Asepsia

  07 Agosto 2020

Del turismo que no viene al rey que se va

rey-juan-carlos-0Rebosan osadía las propuestas de quienes se proponen facilitarnos la comprensión de este tiempo de pandemia. Si no me falla la memoria, una atropóloga italiana mantiene que la «asepsia» categoriza muy bien la estética del momento. Por tal se ha de entender la eliminación de todo aquello que se reproduce sin control. Evitar incluso el tocar lo material, pese a que con este gesto va la construcción del conocimiento y hasta de la personalidad. Un arquitecto mantiene algo parecido sobre la percepción del espacio, como consecuencia de pasarnos el confinamiento tocando asépticamente pantallas digitales.

Muchos analistas hablan de la indigestión producida por la «dieta mediática» consumida durante el confinamiento, las encuestas revelan el espectacular incremento de la dedicación a la televisión y a Internet.

Como alternativa a esa expresión les propongo esta otra: «asepsia informativa». El significado de la expresión lo tomo en parecido sentido al propuesto por la antropóloga antes aludida. Cuando se nos dice que ha habido un «problema de comunicación», en realidad están desviando la atención del «concepto». Es decir, se está aplicando el protocolo de asepsia.

Si ustedes observan cómo se nos ha informado de los últimos acontecimientos, advertirán lo que les comento. Da igual el medio del que se trate, el efecto surge de las interacciones del ecosistema mediático. Observen cómo se nos presenta la escapada del ciudadano Juan Carlos de Borbón, de qué se sabía en el Gobierno sobre el particular, de cómo este va a gestionar el reparto de los millones que lleguen de Europa, de cómo se van a contabilizar las defunciones como consecuencia de la Covid-19, había o no comité de expertos asesorando a los políticos, quiénes asumirán las responsabilidades por la lamentable organización y gestión de los servicios de atención sanitaria durante la pandemia, por qué se ha ido fuera parte del personal sanitario formado en nuestras universidades y, para terminar con la lista, qué decir de la campaña ponga un turista en su mesa o hágase usted mismo turista.

En todos estos casos, entre otros muchos, el procedimiento de información sigue un protocolo tan acotado que su asepsia cumple con los estándares internacionales al uso. Es decir, el contenido se ha despojado de todas las adherencias con capacidad de reproducción descontrolada en la mente de la ciudadanía receptora. Las noticias, comentarios y recreaciones circulan a toda velocidad en los escosistemas formados por las distintas redes de información. En el tránsito alocado los procedimientos de asepsia las vuelven inocuas, incapaces de generar pensamientos discordantes. Es lo que los especialistas llaman «inmunidad de rebaño» pero referido al entendimiento de lo que sucede a nuestro alrededor.

Estupefacto me quedé el primer domingo de este extraño mes de agosto. Miraba la tele y cada vez me resultada más rocambolesco aquel informativo de mediodia de La 1. Las conexiones en directo con las distintas corresponsalías, en playas y autovías, insistían en que aquello era algo inaudito. Además, nos comentaban lo que ya estábamos viendo: muy poca gente por las zonas de playa y cantidades ridículas de coches circulando por las grandes arterias viarias. La redundancia sospechosa se produce cuando intercalan imágenes del año pasado mostrando la saturación de gente en esos mismos lugares. Tras lo cual se cierra el argumento atribuyendo el desastre al maldito virus y no a la impericia de los gestores.

En la sección siguiente de los informativos, lo mismo en los de Antena 3, conectaban con las corresponsalías en varias capitales europeas. La pregunta siempre era la misma: ¿van a venir los turistas? La reflexión sugerida desde las pantallas giraba en torno a cómo es posible que esos zoquetes no quieran venir de vacaciones al país más seguro del mundo. Y sin solución de continuidad, se insertaban las imágenes de ese energúmeno, en lo alto de un banco, bebiendo y escupiendo alcohol sobre el grupo de gente que festejaba así el «ocio nocturno».  Todo esto a mayor gloria del inefable Fernando Simón y, por supuesto, cabreo mayúsculo de la patronal del sector.

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La otra tarde, tras oír en la radio una noticia sorprendente, me puse ante el canal 24h de TVE. Pasaban unos minutos de las 18 horas y la presentadora de noticias confirmaba que, según el comunicado de la Casa Real, el rey emérito se largaba de España, harto de no poder practicar el botellón. De inmediato me paso a La Sexta, era el horario de Más vale tarde, oficiado por Hilario Pino. En ese momento el presentador trataba de conectar con una corresponsal en la Zarzuela, pese al empeño, la conexión no se produjo y le tocó comentar la nota de agencia.

Luego, hasta agotar la paciencia, me lo pasé en Sálvame Naranja (Tele5). Fue suficiente con ver y escuchar un rato a la pandilla de tertulianas, para enterarse de la obra y milagros del escapado y de toda su familia. Para una parte de tertulianos la noticia era esperada desde hacía algún tiempo, para otros era toda una sorpresa y tampoco faltaron quiene relativizaron la fuga argumentando que no es más que otro viaje del cazaelefantes a un lugar de diversión. Incluso una de las tertulianas, citando fuentes muy solventes, avanzó que se iba, pero solo por una tempora, pues a final de verano volvería, aunque no ya a la Zarzuela.

Por la noche, en el informativo de Tele 5, pudimos ver la oportuna e insulsa entrevista al Sr. Iglesias, a la sazón vicepresidente segundo del gobierno y líder de una de las formaciones de la coalición. La puesta en escena, desde luego, era espectacular. La entrevista se hace desde el despacho, banderas a sus espaldas, corbata oscura y en su mano derecha, como siempre, un bolígrafo. Con cara muy circunspecta y gesto serio, contestó a las preguntas que desde el estudio le formulaba Roberto Fernández. A la izquierda de la pantalla aparecía el conductor del informativo y a la derecha el entrevistado. En otros momentos ellos quedaban desplazados a un recuadro pequeñito y en el centro de la pantalla un bucle de imágenes en las que aparecía no el protagonista de la noticia sino su hijo y el presidente del Gobierno junto a otros miembros del gabinete.

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El entrevistado no se salió del argumentario típico que la familia gubernamental Iglesias-Montero, mantiene cada vez que surge la ocasión, ya sea por el disenso en la acción de gobierno o por los desafueros de la familia real. No obstante, han seguido la misma estrategia con los movimientos entre partidos para la elaboración de los presupuestos generales o con los devaneos mantenidos con la tarjeta de una de sus colaboradoras y que la justicia está interesada en el asunto. De modo que la pauta de comunicación es muy clara: en lo que tiene carga simbólica entran a saco, mientras que en lo relativo a la gestión de los asuntos públicos lo mínimo posible.

Esta actitud es común al resto de las formaciones políticas, sin duda, pero no por ello deja de ser menos llamativo que un partido antisistema como el liderado por el entrevistado, finalmente reproduzca los esquemas de siempre. Es imposible dejar de asociar los comentarios en la tertulia de la tarde, algunos ultraconservadores y el que por la noche el vicepresidente descalifique de forma tan contundente una gestión diseñada por el gobierno del que forma parte la pareja Iglesias-Montero.

Con tanta asepsia en el tratamiento de la información, no sabemos si la pareja Villarejo-Codina son héroes o delincuentes, si el acuerdo económico de los jefes de gobierno europeos fue un logro o un desastre para la Unión Europea, si se persigue a la familia Pujol por sus ideas o por los desfalcos económicos, si el cambio de modelo económico es que tengamos más móviles o un trabajo mejor repartido, si la Covid-19 es una tragedia a la que los gobiernos no han sabido afrontar o una oportunidad de negocio para las grandes farmaceúticas.

Y para colmo de la asepsia: los turistas prefieren viajar por Internet a venir a las playas de Benidorm. ¿Cómo nos informarán de la siguiente crisis?

Mientras tanto y desde estas líneas: ¡disfruten de lo que queda de verano!

Escribe Ángel San Martín  

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