La última época dorada de Hollywood

  22 Abril 2021

A propósito del libro El gran adiós

el-gran-adios-0Autores como Peter Biskind (Moteros tranquilos, toros salvajes), Daniels Fuchs (Historias de Hollywood), Budd Schulberg (De cine. Memorias de un príncipe de Hollywood) o Scotty Bowers (Servicio completo. La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood) nos han ido narrando, en los últimos años, capítulos de la historia de Hollywood, durante el período de máximo esplendor de esta fábrica de sueños y también de su decadencia.

A lo largo de varias décadas, fundamentalmente entre los años sesenta y setenta, se produjeron gran parte de las mejores películas americanas del siglo XX, dirigidas por un grupo de directores recién llegados a la meca del cine e interpretadas por una nueva generación de grandes actores y actrices. Hablamos de películas con toques de clasicismo, en gran medida importado de Europa, cuyos creadores incorporaron elementos de modernidad y renovación, pero también de desencanto con la sociedad de esos años.

Los cambios que sufrió Hollywood en el periodo mencionado fueron en gran medida obra de una serie de directores, productores y guionistas que modificaron el statu quo imperante en la industria cinematográfica hasta ese momento, impuesto por los estudios cinematográficos más importantes (las Majors) que habían dominado la industria del cine desde la época de la fundación del sistema de estudios, a comienzos del siglo XX.

El éxito, hasta cierto punto imprevisto, de una nueva generación de directores como Martin Scorsese, Steven Spielberg o Francis Ford Coppola, o actores y actrices como Robert De Niro, Al Pacino, Jack Nicholson o Meryl Streep, entre otros, supuso un vuelco en la manera de contar historias a través de la gran pantalla. Se trataba de productos comerciales, pero de gran calidad artística.

A esos cambios también contribuyeron jóvenes productores, ajenos a la manera tradicional de trabajar de los estudios cinematográficos, y también guionistas brillantes que aportaron historias más comprometidas y críticas con muchas facetas de la sociedad de aquellos años.  De hecho, cabe hablar de la última edad de oro del cine norteamericano, que podemos situar entre finales de la década de los sesenta y los años setenta.

Hablamos de un fenómeno limitado en el tiempo, un fulgor creativo que fue sustituido a partir de los años ochenta por un modelo de producción basado en el rendimiento económico y alejado de intereses artísticos. La creación de las sagas y la inversión en blockbusters buscando el éxito masivo en las taquillas han terminado por hacer no adecuada la expresión «séptimo arte» referida al cine, al priorizar el negocio y el rendimiento económico.

Estos jóvenes intrépidos, entre 1968 y 1974 consiguieron fusionar algunas características del cine clásico americano con las tendencias marcadas por el cine europeo de aquellos años, asumiendo riesgos narrativos y estéticos que dieron como resultado éxitos memorables. Es el caso de El Padrino y El Padrino, parte II, producida ésta última el mismo año 1974 que Chinatown, que, por cierto, arrebató casi todos los Oscar a la película de Roman Polanski.

También son de ese año La conversación de Francis Ford Coppola, Asesinato en el Orient Express de Sidney Lumet, Una mujer bajo la influencia de John Cassavettes, El fantasma del Paraíso de Brian De Palma, Alicia ya no vive aquí de Martin Scorsese, Yakuza de Sydney Pollack, Lenny de Bob Fosse, Loca evasión de Steven Spielberg y El jovencito Frankenstein de Mel Brooks.

El libro El gran adiós, de Sam Wasson, que acaba de ser editado en España, nos habla del ocaso del viejo Hollywood, y de ese empuje que supuso la llegada de jóvenes, la mayoría con formación universitaria, a la industria del cine. Y lo hace describiendo con gran detalle el proceso de producción y rodaje de uno de los films más icónicos de ese periodo: Chinatown (1974), el film dirigido por Roman Polanski y protagonizado por Jack Nicholson y Faye Dunaway.

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En su libro, Sam Wasson describe con detalle las aportaciones fundamentales del guionista Robert Towne y el productor Robert Evans. Todos ellos dispuestos a arriesgar con una historia sórdida, contada en clave de cine neo noir, incorporando elementos de modernidad como la corrupción política, el incesto, los negocios inmobiliarios y el asesinato. La película ganó el Oscar al mejor guion original y fue candidata a 10 premios más. Desde su estreno ha sido reconocido como un film clásico y de culto.

El libro de Sam Wasson (publicado en España por Es Pop Ediciones) narra con mucha información y una gran cantidad de anécdotas el proceso creativo de Chinatown, una película que tomó como fuente de inspiración las exitosas historias de detectives privados, creadas por novelistas norteamericanos de la talla de Dashiell Hammet, Raymond Chandler o Ross Macdonald.

Sus detectives, Sam Spade, Philip Marlowe y Lew Archer —llevados al cine con gran éxito desde los años treinta del siglo XX— son el referente para el detective privado Jake Gittes de Chinatown, encarnado por Jack Nicholson, un personaje con gran carga de cinismo, arrogancia y desencanto.

Roman Polanski y Robert Towne, los responsables del guion, insertaron su historia en la ciudad de Los Ángeles en los años treinta, el mismo espacio geográfico y cronológico que el detective de Raymond Chandler. En realidad, plasmaban la sensibilidad desencantada y ácidamente crítica de los Estados Unidos en la época del postVietnam, el caso Watergate, el asesinato de Martin Luther King o la matanza de la familia Manson.

Una figura clave para que el proyecto de Chinatown llegase a convertirse en película es la del productor Robert Evans. A mediados de los años sesenta, Evans recibió de forma sorpresiva el encargo de asumir la dirección de producción de Paramount para que reorganizara este estudio de cine.

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A pesar de su inexperiencia, con un estilo agresivo y a contracorriente, Evans convirtió a Paramount en el estudio más exitoso de Hollywood y lo transformó en una empresa muy rentable para la compañía Gulf+Western. Durante su estancia en Paramount, el estudio produjo películas muy exitosas como La extraña pareja (1968), La semilla del diablo (1968), Valor de ley (1969), Love story (1970), Harold y Maude (1971), El padrino (1972), Serpico (1973), El padrino, parte II (1974) o Chinatown (1974), entre muchas otras.

El director de la película, Roman Polanski, era un refugiado franco-polaco de origen judío, asentado en Hollywood, con una sólida formación cinematográfica. Sam Wasson explica en su libro que Polanski no era la primera opción que se barajaba para dirigir Chinatown. Se contactó con Arthur Penn (el director de Bonnie & Clyde, 1967) así como con Warren Beatty. Finalmente, se concretó una oferta para Polanski que inicialmente se resistía a volver a Los Ángeles, todavía traumatizado por la muerte de su mujer Sharon Tate, a manos de la familia Manson, la madrugada del 9 de agosto de 1969.

Por su parte, Robert Towne, un guionista brillante y también director de cine y actor, contribuyó en muchos de los éxitos cinematográficos de aquellos años, de manera que además de participar en el guion de Chinatown, intervino en películas exitosas como Bonnie & Clyde (1967), El padrino (1972), Yakuza (1974) o El último testigo (1974).

Este tipo de cine dejó de hacerse progresivamente al pasar las grandes productoras a manos de ejecutivos ajenos al mundo del cine y a grandes fondos de inversión únicamente preocupados por el rendimiento económico. La llegada del siglo XXI supuso que los grandes estudios dedicaran sus presupuestos a superproducciones banales, a la proliferación de historias cuya justificación se basaba en el uso de efectos especiales digitales, y todo ello enmarcado en las leyes de «lo políticamente correcto» y la creación de nuevas «listas negras» garantes de la nueva normalidad.

Difícilmente volveremos a ver películas como Chinatown, alejadas de los efectos digitales, dirigidas al estómago de los espectadores y planteadas con el riesgo de no ser bien vistas por una sociedad biempensante y pacata. 

Escribe Juan de Pablos Pons

El gran adiós: Chinatown y el ocaso del viejo Hollywood | Sam Wasson | Es Pop ediciones | ISBN: 8417645136

  

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