Entrevista con Javier Gutiérrez

  19 Octubre 2020

«Vivo cualquier trabajo desde la pasión, desde las ganas de ayudar, de ser el vehículo para contar una historia»

javier-gutierrez-0Del 15 al 18 de octubre de 2020 se ha celebrado el Festival de Cine Antonio Ferrandis de Paterna que este año ha cumplido su quinta edición y en la que a pesar de la situación actual se ha contado con una de las programaciones más completas de su historia.

El Gran Teatro de la localidad ha sido testigo de las proyecciones en las que ha predominado el sello valenciano, del concurso de cortometrajes y de una serie de actos paralelos siempre con el cine como protagonista. Además, el festival extiende sus actividades durante todo el año con los preestrenos que se celebran en los cines Kinepolis y que permite contar con la presencia de las figuras más relevantes del cine español.

En la edición de este año se ha hecho entrega del Premio de Honor al actor Javier Gutiérrez, uno de los intérpretes más premiados —cuenta con dos Goya a mejor actor— y solicitados del cine español de los últimos tiempos, con films como La isla mínima, Campeones, El autor o series como Águila roja, Vergüenza o Estoy vivo.

Con motivo de la entrega del premio a Javier Gutiérrez, y gracias al Festival de Cine Antonio Ferrandis, hemos podido mantener una conversación con el actor español en la que nos habla de su trayectoria, del amor que tiene por su profesión y el orgullo que significa recibir un premio asociado al nombre de Antonio Ferrandis, pues en esa clase de reconocidos actores españoles es el espejo donde se mira para desarrollar su trabajo.

En sus palabras transmite la pasión que siente por la interpretación, destacando el valor del cine como forma de expresión artística para mostrar la realidad de nuestra sociedad.

En una situación tan especial como la que estamos viviendo, debido a la crisis sanitaria, tienes varios proyectos en espera o pendientes de estreno. La película Bajocero atrasa su estreno.

Javier Gutiérrez: Bajocero ha pospuesto su estreno sine die, no sé cuando se podrá estrenar, pero visto el panorama actual y los números de los últimos estrenos creo que es la solución menos mala. Es una película contundente, seca, violenta, muy del estilo de Grupo salvaje de Peckinpah. No te digo que es una rara avis en nuestro cine, pero es un cine que, más allá de cómo está contado, es puro thriller, y tiene una reflexión acerca de la moral y de las decisiones a tomar en momentos limites del ser humano que creo moverá al debate, que es también lo que le pides a una película, que más allá de entretener nos haga reflexionar.

Has finalizado también el rodaje de La hija, la serie Reyes de la noche y trabajas ahora mismo con la continuación de la serie Estoy vivo. ¿Estás en un momento en que ya puedes elegir proyectos o siempre está ese miedo a un trabajo de rachas y que un día no suene el teléfono?

En la profesión de actor, el actor vive en el filo de la navaja. Pero no solo el actor sino todos los que nos dedicamos a la cultura, mira cómo están los compañeros técnicos en este tiempo de pandemia, hay gente que se ha quedado muy atrás y le va a costar mucho volver a la línea de salida.

En ese sentido, yo me considero un privilegiado, pero sigo teniendo miedo a que el teléfono deje de sonar, por eso muchas veces me veo metido en esta rueda, en esta espiral de no parar que se debe principalmente a mi adicción al trabajo y a mi amor por el oficio.

Vivo cualquier trabajo desde la pasión, desde las ganas que tengo de ayudar a un proyecto a que salga adelante, de ser el vehículo para contar una historia y el día que esas ganas se me pasen tendré que dedicarme a otra cosa. No entiendo esta profesión sin esa pasión y sin ese ardor guerrero a la hora de enfrentarme a un personaje.

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Ahora hablamos del éxito de tus películas. Pero siempre has trabajado en proyectos arriesgados. La isla mínima, que es la película que podemos afirmar que marcó una inflexión en tu carrera, en su momento también era un riesgo: interpretabas a un personaje más oscuro, con mayor doblez, viniendo de personajes más amables. Es una película en la que asumías como actor un riesgo…

Creo que en cualquier proyecto asumes un riesgo y más siendo protagonista. Si mañana protagonizas una serie o una película y no funciona eres uno de los máximos responsables de que eso no haya funcionado, tengas culpa o no. Esto es como el entrenador de fútbol, el primero al que se le corta la cabeza es al que dirige el banquillo; pues un actor, junto con el director, siempre van a ser las personas donde se ponga el foco, cuando algo funciona y cuando no funciona. En ese sentido, siempre hay una responsabilidad más allá de la tarea dificultosa o no de encarnar un personaje.

En el caso de La isla mínima yo venía, como bien dices, de hacer mucha comedia y series de televisión con personajes amables y eso fue una apuesta de los productores y del director por un actor que en teoría no estaba llamado a ese registro. Para mí no era tal responsabilidad, quizá el balón estaba más en su tejado, porque yo confío en mis posibilidades. No sabía cuál iba a ser el resultado, pero sí sabía que iba a dar lo máximo de entrega y de oficio.

Has participado en películas muy exitosas —artística y comercialmente—, pero que en principio eran difíciles. La isla mínima era una película complicada, pero Campeones le costó tiempo a Fesser para sacarlo adelante, y con Vergüenza llevaban una década intentando poner en marcha la serie. O El autor. No son películas fáciles o que parezcan que vayan a tener un éxito…

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Efectivamente, Estoy vivo.

Estoy vivo es una serie para una cadena generalista para una audiencia de una mediana edad, de una edad más adulta, y tiene todos los ingredientes para convencer a una audiencia mucho más juvenil, y sin embargo se consigue. No sé.

Siempre digo que tiene que ver mucho con el factor suerte, en esta profesión más allá de muchos ingredientes, está la suerte; y si la suerte te acompaña… Creo que he tenido suerte últimamente con los proyectos, también supongo que he hecho buenas elecciones o quiero creer que lo he hecho, eso también cuenta.

Pero nunca sabes qué te depara esta profesión, igual crees que es caballo ganador y te das un golpetazo.

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En alguna ocasión has comentado que el guion es el 50% de tu trabajo como actor. Pero ese otro 50%, el que aportas como actor, los gestos, los movimientos... ¿Cómo trabajas esa parte? ¿Cómo consigues esa naturalidad que se transmite en la pantalla?

Siempre digo que hay diferentes modos de ver esta profesión y de trabajar. Evidentemente, yo no me sumerjo en lo metódico, ni soy un actor del método, ni me llevo el personaje a casa, pero sí soy un actor que disfruto mucho con el proceso de creación. Para mí es básico el diálogo con el director y con los guionistas, y saber por qué han confiado en mí, qué quieren de mí, cómo es el personaje y cómo lo ven ellos, que son los que lo han escrito y van a dirigir la historia. Y qué puedo ofrecer yo para que eso llegue a buen puerto.

Más allá de eso, evidentemente, yo tengo una forma de hacer, una forma de moverme, un cuerpo, una cara, de la que no puedo deshacerme, y eso es lo que trato de aportar también en todas mis interpretaciones. No huir de mí mismo.

Muchas veces me he preguntado por qué yo soy un actor tan popular o lo que decías tú ahora, que de repente funcionan trabajos que a priori no están tan llamados al éxito. Yo quiero creer que encarno al españolito medio y soy un actor muy reconocible para el espectador como en su día fueron José Luis López Vázquez o Alfredo Landa. Y de hecho me enorgullece mucho que me den un premio que lleva el nombre de Antonio Ferrandis porque yo me miro en ese espejo, en esa generación de actores.

Valoro mucho la escuela americana, la inglesa o la del este, desde luego, pero por encima de todo, mi ADN, mi naturaleza, es la de este país. Por eso te decía que tengo una forma de moverme, un carácter que, independientemente de los personajes que yo interprete, tienen mucho que ver con este país y con nuestra gente y nuestra cultura.

Ese espejo para mí es vital, cuando hice Sátur con Águila roja me empapé La marrana con el personaje de Alfredo Landa; y para hacer La isla mínima uno de mis referentes fue el personaje de Alfredo Landa en El crack también. Bebo mucho de trabajos anteriores y me miro en ese espejo y muchas veces me veo haciendo cosas que he visto hacer a esos actores.

Yo no sé si está ahí el éxito o no, pero quiero pensar que parte de ese éxito, o cuando los espectadores se acercan a cualquier trabajo mío, reconocen —a lo mejor de una forma inconsciente— esa cosa de españolito medio.

Tienes una capacidad de transmitir comicidad en un drama, por ejemplo, tu personaje de El olivo, engañado y sobrepasado por la crisis económica; y, al contrario, en comedia, les das a tus personajes un toque dramático, como Estoy vivo o Vergüenza que, dentro de esa comicidad, el fondo es muy dramático.

El más claro ejemplo de lo que me estás diciendo es Vergüenza. Me enfrenté al personaje desde el drama, nunca viví Vergüenza como una comedia, es más, se lo dije a los autores, a Juan Cavestany y a Álvaro Fernández Armero: «vamos a huir de la comedia». Todo lo que sea explotar la comicidad de forma seria, pero desde la verdad más absoluta, nunca jugando a favor de la risa ni de ser complaciente, siempre arriesgando mucho más, y yo creo que los actores en ese sentido hemos ido mucho más allá de las líneas que había en el guion; creo que es parte del éxito de la interpretación de Malena Alterio y yo en Vergüenza.

Para mí la comedia es algo muy serio y lo trabajo desde la seriedad y la verdad, porque si no es así no me interesa la comedia, yo no soy un cómico. Yo soy cómico de la vieja tradición, como cuando dijo Javier Bardem que les dedicaba el Oscar a los cómicos de su país, en esos cómicos sí me reconozco, pero no en los cómicos de comedia porque yo no sé hacer comedia, a mí me pones en un teatro delante de un micro para hacer un monólogo, y salgo despavorido… En ese sentido, la comedia la veo como algo muy serio y no me gusta que la comedia esté tan maltratada y goce de tan poco prestigio.

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De hecho, a través de la comedia muchas veces se explica mejor la realidad de una sociedad.

Vota a Juan y Vergüenza son dos claros ejemplos de la realidad de este país, comedias muy cercanas a lo que a mí me gusta.

Ahora que hablas de la realidad de un país, haces una clase de cine en la que se muestra cómo es la sociedad en la que vivimos: El olivo es un claro ejemplo, además es la película que has escogido para proyectar en la gala de entrega del galardón del festival; Vergüenza de la que ya hemos hablado, pero también Hogar que es un thriller donde en el fondo se habla de las contradicciones del sistema capitalista, de la crisis, del egoísmo…

No me interesan los trabajos tibios. Si puedo elegir, y yo no es que pueda elegir mucho tampoco, pero si puedo elegir prefiero hacer trabajos que vayan más allá del puro entretenimiento.

La elección de la película de hoy de El olivo, y se lo he dicho al público en la presentación de la proyección, por encima de cualquier cosa —además de ser una película que se ha hecho aquí, a una hora y media de Paterna, de Valencia, en el interior de Castellón—, sobre todo para mí es un homenaje a la gente mayor que ha muerto durante la pandemia, que la hemos dejado morir de una forma vil, la sociedad, sobre todo nuestros políticos, con una falta de sensibilidad, de empatía, de escrúpulos, que a mí me ha dejado frío. Esta película, que habla sobre el amor de una nieta y su abuelo, me ha parecido un homenaje precioso, un fiel reflejo.

Y creo que también tenemos que ahondar en eso porque el cine no solo es entretenimiento, en el cine tenemos que abrir los ojos, el alma, el corazón, aclarar las ideas al espectador… Creo que El olivo, más allá de lo cuenta de la crisis de valores, de la venta de los olivos, está ese amor generacional que estamos perdiendo.

Nos estamos volviendo egoístas, nos estamos volviendo fríos, calculadores, como el personaje de Hogar, que da la espalda a su familia por conseguir mantener ese puesto en la sociedad, manteniendo su puesto de trabajo pasando por encima de sus seres queridos, y conseguir otra familia si hace falta por lograr lo que él quiere, que es precisamente no perder ese estatus.

Escribe Luis Tormo | Fotos: Festival Antonio Ferrandis, Universal Pictures Spain y Entertainment One 

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