A propósito del centenario de «El chico» (The Kid, 1921)

  31 Enero 2021

El melodrama o el nacimiento del héroe

el-chico-0El 2 de febrero de 1921, por lo tanto, hace ahora 100 años, Charles Chaplin estrenó El chico (The Kid). Es una conmemoración importante porque esta película supuso cambios relevantes en la trayectoria artística del creador de Charlot.

El chico fue el primer largometraje (seis rollos) que realizó Chaplin, además con total libertad de creación. Asimismo, su icónico personaje aparece en este film ya definitivamente configurado. El artista británico concibe esta obra proponiendo una narración que combina comedia y drama, lo que supone una línea a seguir a partir de este momento, algo que repetirá y profundizará en sus exitosos siguientes largometrajes.

La evolución de su personaje desde sus inicios, con los cortos rodados para la Keystone (1914), la Essanay (1915), la Mutual (1916-1917) y la First National (1918-1922) permite ir completando su perfil. Charlot es un icono mundialmente reconocible por el público; un hombrecillo con apariencia de caballero inglés, con bombín y bastón; digno, aunque vestido con andrajos; es un vagabundo, un personaje cómico.

En El chico, se produce el nacimiento del héroe; Charlot es un superviviente, pero con unos valores éticos que le llevan a situaciones en las que se enfrenta a la injusticia, al matonismo, o a la policía, con tal de proteger a un niño que ha encontrado abandonado y al que adopta; proponiendo un relato en el que se combinan la comedia y el drama. Se produce, por tanto, la incorporación del melodrama como un componente característico de su filmografía a partir de ese momento.

El elemento que desencadena la historia de El chico es el abandono de un niño. Esta situación resulta recurrente en la aparición de los héroes en los mitos de diferentes culturas, como ocurre con la figura de Moisés en el Antiguo Testamento, tal como refleja Freud en su obra, Moisés y la religión monoteísta (1).

En el filme, Charlot recoge a un bebé abandonado en un solar por unos ladrones que han robado un automóvil de lujo, en el que se encontraba el niño, y donde la madre del recién nacido, desahuciada y sin futuro, lo había dejado con la esperanza de que pudiera tener una vida mejor.

Después de varios intentos de deshacerse del niño (aquí lo cómico y lo trágico se entrelazan), Charlot se da por vencido ya que este siempre termina volviendo a sus manos, y finalmente lo adopta. Pasan los años y el niño se ha convertido en un espabilado chico (Jackie Coogan) que sobrevive con su padre adoptivo en las calles de los barrios pobres de la ciudad. Charlot se ha convertido en un vidriero ambulante, que es precedido por su hijo adoptivo que va rompiendo los cristales de edificios que su oportuno progenitor acude diligente a sustituir.

La madre biológica (Edna Purviance) se ha transformado en una gran dama del espectáculo que busca a su hijo perdido, para lo que inserta anuncios en los periódicos ofreciendo una recompensa para el que encuentre al niño. El dueño de la casa de acogida donde duermen Charlot y el chico reconoce a éste y lo entrega a la policía. Charlot al despertarse ve que su niño ha desaparecido. El vagabundo cae en la desesperación.

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Por la noche, mientras duerme, tiene un sueño en el que personajes del barrio se convierten en seres angelicales. Todos están en el cielo, los vecinos del barrio, el policía y hasta el matón; y también su niño que le insta a convertirse en un ángel. Pero llegan unos personajes mefistofélicos y las cosas se tuercen en el cielo; se produce una batalla en medio de una nube de plumas angelicales, y entonces sucede lo que no ocurrió en la realidad, el policía dispara a Charlot que huía volando; en ese momento despierta de su sueño.

Un policía lo está zarandeando, le empuja y lo lleva a casa de Edna Purviance, donde el chico se lanza a sus brazos y en la que Charlot también será acogido. La vida de Charlot y el chico está filmada con una gran ternura, en un estilo que nos recuerda las narraciones de Charles Dickens, combinando situaciones cómicas con un duro realismo.

A partir de este film se empieza a ver a Charles Chaplin como algo más que un cómico de éxito. En sus siguientes largometrajes, especialmente a partir de su incorporación a la United Artists (1923-1953), realiza una serie de obras maestras como: Una mujer de París (1923), La quimera del oro (1925), El circo (1928), Luces de la ciudad (1931), Tiempos modernos (1936), El gran dictador (1940), Monsieur Verdoux (1947) o Candilejas (1952).

Sus películas alcanzan un gran éxito con mensajes que, más allá de su evidente comicidad, contienen una visión de denuncia social y reivindicación, además de tener el mérito de adelantarse en el tiempo a duras realidades futuras, como la gran crisis económica de 1929 y sus consecuencias o el peligro del nazismo.

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En su autobiografía (2), Charles Chaplin describe la manera en que conoció casualmente a Jackie Coogan, el niño con el que pensó podría rodar su película El chico. A principios de 1920, buscando ideas para su nueva película —había terminado de rodar el corto Un día de placer (1919)—, decidió acudir al teatro Orpheum donde vio la actuación de un bailarín algo excéntrico, afirma Chaplin. Cuando terminó su interpretación salió al escenario su hijo de cuatro años para que saludase con él. A continuación, el niño ejecutó unos divertidos pasos de baile, saludó graciosamente al público y se fue corriendo. Los aplausos y las risas del público hicieron que el niño tuviera que salir de nuevo para realizar un nuevo baile. El público disfrutó mucho con la gracia y la personalidad del chiquillo.

Una semana después, Chaplin se enteró por la prensa de que el niño había firmado un contrato con Roscoe Arbuckle para rodar una película. Entonces, reaccionó, pensando en las situaciones y los gags que podría hacer con él. A partir de ese momento elaboró el guion de su siguiente película.

Al hacer gestiones para conocer la situación contractual del niño se enteró que el que había firmado con Arbuckle era el padre, pues los dos se llamaban igual. Chaplin pudo entonces contar con el niño para su película. En su libro habla muy bien de la capacidad de aprendizaje de Jackie Coogan, sus dotes de comunicación y su espontaneidad ante la cámara, todo lo cual hizo posible obtener el resultado esperado por Chaplin.

Como afirma Manuel Villegas López en su completo estudio sobre Charles Chaplin (3), dentro de la lógica evolución del personaje a lo largo de su filmografía, con El chico se produce el nacimiento del héroe. Por tanto, la creación del drama (melodrama). Este filme incorpora el drama, la sátira, la poesía la risa y la emoción; en definitiva, la vida tal como es, algo que solo logran las obras geniales.

Escribe Juan de Pablos Pons | Imágenes: A Contracorriente Films

Notas

(1)  Freud, Sigmund: Moisés y la religión monoteísta: tres ensayos. Librodot.com

(2) Chaplin, Charles: Mi autobiografía. Editorial Debate, 1989

(3) Villegas López, Manuel: Charles Chaplin, el genio del cine. Ediciones JC Clementine, 1998.

 

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