Espantosa

  03 Marzo 2021

Rosa María Mateo y la Radio Televisión Espantosa

febrero-0Quien dice lo que piensa, no está obligado a más. Simple reinterpretación del refranero. Las obligaciones, sobre todo de clarificación, surgen cuando se dice algo sin pensar. Tal parece haber sido el caso de la actual —y por poco tiempo más— administradora única de RTVE. Por sorprendente que resulte, la experimentada Rosa María Mateo, en la comisión parlamentaria del citado ente público, mencionó como la «Radio Televisión Espantosa». Las redes y los programas de zapping hicieron el resto, tampoco en El Intermedio (La Sexta) desaprovecharon la oportunidad.

Un lapsus de tales dimensiones y formulado por tan alta mandataria, debe invitar a pensar qué estaría pasando por su cabeza o a su lado. El regodeo por parte de quienes descalifican sistemáticamente a RTVE como servicio público, cabe imaginarlo. No obstante, la propia presidenta que ocupa un cargo provisional durante más de dos años, manifestó en sede parlamentaria que quienes más dificultades le habían puesto en su trabajo eran los representantes del PP. De modo que el espantoso acto fallido puede tener excusa.  

A finales de febrero fuimos testigos de un hecho inaudito: al fin los partidos mayoritarios llegaban a un acuerdo para el consejo de RTVE. Unos pocos lograron ponerse de acuerdo en la propuesta de consejeros afines, sin guardar ni siquiera las formas. Para ocupar la silla de Rosa María Mateo, una muy buena conocedora de la radio y la televisión, proponen a un profesor universitario relacionado con los estudios y la producción de TV.

De hecho, durante algún tiempo estuvo como director del programa La aventura del saber (La 1). ¡Acabó la presidencia presentando el programa! Razón por la que no es nada malicioso, ni narcisista, preguntarse si Pérez Tornero concluirá su nuevo paso por RTVE presentando los noticieros. Como el plató de informativos ahora es virtual, no se notará demasiado que oficie las noticias un avatar del presidente.

Lo que verdaderamente produce vértigo, por espantoso, es que el primer y hasta ahora único acuerdo entre nuestros representantes políticos, haya sido sobre el consejo de RTVE. Sin embargo, no les ha merecido tanto empeño el llegar a un resultado semejante respecto a instancias tan fundamentales en el Estado de derecho como el Consejo del Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas o el Defensor del Pueblo, entre otros. Lo cual, sin ninguna duda, es toda una declaración de intenciones sobre lo que piensan de nuestra sociedad, sus instituciones y sus conciudadanos quienes gestionan la cosa pública.  

La espantosa evidencia que se desprende de este hecho es que les importa más poner a buen recaudo a RTVE que reestablecer el sosiego y el buen gobierno en las instituciones democráticas. De hecho, según estamos viendo y nos ratifican las «noticias» del día a día, lo que se ha de temer es la «pena del telediario», y no tanto la de la cárcel. En esta última haciendo unos cursillos y servicios a la comunidad, ya se tiene asegurado el tercer grado. Mientras que, si el telediario se fija en una corruptela o en un lapsus, con seguridad ocupará la entradilla de los informativos de la comida y cena.

Calificar de espantoso lo que está sucediendo con las instituciones, puede que se quede corto ante el significado de algunos hechos. La aireada resolución judicial sobre las irregularidades confirmadas del título de máster de Cristina Cifuentes, es desvergonzada: acaban pagando el desaguisado las funcionarias subordinadas. En el caso de la empresa de autobuses de Valencia, los medios difunden la resolución administrativa en la que se sanciona a la empleada subordinada. En RTVE se despide al periodista de informativos por poner un rótulo poco afortunado sobre la familia real.

En el fondo y también en las formas, el «caso Bárcenas» destila un hedor parecido: se derivan las responsabilidades hacia quienes en principio ejecutan lo que se les dice desde arriba. Pero es que, en el muy confuso asunto de la ex asesora de Pablo Iglesias y el responsable de los servicios jurídicos, sigue el mismo patrón de la vieja política: públicamente se ningunean las resoluciones judiciales, se les despide y cuando en los informativos ya no se acuerdan de ellos, se les coloca en algún puesto de baja exposición pública.

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Esto es inaudito e impropio de una sociedad democráticamente madura, con independencia de si es o no «plena»: ni siquiera en el consejo de administración de RTVE deberían ocupar silla quienes la reciben como premio de consolación.

Cuando se constituye de esta guisa los órganos de gobierno, luego pasa lo que pasa con la libertad de expresión. A propósito del encarcelamiento del rapero catalán, se ha podido ver en las diferentes cadenas generalistas y autonómicas reportajes y tertulias en las que el objeto de debate era indescifrable. Las opiniones vertidas por quienes participaban solo contribuían a hacer un poco más honda la trinchera ideológica de cada opinante. De hecho, en febrero el Tribunal Supremo ratificó una resolución contra la falta de neutralidad informativa de algunas televisiones ante los acontecimientos de Cataluña, entre otros.

En un Salvados (La Sexta) reciente, el vicepresidente segundo del Gobierno, reconoce ante Gonzo que Pedro Sánchez le recomendó la teleserie francesa Baron Noir (HBO). La serie le ha gustado tanto que ahora se la recomienda a sus amistades y colegas de la política. Es cierto que viéndola se entiende algo mejor lo que se mueve en las cloacas de la política.

No obstante, el papel de Toni Alcántara en el gabinete de prensa de la Moncloa (Cuéntame cómo pasó, La 1), da una idea autóctona de los enredos barriobajeros protagonizados por la fontanería del poder. Y si dudan de lo dicho, traten de entender la entrevista que Jordi Évole le hizo al ciudadano José María Aznar (Lo de Évole, La Sexta). ¿No fue un espectáculo televisivo espantoso?

Televisiva e informativamente me resultó mucho más clarificador de todo ese mudillo el documental Propaganda (Documentos TV, TVE). La industria de las emociones y de lo simbólico despliega tal poderío en la sociedad de nuestros días que consigue lo que se propone: dirigir la atención de la ciudadanía hacia lo intrascendente.

Por cierto, ¿y si el «espantoso» de Rosa María Mateo fuera un recurso estilístico para entretenernos mientras siguen disolviendo las instancias y procedimientos democráticos?

Escribe Ángel San Martín   

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