1917, de Sam Mendes

  02 Septiembre 2020

Vivir la guerra en primera persona

1917-0El filme británico 1917 es uno de los grandes estrenos del año 2020. Su particularidad más sugestiva es que la narración se desarrolla en un único plano secuencia con una duración de casi dos horas, sin cortes aparentes de tiempo y espacio, desde el inicio hasta el final del relato.

Esta fórmula narrativa requiere una gran pericia técnica y una «coreografía» de movimientos de los personajes integrados en una compleja puesta en escena. La incorporación de la digitalización a los procesos de filmación ha facilitado el empleo de este recurso narrativo, llevado en algunos casos hasta el extremo.

Así, se han producido en los últimos años diferentes obras con esta fórmula narrativa, buscando la identificación de los espectadores con en el tiempo cinematográfico de la historia contada. A modo de ejemplo cabe citar algunas propuestas con resultados notables, en las que el plano secuencia supone algo más que un llamativo artificio técnico.

Es el caso de Utoya, 22 de julio (Erik Poppe, 2018) una película noruega que con un único plano secuencia de 77 minutos reproduce el terrible atentado ocurrido en un campamento de verano en la isla de Utoya, realizado por parte de un neonazi en el verano de 2011. El director utiliza el plano sin cortes para transmitir a los espectadores la angustia y el terror de la tragedia sufrida por un grupo de jóvenes que produjo 67 muertos y más de cien heridos.

También cabe citar a Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014) película narrada, a excepción de su prólogo y su epílogo, en un larguísimo plano secuencia que nos permite seguir las vicisitudes de su protagonista, un decadente actor de Hollywood conocido por su papel de un superhéroe, que lucha por montar una adaptación teatral de un cuento de Raymond Carver, en la que ha invertido todo su dinero, con la esperanza de ganar prestigio como actor.

Otro ejemplo destacable es El arca rusa (Alexander Sokurov, 2002) estaba considerada como la película más larga (96 minutos) jamás filmada en un único plano secuencia sin cortes. El director nos introduce en el Museo del Hermitage de San Petersburgo, en un viaje a través del tiempo en el que se propone una reflexión sobre el papel de Rusia en la historia de Europa.

1917 es la historia de una misión imposible, basada en varios relatos aportados por el abuelo del director Sam Mendes, a partir de diferentes situaciones reales, vividas durante la Primera Guerra Mundial.

En sentido estricto, el filme se estructura en dos grandes secuencias, ya que entre ambas hay un fundido a negro que se produce en el momento en que el protagonista pierde el conocimiento como consecuencia de un golpe en la cabeza. Al recuperarse la acción prosigue en el mismo punto.

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Con esta decisión del director británico de rodar la historia en continuidad se producen varias consecuencias en relación con la percepción de los espectadores. En primer lugar, la duración de los acontecimientos narrados es la misma para los personajes y para el público que asiste a la proyección; esto hace vivir las peripecias de los dos soldados protagonistas con una gran intensidad; se transmite así una sensación muy realista apoyada en el movimiento continuo.

La historia contada en realidad es sencilla. Se trata del encargo que reciben dos soldados británicos, en el marco de la Primera Guerra Mundial, para llevar un mensaje que puede salvar la vida de 1.600 integrantes del regimiento de Devonshire durante la batalla de Passchendaele, aunque estos datos nunca se mencionan. Los dos protagonistas deben completar la misión que se les ha asignado atravesando las líneas alemanas: un impresionante campo de batalla arrasado, a lo largo de la cual sufrirán terribles peripecias para intentar completar su misión. En el conflicto armado que aporta el contexto de la historia narrada por Sam Mendes, perdieron la vida unos 17 millones de personas.

En la película, además de los personajes principales, que son el soldado Blake (interpretado por Dean-Charles Chapman) y su compañero Schofield (George MacKay), aparecen otros personajes como el general Erinmore, interpretado por Colin Firth, y Benedict Cumberbatch como el coronel MacKenzie, entre otros.

La fórmula de utilizar largos planos secuencia es una solución narrativa, de la que fue pionero Alfred Hitchcock en su obra La soga (Rope, 1948).  Al asumir el punto de vista de los dos personajes centrales atravesando varios kilómetros de territorio enemigo, la experiencia audiovisual que nos propone Sam Mendes supone compartir con ellos todos los momentos de tensión, miedo, crueldad y maldad vinculados a los hechos de guerra; y también los de humanidad, solidaridad, compromiso y compasión.

Como ya se ha indicado, los dos grandes planos secuencia de la película estructuran la narración en dos partes: la primera es más descriptiva y en la que a través de los diálogos de los personajes conocemos el sentido de la misión y los primeros avatares de los dos soldados que protagonizan el relato. En la segunda, los diálogos prácticamente desaparecen y las imágenes parecen recorrer los siete círculos del infierno de Dante, a través de las cuales vamos vivenciando los horrores de la guerra, y podemos contemplar su sinsentido y crueldad.

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La técnica cinematográfica empleada propicia un resultado deslumbrante con la que se logra aumentar la tensión de la historia implicando al espectador, que no tiene respiro dada la rapidez con la que se suceden los hechos; la inmediatez de la imagen aporta un realismo que difícilmente se consigue por otros procedimientos.

Sin embargo, las aportaciones a nivel narrativo de este filme no se ciñen solamente al uso, ciertamente espectacular, de un elaborado plano secuencia; la labor del director de fotografía Roger Deakins es muy destacable. A partir de la primera imagen, un plano a ras de suelo en el que vemos un campo verde plagado de flores y vegetación de colores vivos en el que descansan dos soldados, da pie al inicio del primer movimiento de cámara y el seguimiento del dúo de protagonistas; progresivamente la luz en la pantalla comienza a teñirse de tonos sepia y a dominar el color marrón del barro de las trincheras y los cielos grises. Hay escenas extraordinarias como la que transcurre en el zulo-trampa cuando lo descubren los protagonistas o la del ataque aéreo, cuyo realismo estremece.

Se trata de una historia épica, aunque el director no ha querido quedarse solamente en ese registro. En declaraciones a la revista The Hollywood Reporter, Sam Mendes ha manifestado a propósito de la película: «La historia de mi abuelo no era para nada romántica. No trataba sobre heroísmo o valentía, sino sobre si un soldado tenía la suerte o no de sobrevivir a la guerra. (…) Por eso mi idea siempre fue: ¿por qué no encerramos a la audiencia en esta experiencia de una manera que sienta que no se rompe nunca, en una película que les parezca como el tic-tac de un reloj, en el que experimentemos cada segundo lo que pasa en tiempo real?».

1917 ha recibido a lo largo de este año un considerable número de premios, entre ellos varios Oscar, Globos de Oro y BAFTA. Una obra sorprendente que aporta una visión distinta sobre el cine bélico, lo que dice mucho de la capacidad creativa de su director, que ya nos ha dejado obras memorables como American Beauty (1999), Camino a la perdición (2002) o Revolutionary Road (2008).

Escribe Juan de Pablos Pons

 

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