Entrevista con Nata Moreno, directora de «Ara Malikian, una vida entre las cuerdas»

  01 Junio 2020

«Lo interesante de esta historia era lo que lo hacía universal, no lo que lo hacía único»

nata-moreno-2En el marco de las actividades que realiza el Cine Club Lys de Valencia, en el que se proyectan pases de películas que han sido seleccionadas en los principales festivales, así como presentaciones y coloquios, se realizó el pase de Ara Malikian, una vida entre las cuerdas, dirigido por Nata Moreno. La película es un documental sobre la vida del conocido violinista en el que muestra su trayectoria artística y personal. El filme obtuvo el Goya al Mejor Documental en la pasada edición de los Premios Goya de la Academia del Cine Español.

En este pase estuvo la directora Nata Moreno y pudimos mantener una entrevista en la que nos habló del enfoque del documental y los retos que supuso enfrentarse a u proyecto de estas características.

Al estar tan cercana al personaje protagonista del documental ¿tuviste alguna duda, algún miedo o alguna dificultad a la hora de encarar el proyecto?

Sí. Tenía que investigar la parte del genocidio que para mí era prácticamente desconocido y luego tuve que ir al Líbano para entender de dónde venía este hombre. Ver el país, ver la ciudad de Beirut. Y sí, estaba aterrada. Es difícil contar la historia de tu pareja porque en este caso para mí era importante quitar todos los prejuicios para poder dejar la voz real del protagonista. Uno cuando dirige o cuando escribe puede contar lo que quiera. Yo puedo coger ese metraje y montar lo que quiera, poner mi discurso.

Eso de que el documental es objetivo, no es así…

No es verdad. Eso no existe porque una siempre tiene su mirada, pero como creadora yo me marqué el objetivo de intentar, como una obligación, dejarle hablar a él, dejar que fuera él la voz, no llenarlo de mis prejuicios; por ejemplo, no quería el catastrofismo tipo «cuéntame la guerra» porque él no le daba tanto valor a la guerra pues para él era más importante el racismo o la soledad. Me dejé llevar mucho por la intuición de escucharle a él.

¿En algún momento tuviste la tentación de apartarte, de no enfrentarte a este proyecto?

He estado con este proyecto cinco años y creo que eso me ha salvado, ese tiempo. Hay veces que me he separado seis meses del documental y ni lo he mirado porque no podía más: era una historia muy cercana, porque la historia está viva y porque vives con la historia. Tienes tus conflictos, tus enamoramientos y desenamoramientos con el protagonista de tu historia.

En este sentido el tiempo me ha servido para marcar distancias, pues en medio he podido hacer publicidad, otras historias. Me ha servido para respirar porque estaba tan cerca… Pero sí que es cierto que como Ara estaba tanto tiempo de gira, las cajas, las fotos, me han servido para estar cerca de él, no me siento alejada del documental, siento que ha sido un proceso sanador para mí y siento que ha descubierto a la realizadora que yo soy.

Nosotros no conocemos personalmente a Ara Malakian y ahora tenemos este documental ¿Qué has descubierto tú de él al realizar el filme?

Ahora que han pasado cinco años desde que empecé a hacer el documental me parece curioso que las historias se cierren. Yo recibí 25 cajas de un hombre que había estado guardando ese material porque su hijo estaba lejos y yo ahora que miro esta historia cuando empecé a crearla estaba embarazada de mi hijo, pero cuando empecé a grabarla y a implicarme de una manera muy fuerte, a seguirle y después quedarme en casa para montar, escanear las fotos o sacar los videos, Ara estaba lejos también. Él estaba de gira a lo bestia, se estaba haciendo muy famoso en ese momento y esa fue la forma de tenerlo cerca, lo veía en las fotos todos los días.

Y mientras le grabé pude descubrir que era profundamente generoso conmigo y con los que vemos su historia. No es fácil ocupar un sitio de fama, pierdes intimidad y te sientes juzgado por todos; y a mí me parece que hace un ejercicio de apertura superbonito, y sí, descubrí a un hombre muy generoso, mucho más de lo que yo creía, descubrí partes de su vida que me había contado a pinceladas, “vivir una guerra” parece un titular pero no es cualquier cosa.

Descubrí también al artista, la pasión, historias como que se dejó operar unas anginas para que no lo echaran de un país. En realidad lo que tiene que ver es con conseguir sus sueños y Ara es un personaje que lleva sus sueños hasta las últimas consecuencias y creo que eso hace que su música nos llegue con ese nivel de entrega porque él es absolutamente auténtico en eso, no hay invento, no hay una discográfica detrás que diga: «ponte este pelo». Todo lo que vemos es lo que hay.

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El documental se centra en una persona que actualmente es una figura de la música, una estrella, pero en el fondo es un relato sobre un inmigrante. La primera parte es una persona que lucha por encontrar su sitio fuera de su país.

Esa era una de mis miradas. Imagínate, yo podía haber contado la gira, mostrarlo como una estrella, sacar los shows de la tele; de hecho mucha gente me decía que invitara a amigos suyos, a artistas del entorno de la música, pero a mí me parecía que lo interesante de esta historia era lo que lo hacía universal, no lo que lo hacía único. Ser una estrella es algo casi extraordinario, pero lo especial era narrar la historia de un ser humano que ha sobrevivido a un conflicto tan grande y que tiene una vida tan compleja.

Hay un recurso que utilizas particularmente hermoso que es el uso de los silencios, al menos en la primera parte de la película, dejando que la cámara le enfoque en silencio en las entrevistas.

Sí, volvemos a esta cosa de que uno como realizador puede construir la historia al ritmo que desee. Yo descubrí grabando a Ara que había partes de su historia que no podía ponerles una palabra. No sé cómo se dice muerte o cómo se dice guerra cuando lo has vivido; yo les ponía silencio pero veía la palabra en sus ojos. Era un reto grande pero confié en ese camino, pensé que si yo lo podía ver también lo podía ver el espectador. Creo que eso le da mucha potencia porque las palabras, a veces, se quedan cortas para definir todo lo que le pasa a un ser humano por dentro, es por eso que dejo la cámara y lo ves rascándose o con la mirada fija.

Hay un momento que es muy específico para mí que es cuando él habla y hace un chiste; dice: «Podíamos haber ido todos al sótano» y se está riendo con una sonrisa gigante y a continuación, en un segundo, calla y viene la mirada real y ahí yo pongo una voz en off que habla del genocidio. A mí en esos silencios me hace imaginar que están todas las historias de las que uno no habla y esa era mi intención sosteniendo esos silencios. Esos momentos me parecen oro, cuando vemos a una persona en su esencia es cuando se calla, ahí lo vemos todo.

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Intuimos que debe haber sido complicado la gestión de todo el archivo y los diferentes formatos, desde las fotografías, las cintas VHS o los audios para que todo encaje al final.

Han sido cinco años de mi vida, un trabajo muy complejo, solo visionarlas y seleccionar aquello que quería contar de todas esas partes ha sido un trabajo muy arduo, pero también muy apasionante. Hice 29 montajes y este es el definitivo.

He trabajado lo indecible para aunar formatos porque tenía mucho material, pero mucho de este material era sobre los conciertos de la última época. Pero fotografías personales solo tenía un álbum pequeño que me dio mi suegra.

Con mi inexperiencia empecé a grabar con el móvil, luego me compre una cámara pequeña y seguí grabando y después para las entrevistas largas alquile una cámara grande. De esta forma me encontré con una variedad de formatos y he tenido que pelear con ellos; y también quería ser respetuosa con el formato, entender que el formato cuenta algo, el Super-8 dice algo, cuenta la época; y la pantalla rayada y el sonido malo, cuenta algo. He intentado, y más teniendo en cuenta que no he contado con una financiación pues lo he hecho yo, respetar lo que había pues sentía que eso era parte de la historia también.

Tienes dos cortometrajes de ficción, Le Chat Doré, que habla sobre la creación artística y Al’Amar sobre la inmigración; son dos cortos que resumen los temas del documental: uno habla sobre la creación artística pues Ara está buscando también su camino en la música, y el otro nos habla sobre la inmigración.

Estos dos cortos los grabé en medio del documental, en esos parones que tenía mientras lo hacía. Los grabé en medio y sería de forma inconsciente investigando en el mismo asunto. El primero habla del 21% del IVA que para mí era un tema que necesitaba reivindicar y el otro habla de inmigración femenina, de una madre, porque también es un tema que me toca. No he inmigrado con un hijo en mis brazos, pero creo que estamos muy acostumbrados a estar a la hora de la comida, poner el telediario y que nos digan «dieciséis mujeres y sus bebés han muerto en la costa» y seguimos comiendo. Una vez me paré a pensar cómo deben ser esas horas en medio del mar pues yo tenía un bebé también, cómo debe ser que no tengas leche, cómo es ponerse en esa piel, y eso marca mi línea como creadora.

La película transmite un mensaje esperanzador a pesar de lo que cuenta, quizá por la propia personalidad de su protagonista, sin embargo la realidad que nos rodea no parece tener esa esperanza tan clara y no sé si avanzamos. Ponías imágenes de Beirut de la realidad actual y no se diferencia de las de hace décadas.

Creo que vamos para atrás. Cuando decidí contar una historia de inmigración te puedes imaginar la cantidad de archivos que hay de la guerra del Líbano. Pero me pareció que era más interesante contarlo con imágenes actuales precisamente para hacer una denuncia sobre esos 30 años que han pasado y todavía seguimos en las mismas. No necesito irme a un archivo porque el archivo está vivo, a día de hoy en el Líbano hay cinco millones de refugiados sirios que no tienen futuro y están ahí congelados y eso había que mostrarlo.

A mí me asusta el momento histórico que vivimos respecto de la inmigración. Creo que cada vez hay más susto, más racismo, racismo selectivo, le tenemos miedo al inmigrante pobre no le tenemos miedo al inmigrante rico, al futbolista no le tenemos miedo, a Ara hoy en día no le tenemos miedo…

Pero tendríamos que replantearnos todo el tema, si sientes miedo de una mujer marroquí que viene sin el idioma, sin una carrera, con dos hijos, sin dinero para comer. Si sientes realmente que te va a robar algo mira a ver dónde estás tú posicionado. Hay que hacer una autocrítica y preguntarnos a quién vemos como enemigo. Antes cuando alguien venía de otras culturas nos enriquecía y ahora se ve como algo terrorífico que como no lo paremos parece una locura.

Escribe Luis Tormo  

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