El genuino cine español

  12 Julio 2020

Un país de luces y sombras

bienvenido-mister-marshallLo que llamamos «cine español» responde a unas características que son consecuencia de una evolución desarrollada a lo largo del siglo XX, con aportaciones individuales reconocibles y algunas influencias culturales que resultaron claves, y que permiten hablar de un genuino cine español.

En el apartado de influencias cabe señalar de manera tradicional a la literatura y el teatro como fuentes de inspiración primarias. La especificidad viene dada a partir del ascendiente de movimientos cinematográficos como el neorrealismo italiano y, curiosamente, debe señalarse el poco peso de otros, como es el caso del cine de Hollywood.

Estamos hablando de un periodo que comprende las décadas que van de los años cuarenta hasta los principios de la democracia en España. En cuanto a influencias individuales, creadores como Fellini, De Sica, Visconti o Rossellini constituyeron una fuente de inspiración para los cineastas españoles que se formaron en la Escuela de Cine, creada en el año 1947 con el nombre de Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC).

En los años posteriores a la finalización de la cruel guerra civil, la industria del cine español se hallaba en un estado lamentable. Con anterioridad apenas cabe resaltar algunas obras, pero de gran interés cinematográfico, como son: Un perro andaluz (1929), La edad de oro (1930) y Las Hurdes, tierra sin pan (1933) de Luis Buñuel. Una encuesta del año 1954 indicaba que los títulos preferidos por el público eran: Currito de la Cruz (1949), Locura de amor (1954), El pescador de coplas (1954) y Un caballero andaluz (1954).

Al inicio de la década de los cincuenta se comenzaron a rodar películas que se alejaban del cine folklórico y pseudohistórico, representado por títulos como los antes mencionados. Es el caso de Surcos, de José Antonio Nieves Conde, y Esa pareja feliz, de Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga, ambas rodadas en 1951; Bienvenido, Mister Marshall (1953) de Berlanga; Cómicos (1954) y Muerte de un ciclista (1955), ambas de Bardem; y Novio a la vista (1954), de Berlanga, que incorporaban mensajes más sociales, con una velada carga crítica, tratando de soslayar, en la medida de lo posible, las exigencias de la Junta Superior de Censura Cinematográfica.

En ese periodo iniciático se celebró en el año 1955 una reunión que, con el nombre de Conversaciones de Salamanca, fijó las bases del nuevo cine español. Directores como Berlanga, Bardem o Basilio Martín Patino aportaron las claves para generar un cambio sustancial a la hasta ese momento pobre y artesanal industria cinematográfica española.

En ese encuentro, que fijó unos nuevos principios a seguir por el cine español, participaron también; José María García Escudero, que había sido director general de Cinematografía y Teatro durante el periodo 1951-1952; los directores españoles José Luis Sáenz de Heredia, Antonio del Amo, Fernando Fernán Gómez, Carlos Saura y los ya citados Bardem y Berlanga, así como el portugués Manoel de Oliveira y el catedrático de Gramática General y Crítica Literaria en la Universidad de Salamanca, Fernando Lázaro Carreter, como figuras más conocidas.

el espiritu de la colmena-1En estas jornadas se propugnó que el cine español diera un viraje hacia la tradición realista de la cultura española, y se citaba a los escritores Mateo Alemán y Francisco de Quevedo, y los pintores José de Ribera y Francisco de Goya, como referencias.

Las primeras promociones egresadas de la Escuela Oficial de Cine (ya con ese nombre desde 1961) bajo la dirección de José Luis Sáenz de Heredia, dieron pie a que algunos de sus miembros dirigieran obras que sintonizaban con los rasgos antes mencionados. Es el caso de   Miguel Picazo (La Tía Tula, 1964), Mario Camus (Young Sánchez, 1964) o Carlos Saura (La Caza, 1965).

También cabe destacar en esta época a la denominada Escuela de Barcelona, que no fue tal sino un movimiento cinematográfico nacido en los años sesenta como forma de rebeldía a la represión franquista, donde surgieron nombres como Vicente Aranda, Jorge Grau, Gonzalo Suárez o Jaime Camino, y cuya principal influencia fue la Nouvelle Vague francesa.

Retomando la idea de la influencia literaria y teatral, la literatura picaresca (Lazarillo de Tormes), el realismo literario (Benito Pérez Galdós, Vicente Blasco Ibáñez), o las aportaciones de dramaturgos como Miguel de Unamuno y Ramón María del Valle-Inclán —que introdujo un nuevo concepto estético, el esperpento— también constituyen fuentes de inspiración para la creación cinematográfica española.

Junto con estos referentes, el humor que en muchas ocasiones tiende al negro, el surrealismo, el patetismo en sus diferentes vertientes, el uso de los estereotipos sociales, el valor de la democracia, la desvergüenza de la clase política y la iglesia católica, configuran conceptos y temáticas que los cineastas españoles de esos años manejan para crear sus propuestas, en un marco de actuación controlado por la censura.

Estos rasgos diferenciales son claramente identificables en un buen puñado de películas españolas realizadas en un periodo que abarca desde los comienzos de la larga dictadura hasta los primeros años de la democracia. Algunas de ellas son obras de arte que merecen ser recordadas o conocidas por las nuevas generaciones, ya que aportan claves para conocer la historia de nuestro cine, pero también de nuestro país.

Dentro de este grupo de películas excepcionales proponemos diez que deben considerarse de obligada visión para cualquier persona que quiera hablar de cine español con conocimiento de causa; precisamente por su aportación a la cultura española deben ser conocidas y valoradas.

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1. ¡Bienvenido, Mister Marshall!
(Luis García Berlanga, 1953)

Es una historia con un narrador en off, Fernando Rey. Villar del Río es un pequeño pueblo en el que nunca pasa nada. Sin embargo, el mismo día en que llega la cantante folclórica Carmen Vargas (Lolita Sevilla), el alcalde recibe la noticia de la inminente visita de un comité del Plan Marshall. La noticia provoca un gran revuelo entre los vecinos que quieren ofrecer a los americanos un recibimiento especial.

Se trata de una sátira de la España de la época. Llamativamente no tuvo problemas con la censura, ya que el supuesto antiamericanismo del filme sintonizaba con la postura del régimen franquista en ese momento. Cabe reseñar la importancia de la intervención del dramaturgo Miguel Mihura en el guión, que mejoró el libreto original de Bardem y Berlanga, incorporando elementos de humor surrealista, tan característicos en su obra.

Uno de los momentos más icónicos de la película se produce cuando el alcalde (Pepe Isbert) pronuncia un parlamento desde el balcón del ayuntamiento afirmando: «Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar». Es una aportación de Mihura.

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2. Calle Mayor
(Juan Antonio Bardem, 1956)

Se trata de una coproducción hispano-francesa, protagonizada por la actriz norteamericana Betsy Blair y José Suárez.

La película está libremente inspirada en la obra teatral de Carlos Arniches La señorita de Trevélez, si bien se prescindió en el guión de los elementos de comedia y se potenciaron los dramáticos. La resultante es un drama que realiza un duro retrato de la vida en una ciudad de provincias (se rodó en Palencia y Logroño).

El eje de la historia se centra en la soltería de una mujer madura que es objeto de burla por parte de un grupo de amigotes.

La cinta acudió al Festival de Venecia, donde ganó el Premio de la Crítica, obtuvo otros premios y está considerada como la mejor película de su director.

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3. Viridiana
(Luis Buñuel, 1961)

Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, esta coproducción española y mexicana no se estrenó en nuestro país hasta el año 1977, una vez muerto Franco.

Fue la primera obra que rodó el gran maestro aragonés en España tras varias décadas de exilio en México y Francia. La película narra las vivencias de la novicia Viridiana, interpretada por la actriz mexicana Silvia Pinal, que a punto de tomar los hábitos recibe la orden de su superiora de visitar a su tío don Jaime (Fernando Rey) quien le ha pagado su formación.

Durante su visita, don Jaime, impresionado por el parecido entre Viridiana y su difunta esposa, intenta violarla, pero finalmente no se atreve. Posteriormente, intenta retenerla cuando ella quiere volver al convento. A pesar de las presiones, finalmente ella se marcha y su tío se suicida.

Viridiana se siente culpable por la muerte de su tío, renuncia a los hábitos y se queda en la mansión dedicándose a la caridad cristiana. Acoge a un grupo de vagabundos, que finalmente la atacarán y robarán. La llegada de Jorge (Francisco Rabal), hijo natural de don Jaime, cambiará definitivamente el destino de la joven.

El final de la película tuvo que ser modificado por la presión de la censura, y el que se utilizó constituye uno de los desenlaces más osados en la historia del cine español.

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4. El extraño viaje
(Fernando Fernán Gómez, 1964)

Esta comedia negra narra la vida monótona de un pueblo de provincias y los terribles sucesos que rodean a una extraña familia compuesta por la severa Ignacia y sus retraídos hermanos, Paquita y Venancio.

La película está basada en un argumento de Luis García Berlanga, convertido en guión por Pedro Beltrán, tomando como punto de partida el llamado «crimen de Mazarrón», un suceso que fue recogido por la prensa de la época.

La historia, contada en clave costumbrista, cuenta con las interpretaciones de Rafaela Aparicio, Tota Alba, Jesús Franco y Carlos Larrañaga.

Fernando Fernán Gómez consiguió dotar al filme de un ambiente de misterio y suspense jugando con los claroscuros y una cuidada planificación. La película permaneció seis años sin estrenarse.

En 1970 obtuvo el premio del Círculo de Escritores Cinematográficos a la mejor película. Es una de las obras maestras del cine español, por la originalidad del argumento y su carácter esperpéntico al modo valleinclanesco.

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5. Plácido
(Luis García Berlanga, 1961)

La película surge a partir de una campaña ideada por el régimen franquista que, bajo el lema «siente un pobre a su mesa», pretendía fomentar el sentimiento de caridad cristiana entre la población.

Plácido es un hombre sin recursos económicos cuya única propiedad es un viejo motocarro. El día de Nochebuena, le contratan para participar en una cabalgata que se incluye dentro de la campaña arriba mencionada. Ese día le vence una letra de su motocarro y no tiene dinero para pagarla.

En el guión participó Rafael Azcona, una persona clave en la historia del cine español. La película fue protagonizada por Cassen, un humorista sin experiencia previa en el cine, y José Luis López Vázquez, que interpreta a Gabino Quintanilla, el hijo del dueño de una serrería, coordinador de la campaña.

Una de las mejores comedias de su director; bajo la apariencia de un relato costumbrista, contiene un devastador retrato social de la España de la época. El filme estuvo nominado al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

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6. El verdugo
(Luis García Berlanga, 1963)

Es una comedia negra que proyecta una visión, mezcla de humor y tragedia, de la realidad española durante la dictadura franquista. Berlanga y Rafael Azcona se inspiraron para elaborar el guión de este filme en la ejecución de Pilar Prades Expósito, «“la envenenadora de Valencia», a cuyo verdugo hubo que emborrachar y conducir a rastras al patíbulo porque se negaba a ejecutar a una mujer.

En la película, al verdugo, interpretado por el genial Pepe Isbert, le han concedido un piso por ser funcionario, pero al estar próximo a la jubilación le propone a su yerno (Nino Manfredi) que ocupe su puesto para no perder el piso. A él la idea no le gusta, pero tampoco tiene alternativa para proporcionar un techo a su familia.

Finalmente, accede y acaba obteniendo el puesto. Poco tiempo después, tiene que ajusticiar a un reo, y termina siendo arrastrado junto al condenado hasta el patíbulo.

Además, la película muestra numerosas conductas cotidianas que resultan poco edificantes, desde dinámicas familiares hasta laborales y administrativas; nadie sale bien parado.

La película obtuvo diferentes galardones en su momento: el premio Fipresci en el Festival Internacional de Cine de Venecia, el premio de la crítica soviética en el Festival de Moscú, el Premio San Jorge a la mejor película española y el Premio del Humor Negro de la Academia de Humor francesa.

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7. El espíritu de la colmena
(Víctor Erice, 1973)

Se trata de una bellísima película, obra de un creador único, que pudo haber sido superada por otro filme del mismo director (El Sur, 1983) de no haber sido por la mutilación que sufrió por parte de su productor Elías Querejeta.

Uno de los pocos filmes españoles realmente poéticos, cargado de sensibilidad, que rechaza un cine narrativo, lógico, en favor de un cine sensorial, en el que las emociones y las imágenes son las que aportan todo el sentido.

El hilo conductor es una sencilla historia que nos sitúa en una remota aldea en el año 1940. Dos niñas (Ana Torrent e Isabel Tellería) ven, en una proyección de cine ambulante que ha llegado a la localidad, una película de Frankenstein; una de las chicas, impresionada por el monstruo, empieza a recorrer el campo en busca de una criatura similar.

Se trata de una alegoría de la realidad española, recién terminada la guerra civil. Erice toma el título de un libro de Maeterlinck en el que se describe «ese espíritu todopoderoso, enigmático y paradójico al que las abejas parecen obedecer, y que la razón de los hombres jamás ha llegado a comprender». Y ese es el espíritu que impregna su película.

Destaca la fotografía de Luis Cuadrado, cálida en los interiores y fría en los exteriores. Esta genial obra obtuvo el premio a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y el Hugo de Plata en el Festival de Chicago, entre otros galardones.

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8. Los santos inocentes
(Mario Camus, 1984)

Basada en la novela homónima de Miguel Delibes, esta película nos habla de la España inmersa en una dictadura, en plenos años 60, donde los grandes latifundios y el caciquismo constituyen el escenario de la historia.

Una historia en la que una familia de campesinos extremeños sobrevive en un cortijo en condiciones infrahumanas, bajo los principios de la obediencia y el sacrificio, marcados por un destino donde el peso del origen y las insalvables clases sociales proyectan un futuro sin ilusiones ni sueños.

El relato presenta una dura sátira social sobre la época retratada, con momentos de una gran crueldad emocional y física, donde los señores y los súbditos ejercen sus roles.

Francisco Rabal y Alfredo Landa ganaron, ex aequo, el premio a mejor actor en el Festival de Cannes de 1984. Certamen que también reconoció la película en una Mención especial del jurado internacional.

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9. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
(Pedro Almodóvar, 1984)

Es el cuarto largometraje en la amplia filmografía de Almodóvar, que, como es habitual, también es el autor del guión.

La historia transcurre en el barrio de la Concepción, en las afueras de Madrid, donde vive Gloria (Carmen Maura) junto a su familia y su suegra (Chus Lampreave). Un ama de casa frustrada y adicta a las anfetaminas que compagina sus tareas atendiendo otros trabajos que le permiten aportar un sobresueldo a casa.

Su marido (Ángel de Andrés López) es un taxista afín a las ideas fascistas. Y sus dos hijos se buscan la vida como pueden (uno es chapero y el otro traficante de drogas).

Como es habitual en el cine de Almodóvar en los años ochenta, la historia se llena de matices con las aportaciones de los personajes secundarios, donde brilla Verónica Forqué interpretando a Cristal, una entrañable prostituta, o Kiti Manver encarnando a una vecina histérica.

Una visión lúcida y agridulce sobre la España de los ochenta que pone el foco en una familia humilde cuyos miembros tratan simplemente de sobrevivir. Obra con toques surrealistas y momentos de humor negro. Posiblemente es la mejor película del director manchego.

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10. Amanece que no es poco
(José Luis Cuerda, 1989)

Se trata de un filme indescriptible, surrealista, lleno de un humor absurdo, trufado de chistes inteligentes, gags visuales e historias delirantes y difíciles de encasillar. De hecho, sienta las bases del humor absurdo español de hoy en día.

Es una comedia que critica todas las convenciones sociales, ridiculizando la religión, la política, la educación, las relaciones amorosas o el principio de autoridad, sin dejar títere con cabeza.

El guión es original de José Luis Cuerda. Se trata de una obra coral en la que interviene la mayor parte del elenco actoral español: Antonio Resines, José Sazatornil, Cassen, Luis Ciges, Aurora Bautista, Enrique San Francisco, Pastora Vega, Chus Lampreave, Manuel Alexandre, María Isbert, Miguel Rellán, Guillermo Montesinos, Rafael Alonso, Antonio Gamero, Gabino Diego, Ovidi Montllor, Carmen de Lirio, Queta Claver, Fedra Lorente, Violeta Cela, Tito Valverde, Ferran Rañé, Arturo Bonín.

Luis García Berlanga le dijo a José Luis Cuerda que había conseguido reunir en esta película el mejor reparto de la historia del cine español. Inicialmente, la película no fue bien comprendida, ni por la crítica ni el público, pero con el paso del tiempo se fue convirtiendo en una obra de culto, con legiones de seguidores que rememoran sus hilarantes frases y escenas. Y hasta ha dado pie a un movimiento (los amanecistas). Es una obra maestra de la comedia absurda.

Esta selección de películas es susceptible de ser modificada, y quedan fuera de ella obras muy estimables y de gran nivel; pero sin duda las que forman parte de ella constituyen una representación de lo mejor que ha producido el cine español en el periodo aquí revisado.

Además, aportan una lúcida visión de lo que España ha sido, de lo que nos ha marcado y de lo que ha contribuido a que hoy seamos el país con las luces y sombras que reconocemos cada día.

Escribe Juan de Pablos Pons

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