont con los exiliados del franquismo.

Durante los siguientes días el universo televisivo, de una y otra línea editorial, se devanaba los sesos con semejante comparación. Si era o no justa, si era o no acertada y oportuna, si era o no propia de un vicepresidente, etc. Recordemos que algo parecido sucedió con la entrevista que Jordi Évole le hizo en su día al comisario Villarejo (ídem con el cantante Pau Donés). Declaraciones que se esgrimieron para reabrir el caso en la Audiencia Nacional y cita obligada de los telediarios.

Siempre el mismo modus operandi: se formulan en el plató de televisión unas declaraciones provocativas y luego los informativos/redes sociales hacen el resto. Incluso condicionar procedimientos judiciales, como en el caso citado.

El patrón mencionado nos remite también a una controvertida rueda de prensa del presidente del Gobierno. Sin inmutarse dice que no sabe nada de si su ministro de sanidad concurrirá o no como candidato en las elecciones catalanas. A las pocas horas, desde la Moncloa se confirma lo que en la calle se daba por hecho. Truhán, mentiroso o respetuoso con el orden institucional. Lo relevante: carnaza apetitosa para alimentar tertulias, informativos y demás programas de zapping televisivo.  

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Con motivo del temporal Filomena, aparte de consideraciones sobre el centralismo informativo, el protocolo era muy parecido. Tanto la televisión pública como las privadas comentaban y debatían si las declaraciones de Díaz Ayuso —made in Miguel Ángel Rodríguez— eran hiperbólicas o desquiciantes con reporteros en las calles cubiertas de nieve. Focalizan la atención sobre lo banal y dejan en la penumbra las deficiencias de las herramientas y procedimientos de un Estado laminado por el neoliberalismo.

En la misma dirección informativa va el espectáculo que TVE montó en torno a Doña Araceli, la primera vacunada en una residencia de mayores. Invirtieron mucho más esfuerzo en mostrarnos feliz a la octogenaria que en darnos el dato inequívoco de los fallecimientos en residencias como la de doña Araceli.

Este juego informativo, por lo que parece, también les interesa a quienes viven de la política. Antes que acudir al Parlamento prefieren los platós de TV, como podemos comprobar una y otra vez. Muy reveladora ha sido la escenografía con la que los candidatos y candidatas arrancaron la campaña electoral en Cataluña. Tampoco ha sido muy distinto cómo nos presentaron visualmente el asalto al Capitolio en Washington el pasado seis de enero o las manifestaciones de los negacionistas en varias capitales europeas, incluida Madrid.

La «sustancia informativa», si se le puede llamar así, no se enfrenta a la realidad con la que los mortales nos encontramos en nuestras vidas. Más bien nos ofrecen lo que han fabricado desde sus departamentos de diseño de contenidos audiovisuales. Fomentan así en las audiencias una conciencia, sobre todo emocional, de estar hiperinformada de cuanto sucede a su alrededor y ante lo que se adoptan posiciones excluyentes.

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Se crea así un caldo de cultivo en el que germina a buen ritmo el conservadurismo insumiso a las instituciones democráticas. Por cierto, una excepción: Guillermo Fesser en El intermedio (La Sexta), con su aspecto visual y su documentada información, es un buen antídoto frente a la tendencia dominante.

El «berlanguismo», no obstante, lo llevamos en el tuétano de nuestro ser. Hace unos días pudimos ver en La 1 de TVE la gala de entrega de los premios Forqué, otorgados por los productores de cine. El programa nos ofreció momentos de tensión emocional (en la entrega de cada premio había un representante del colectivo sociosanitario), y otros muchos auténticamente berlanguianos.

De hecho, no le faltó ni el discurso de aquel alcalde que decía lo de «Como alcalde vuestro que soy, os debo...». En esta ocasión fue interpretado por don Enrique Cerezo, presidente de un equipo de fútbol y de varias empresas de la industria audiovisual, además de EGEDA, entidad que promueve los Premios Forqué. En esta ocasión, por primera vez, se otorgaron premios también a las series de ficción televisiva.

Un momento berlanguiano, sin duda, fue el agradecimiento de Rodrigo Sorogoyen por el premio a la mejor dirección de la serie Antidisturbios (Movistar+). El mencionado, tras proclamar que aquí se hacen buenas series, acabó elevando el tono de voz y reivindicando: seres productores, debéis volcar vuestros dineros a producir cine, porque también aquí se hacen muy buenas películas.

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Lo de si el nivel es bueno o malo, va por barrios, lo indiscutible es que el consumo de las series televisivas está por las nubes, mientras las salas de cine se cierran. De las preferencias de las audiencias, quien más se aprovecha es Antena 3, luego Tele 5 y a cierta distancia RTVE. 

Tal vez por ello ha tenido que adelantar un poco la vuelta de la nueva temporada de los Alcántara (Cuéntame cómo pasó, La 1). Vuelven tras una promoción intensiva y a su horario de privilegio, aunque sin demasiado fuelle. La temporada arranca en un hospital donde el cabeza de familia agoniza y su hija María, ya como médico, lo asiste en medio de la pandemia pero sin los problemas de los hospitales desbordados.

TVE ha echado los restos en la promoción del programa de Dani Rovira: La hora D (La 1), colocado en horario de máxima audiencia. Se estrenó la en la segunda quincena de enero, pero tenía la impresión de haber visto hace mucho tiempo parecidos pareados y sketchs, aunque en formato más abreviado.

Como casi nunca las copias mejoran a los originales, resulta que tanto El hormiguero como Mujer, duplicaron el porcentaje de audiencia al programa estrenado. Ante la insatisfacción del estreno, decidí ver qué estaba haciendo Andreu Buenafuente en Late Motiv (Movistar+). Estaba en el plató el rapero Kase.O que, tanto la canción que interpretó como en la entrevista, consiguieron atraparme. Consiguieron tratar con humor inteligente las cosas que vemos o nos pasan a diario sin humoradas.

Sirva la referencia a Late Motiv como ejemplo del buen «berlanguismo»: hacer comprensibles las miserias que tejen nuestras vidas e incluso reírse de las propias vergüenzas. Que no nos traten como si estuviéramos mal de la cabeza, simplemente que nos hablen sabiendo que cada vez somos más pobres.

Escribe Ángel San Martín  

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