Drama: la normalidad

  12 Julio 2020

Tras el confinamiento, toca resintonizar

cachitos-de-hierro-y-crooEntre sustos y aplausos abandonamos los balcones para disfrutar del Segundo Dividendo Digital. Unos misteriosos técnicos advierten en un papel manuscrito y pegado en el ascensor: «Una vez ajustado el dividendo de cabecera, ustedes deben resintonizar el televisor». Me resulta tan incógnito como descriptivo del momento que vivimos. Alguien desconocido nos ha donado un «dividendo» que ahora hemos de compartir en nuestros televisores. Y es que, en efecto, la pandemia ha generado tal dividendo televisivo que hasta los técnicos aconsejan resintonizarnos de cuerpo y alma.

¡Cientos de ventanas tienen hoy vistas a la televisión! Gracias a una de ellas, me entero que hace unas semanas falleció José Ramón Pérez Ornia. Sea este mi pequeño homenaje a alguien que tanto escribió en diferentes medios, enseñó e hizo por la televisión. Además, siempre le agradeceré que en los “felices” ochenta me sacara de la inocencia pedagógica. No lo conocía de nada, y a partir de una simple conversación en un congreso en Barcelona, me facilitó varios documentos para mi tesina sobre Barrio Sésamo (TVE). Por supuesto, en ellos no se hablaba de educación sino de cómo se repartían los suculentos dividendos generados por el merchandising de Epi, Blas y su cuadrilla. Posiblemente Pérez Ornia y el también asturiano Juan Cueto fueran de las pocas personas con una cabeza en la que les cabía la televisión entera.

Incluso las televisiones que alientan polémicas como la que mantiene desde hace unas semanas el director y presentador del informativo de Antena 3, Vicente Vallés. Él y todo lo que se mueve, supuestamente, a su izquierda. Polemiza y descalifica a alguno de los líderes de Podemos, comenta jocosamente las propuestas de Pedro Sánchez y todo ello salpimentado con irónicos comentarios de las ruedas de prensa de Fernando Simón, icluidos los controvertidos posados de este para un suplemento dominical.

No muy distinto son las lindezas que les ha dedicado, desde un medio público como TVE, un miembro del Gobierno a los periodistas que les critican. Unos y otros, cuando no tienen suficiente con estas refriegas populistas, acuden a la llamada de La sexta noche (La Sexta). Y todo esto en un conglomerado mediático que acaba de celebrar sus 30 años. Por cierto, con un eslogan tan contundente como: «Si miras la vida, ves Atresmedia».

Otro motivo para celebrar el aniversario, creo yo, ha podido ser el quitarle a la competencia Pasapalabra. El largo proceso judicial por el tema de derechos y ante la dificultad de seguir emitiéndose en Tele 5, los de Atresmedia se lo llevan a su parrilla. Ponen al frente del mismo al superreconocido rostro de Roberto Leal. Presentador bailongo y canturrón de las últimas ediciones de Operación Triunfo (TVE). El programa fue apadrinado en su regreso a Antena 3, nada menos que por Matías Prats. Una vez más lo público y lo privado, el entretenimiento y la información, fundidos y confundidos sin solución de continuidad.

En Tele 5 siguen a lo suyo. Los zascas entre Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban hacen furor mediático en las ventanas de las redes. Dominan absolutamente el espectáculo tertuliano sobre casquería social. De hecho, durante el confinamiento pusieron especial empeño en la pelea para alimentar las audiencias de Supervivientes y Gran Hermano. Otra evidencia de esta pericia, es que hasta el presentador más recuperable, como Christian Gálvez, estudioso de un tal Leonardo Da Vinci, lo mantienen en plantilla dándole un simulacro de Pasapalabra dentro de Sálvame. La sección no puede tener un título más explícito: El tirón.

jorge-javier-vazquez-belen-esteban

Tan en lo suyo está esta gente que la semana pasada, viendo uno de sus programas se produjo una revelación. Enzarzadas dos invitadas en una arrabalera disputa, una de ellas protesta porque la otra le insulta a gritos. Jorge Javier pretende hacer valer su criterio, pero ni con esas. La pelea se calma cuando una de las tertulianas le dice a la otra: «Oye rica, no te pongas estupenda, que aquí nos pagan para dar espectáculo». Tras un juicio tan sumarísimo, me quitaron el mando a distancia y encima me mandaron al rincón de pensar. Allí me enteré que para mitigar las críticas de vulgaridad y elevar el nivel intelectual de El Hormiguero (Antena 3), su presentador manifestó que antes de finalizar termporada, entrevistaría en directo a Leonardo Da Vinci. ¿Osadía o zasca a Tele 5 por lo de Pasapalabra?

Ante la deriva amarillista de las cadenas privadas, RTVE desiste de buena parte de sus programas del corazón. Prefiere ocupar ese espacio de rejilla con programas de mayor calibre cultural. Por ejemplo, ahí la nueva temporada de Lazos de sangre (La 1). El programa se oficia en torno al peculiar estilo de Boris Izaguirre de introducir temas y dar paso a sus colaboradores. Para que nadie se lleve a engaño sobre el interés informativo, uno de los primeros programas de esta nueva temporada versó sobre los misterios de la familia Albano y Romina Power.

De mayor trascendencia fue la emisión que se ocupó de la trayectoria artística del grupo de humoristas Martes y trece. Al menos, en esta ocasión incluyeron un documental bien elaborado sobre el trío inicial que terminó en duo. Más allá de la visión nostálgica, no fue otra cosa que un programa larguísimo de cotilleos varios. Sin embargo, a través del documental con alguno de los sketchs más populares del grupo, uno advierte que hoy no se podrían emitir o acabarían en los despachos de abogados «cristianos». RTVE refuerza su oferta cultural, no obstante, con un programa tan comprometido con el dividendo del que salimos que se titula Typical Spanish (La 1). ¡Indescriptible título y contenido!

typical-spanish

Viendo este programa, uno tiene la impresión de estar ante una entrega más de ese espacio de La 1, dedicado a los Tesoros de la tele. Como si no fuera suficiente con el Viaje al centro de la tele presentado por Santiago Segura, los Ochéntame que emite después de las peripecias de los Alcántara, y desde semanas semejante tendencia se refuerza con la emisión del programa que rebusca en los archivos de música de TVE, como es el caso de Cachitos de hierro y cromo (La 2). El mensaje de RTVE parece ser que, ante tanto dividendo futurible con lo digital, más vale contentar a la audiencia con los éxitos del pasado.

La explicación de este fenómeno no es sencilla. Bueno, al menos una parece muy obvia: reducir costes de producción. Pero claro, son inevitables otras lecturas más comprometidas para la nueva línea editorial del medio público. Línea que, por cierto, es cada vez más borrosa. No solo el ente RTVE sigue sin renovar sus máximos órganos de gobierno, provisionalidad que no impide que las destituciones y nombramientos se sucedan sin tregua, tanto en los despachos como en las redacciones e incluso en las corresponsalías. ¿Por qué removerán a Lorenzo Milá de Roma? Y Rosa María Mateo tan ricamente dando cobertura a todos estos movimientos de sillas que lo son también ideológicos.

José Ramón Pérez Ornia se fue, como decíamos más arriba, pero aquí se ha quedado el dividendo televisivo mucho más descompuesto de lo que él criticaba entonces. Las redes sociales echan humo ante tanto castellano en series emitidas por TV3 como Merlí o Drama. Jordi Évole en su última entrega remeda el tono de las entrevistas de Jesús Quintero. Las que en otro tiempo se consideraron obras de arte, ahora no pasan el filtro de lo políticamente correcto. Sin embargo, se da paso en los informativos a tomas de aficionados en las que se maltrata a un semejante o a la inteligencia del respetable, como ha hecho recientemente el presidente de una universidad católica y hasta el mismísimo arzobispo de Valencia.

Apenas nos hemos incorporado a la normalidad, cuando se nos anuncia el fin de temporada y vacaciones inminentes para los grandes de la tele. De modo que, al menos desde la ficción, estrenamos el drama de la normalidad. De hecho, redacciones como la de El País, ABC, Mediaset o RTVE, entre otras, están viviendo tiempos de zozobra. Y para que no pare la sangría de las instituciones democráticas, uno de los vicepresidentes habla de «naturalizar» las críticas. ¿Las propias, hemos de entender? 

Escribe Ángel San Martín  

jose-ramon-perez-ornia