Perimetrar

  25 Octubre 2020

Patria, Hit y las otras Señoras del (H)Ampa

patria-0Siempre había asociado esta palabra con los fuegos de verano. Me sentía reconfortado cuando escuchaba en alguno de los informativos algo así como: hacia el amanecer los bomberos consiguieron perimetrar el incendio. Esto significaba para mí que la extinción definitiva era inminente. Sin embargo, estos días oigo perimetrar y sus múltiples variantes léxicas, a todas horas. Ya no me suenan igual de bien. Es más, me produce indignación e incredulidad por las circunstancias en las que se pronuncian.

Tanta carga negativa sobre una palabra, en apariencia inofensiva, supongo que responde a que de pronto se ha convertido en un artefacto de agresión. Se utiliza como estrategia para mantener incólume el círculo de los privilegios propios (Ayuso: veni, vidi...). Interpretación que también sirve para aludir a las trifulcas que escenifican en el Parlamento los grupos políticos.

Mientras, a sus espaldas, en la calle del día a día aparecen sucesos de gravedad inusitada. Contingencia sobre la que curiosamente las televisiones, de vez en cuando, nos ofrecen documentales de enorme calidad divulgativa. Sin embargo, nuestros circuitos mentales parecen estar más y más perimetrados. Más y más protegidos ante las llamas del exterior que pretenden aportar luz.

En estos inicios de temporada han sido de indudable interés las múltiples apuestas por tratar de aportar luz sobre el nudo y desenlace de ETA. Tras el éxito de la novela Patria, de Fernando Aramburu, y la miniserie de Mariano Barroso La línea invisible (Movistar+), se ha producido toda una eclosión de «silencios rotos» en torno a la banda terrorista. Coincidiendo con la programación en Tele 5 de Patria, serie producida por HBO, Movistar+ vuelve a emitir Zubiak (Puente) dirigido y presentado por Alfonso Cortés y el prestigioso reportero Jon Sistiaga que recibió el Goya 2020. Se trata de uno de los episodios de la serie documental: ETA, el final del silencio, en el que Maixabel, viuda de Jauregi, charla con un miembro del comando que asesinó al dirigente político.

El aparente interés de las audiencias por la historia reciente, se aprovechó para sacar el tema en las tertulias matutinas de todos los canales de televisión. Y por si no fuera suficiente, Tele 5, tras emitir el primer episodio de Patria, programa La noche de Patria. Es una cuasi tertulia para hablar de las dificultades y logros del encuentro entre víctimas y victimarios de ETA. Lo más sorprendente es que ofrecían imágenes y testimonios que poco antes se habían podido ver en otras cadenas y en otros relatos sobre el mismo momento histórico. Todo resultaba un tanto redundante y sobreactuado.

Uno de los efectos de tanta convergencia, contra lo que pueda parecer, es que refuerza el perimetrado del conflicto. Al mezclar sin solución de continuidad ficción y testimonios, condimentado con un fondo de imágenes muy poderosas, logra atrapar emocionalmente a las audiencias, pero sin quebrar los posicionamientos de partida.

De pronto, aparecen en estos programas unas víctimas, por lo general siempre las mismas, exponiendo su miedo y dolor ante la desgracia causada por un injustificable atentado. Le da la réplica un victimario, exponiendo su pesar por el dolor causado argumentando que eran tan jóvenes en el momento de los hechos que no podían ser conscientes de las consecuencias. De modo que prevalece el relato sobre la comprensión de los sucesos y motivaciones que los desencadenaron. ¿No será ya tiempo de conocer sin tapujos todo lo que ha rodeado y envuelve a esa época y a esos hechos?

Solo parcialmente alejado del tratamiento que las producciones televisivas hacen del terrorismo, está otro del que hace tiempo me viene interesando. Es el de la educación y, como en el anterior, me sorprende el ensamblado que hacen de hechos y ficciones. El acontecimiento más reciente y sangruiento es el asesinato de un profesor en París, Samuel Paty, por enseñar a sus estudiantes la grandeza de la libertad de expresión y mostrar una imagen de Mahoma.

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Las ficciones televisivas se suceden una tras otra sin que contribuyan demasiado a clarificar lo que está sucediendo. ¿El atentado contra la vida de Samuel contribuirá a comprender la gravedad del momento actual? Qué decir de la presencia del doctor Cavadas en El hormiguero (Antena 3), la escalada de Fernando Simón con Calleja (Tele 5) o las filípicas de Miguel Ángel Revilla en La Sexta Noche; ¿todo esto es para perimetrar o para hacernos más libres de pensamiento y expresión?

Disponible en Amazón desde hace unos días y muy pronto en la rejilla de Tele 5, está la segunda entrega de Señoras del (H)AMPA. En clave de comedia se desenvuelven unas madres que por culpa de la incompresión de los demás recurren a la violencia para resolver sus diferencias.

En La 1 de TVE se emite los lunes HIT (golpear para los anglosajones y acrónimo de Hugo para los amigos). A la emisión le sigue un coloquio tan cutre como insinúa el título: ¿Quién educa a quién? Por cierto, se alarga hasta la madrugada pese a que TVE proclamó a bombo y platillo que adelantaba el prime time para contribuir a racionalizar los horarios.

Si la entrega de la serie tiene una raquítica audiencia, apenas un 10%, cuando empieza el coloquio posterior ya solo se quedan los tertulianos y familiares. Lo paradójico y hasta cabreante es que el conjunto supone un buen ejemplo de lo que se debe hacer en la televisión pública. Sin embargo, la solución adoptada parece poco afortunada.

A pesar de todo, a este programa ya no le va a suceder lo mismo que otros congéneres de la cadena, como La primera pregunta, que desapareció tras la tercera entrega. HIT, de momento está a salvo, pues maneja ingredientes que le preocupan a la población porque están en su día a día. Si además los eleva a la máxima potencia, entonces contiene el favor si no del respetable sí de los reponsables políticos del Ente.

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Dedicar más de tres horas después de cenar a la educación, no es asunto irrelevante. Sin embargo, insistimos en lo problemático tanto del tratamiento dado a la temática abordada en la serie como el formato del debate posterior. Es insufrible el estilo inmoderado que le imprime al coloquio la presentadora Mamen Asencio. Y eso que cada vez da la impresión que corta menos a los invitados e invitadas. Al principio parecía que hasta le molestaba el protagonismo verbal de sus tertulianos. Es difícil de aceptar su empeño en hacernos creer que lo que aparece en la serie es lo que se ve a diario en los coles. Su segundo tema recurrente es que todo está por y para las redes sociales, pese a que el programa las utiliza intensivamente.

La tertulia no pasa de representar otro intento de vulgarizar las distintas posiciones sobre los temas que más preocupan en la calle sobre la educación. Posiciones que defienden unos invitados que no se sabe muy bien por qué están ahí. En los primeros programas estaba claro que la productora ponía a su personal, de esta u otras series (María Galiana, profesora en su día), o a uno de los guionistas como Joaquín Oristrel en la primera entrega. En vez de invitar a estudiosos y científicos de esa rama del saber, supongo que los habrá, invitan a influencers, raperos y damnificados en asuntos varios. Circunstancia que da la talla ideológica del programa, como lo da el que la acción de la serie transcurra en un centro concertado, es decir, privado.

Y como es bien sabido, en estos centros que seleccionan a sus alumnos resulta poco creíble que haya estudiantes como los nueve a los que se propone «curar» el superprofe HIT. He aquí otra característica ideológica de esta serie: los problemas sociales se interpretan como enfermedades. Diagnóstico que HIT le atribuye a los estudiantes disruptivos, y como tal se propone administrarles una terapia. Este rasgo, curiosamente, no se ha manifestado de forma tan burda en series anteriores como Segunda enseñanza, Compañeros, Al salir de clase o la más reciente Merlí de TV3, emitida con éxito por distintas plataformas.

De todo esto se deduce que también la creatividad en TVE está perimetrada y sus órganos de gobierno por lo visto también. Estos órganos no se renuevan y la programación tampoco, como se pone de manifiesto con HIT o con el paradigmático descalabro de La primera pregunta o lo que puede pasarles con el matutino La hora de La 1.

Por cierto, ¡en qué estarían pensando los estrategas de RTVE cuando permiten que un programa para después de cenar se titule La primera pregunta! ¿Qué habrán hecho el resto del día?

Escribe Ángel San Martín  

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