Asintomático

  08 Enero 2022

Televisión y metaverso en el fin de año

diciembre-0Entre turrones y refritos televisivos, no ha dejado de sonar lo de «asintomático», cual proclama libertaria. No, no es la palabra elegida como la representativa del finiquitado 2021. Es con la que especialistas y tertulianos de toda laya nos prepararon para las celebraciones navideñas. El año pasado el motivo de sospecha se focalizaba en saber si se era o no «conviviente», condición para compartir mesa y mantel. Ahora la introspección va un poco más allá y se interesa por los espasmos de nuestro cuerpo.

Cuando las doctoras y doctores invitados en La hora de La 1 (TVE) o los epidemiólogos de Espejo público (Antena 3) exponen sus puntos de vista, en realidad, no hacen más que aumentar la inmunodepresión del personal. De los datos e información que dan, debido quizá al virus tertuliano, produce resultados contradictorios. Se convierte en irrelevante si sube o baja la curva de contagios, si hemos de comer las uvas solos o en compañía, si lo responsable es autoconfinarse o acudir al ambulatorio, si se deben mandar o no los niños al cole tras las vacaciones, si la ciencia está con la verdad o con el negocio de las farmacéuticas. En definitiva, cuestiones que mutan en analgésicos cuando se plantean desde un plató de televisión.

La excepción, si la hubiera, la ponen piezas como el anuncio de la Lotería, el de Correos o el del Ministerio de Consumo contra los juguetes sexistas, ¡moral para vivir en estado puro! El que destaque de la programación la publicidad, da buena cuenta del dominio actual del relato neoliberal. Relato reforzado con invitaciones como la «autoprotección» de la Sra. Díaz Ayuso, el «autocuidado» ante la falta de personal en atención primaria, y no menos contagioso es el «personaje» con el que el sr. alcalde de Madrid se refirió a Almudena Grandes.

Lo relevante de estos términos no es el significado, sino su potencial modelador de los comportamientos. Van pasando de un informativo al magazín de la mañana, luego a las tertulias de la tarde y de la noche, y de aquí a los programas con formato de bricolaje audiovisual como El Intermedio, Nochevieja a cachitos (La 2, TVE), Zapeando (La Sexta) o el pretencioso Un cuento de vanidad (La 1), con José Mota por donde suele.

Este rodar de palabras y actitudes por la programación asintomática, es lo que la convierte en lo que algunos filósofos, incluido alguno de La Bola de cristal (comentaré aquí el libro de Santiago Alba publicado recientemente), denomina «biopoder», cuya versión infantil es MásterChef Junior o La Voz Kids). No obstante, quienes están más por el negocio que por las ideas, han preferido recuperar el término «Metaverso». En el resumen anual que hizo Blanca Portillo, encarnando al 2021 en TVE, aludió a la progresión en tal dirección durante el año que terminaba.

Habitar en el metaverso, con el permiso del inventor de Facebook, es contribuir al pico de audiencia cuando Antena 3 conecta con las campanadas, solo para ver el vestido de Cristina Pedroche. Según se dice, mucho más impresionante que el exhibido por Anne Igartiburu en La 1, que además de ser rojo, como siempre, vestía pantalón que nunca antes había llevado. Por cierto, en esta ocasión, Anne estaba acompañada de Jacob Petrus, ahora comodín en distintos programas de TVE, y ambos nos deleitaron, previo a las campanadas, con un discursito no exento de moralina. Cristina Pedroche y Alberto Chicote soltaron un chiste sobre pucheros y se fueron tan contentos.

Estos días hemos podido ver en las diferentes cadenas de televisión una asociación de imágenes que ilustran cómo ejercen el biopoder. Especialmente en vísperas de la Navidad, las distintas televisiones mostraban las colas de la gente esperando vacunarse por primera vez o para recibir la tercera dosis. Además de resaltar el éxito de la campaña de vacunación con la imagen de la primera anciana y la enfermera pinchándole. De modo que para las televisiones la vacuna viene a ser la condición para que cada cual decida celebrar como considere estas fiestas, no como contribución solidaria a la salud pública.

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En una pieza del informativo de TVE sobre el fin de año, mostró a una joven profesional ante su mesa de trabajo, un ordenador portátil y un par de posters en la pared. Encuadre con estética minimalista y que producía buenas vibraciones. La joven dijo que pasaría la noche ella sola muy lejos de su familia, pero compartiría las uvas por videoconferencia. En el plano siguiente se mostraba a un hombre de mediana edad, sentado en un sofá ante la televisión en el salón adornado con belén y fotografías sobre la repisa (no me refiero al discurso del Rey). El buen señor dijo que pasaría la noche de fin de año en el salón con la tele y sin poder salir por haberse contagiado en el trabajo. En la autonómica À Punt se pudo ver una pieza muy parecida, pero la contraposición era entre el confinamiento en la ciudad y en un pueblecito casi despoblado.  

Estas imágenes no son inocentes, y no lo son porque así, de modo asintomático, nos van sumergiendo en el metaverso. Espacio imaginario pero que, según los estudios de audiencia de estas fiestas (Kantar Media dixit), resulta que la mayoría, sobre todo a partir de cuarenta años, han preferido los canales de Atresmedia (Antena 3 y en menor medida La Sexta).

Este año, ya sin pandemia, se ha mantenido el consumo de televisión en sus diferentes ventanas (más de 200 minutos diarios de media). Estos mismos estudios describen con todo lujo de detalles que quienes habitan en las poblaciones más pequeñas son los que ven más televisión y, particularmente, quienes ocupan el extremo de pobreza (el estrato E2), en el «índice socioeconómico». Recurso estadístico pactado entre las agencias que estudian las audiencias por encargo de la industria televisiva.

Comienza un nuevo año televisivo, ya sin Andreu Buenafuente que se despidió en familia del Late Motiv (Movistar+) sin aclarar su futuro. Pero siempre nos quedarán creadores como Benito Zambrano denunciando las hipotecas de la industria audiovisual y actores como Pepe Sacristán. En la última entrega de La matemática del espejo (La 2), el citado actor nos regaló una jugosa metáfora: hubo un tiempo en el que iba a la fuente a buscar agua, luego salía del grifo y más tarde, incluso salía caliente. Y concluyó: ¿llegará un momento en el que al abrir el grifo no salga agua?

Escribe Ángel San Martín   

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