Oriol Paulo y Eduard Fernández nos hablan de «Los renglones torcidos de Dios»

  29 Septiembre 2022

«Me gusta que el espectador sea activo en la película»

entrevista-oriol-paulo-eduard-fernandez-1Tras su paso por la 70 edición del Festival de Cine de San Sebastián tuvo lugar en los cines Kinépolis València el preestreno de la película Los renglones torcidos de Dios, en el marco de los Preestrenos del Festival Antonio Ferrandis de Paterna.

Dirigida por Oriol Paulo (El cuerpo, Contratiempo, Durante la tormenta o la serie El inocente), Los renglones torcidos de Dios es la adaptación a la gran pantalla de la famosa novela escrita por Torcuato Luca de Tena y publicada en 1979.

En ella, Bárbara Lennie interpreta a Alice Gould, una investigadora privada que finge una enfermedad mental para ingresar en un psiquiátrico y conseguir pruebas de la muerte de un interno en circunstancias misteriosas. En aquel lugar desconcertante, Alice comenzará a cuestionarse su propia cordura y a plantearse si, en realidad, es la principal sospechosa de un juego donde nada es lo que parece. Eduard Fernández da vida al enigmático director del centro, acompañado de Loreto Mauleón, Pablo Derqui o Adelfa Calvo, entre otros.

El filme es una producción de Nostromo Pictures, Atresmedia Cine y Filmayer. La distribución corre a cargo de Warner Bros. Pictures España, que estrenará la película el próximo 6 de octubre en las salas de cine de toda España.

La proyección ha contado con la presencia del propio realizador y del actor Eduard Fernández, ganador de 3 premios Goya y considerado uno de los intérpretes más importantes de nuestro país. Con ellos, y con la presencia del joven actor valenciano Samuel Soler, que debuta en este filme, hemos conversado sobre el proceso de la adaptación del original literario, el thriller y los diferentes aspectos técnicos e interpretativos del filme.

¿Cuáles son las razonas para involucrarte en el proyecto de adaptación de la novela de Torcuato Luca de Tena, una obra de finales de los 70 escrita con cierto aire decimonónico?

Oriol Paulo: Lo primero es que es una película que me llama Atresmedia y Warner y me la ofrecen. Por lo tanto, me ofrecen hacer la adaptación pues tienen acceso al título; yo había leído la novela, sabía el peso que tenía y el vértigo me hizo salir corriendo; y tardé como unos seis meses en aceptarlo.

¿Por qué lo acepte? Pues porque mientras estaba huyendo empecé a pensar en el recuerdo que yo tenía de esa novela de cuando la había leído y en lo mucho que me acordaba del personaje de Alice Gould, un personaje fascinante. Volví a leer la novela, llamé a Guillem Clua, guionista y dramaturgo que el año pasado fue Premio Nacional de Teatro, y le planteé el reto de cómo podríamos adaptarlo sabiendo que es una novela escrita hace más de 40 años para una España muy distinta, para un público muy distinto y un medio también distinto que es el literario; cómo podríamos hacer que esta película se sintiera actual y, a la vez, conservara el espíritu original.

Y para mí eso significaba hacer una película sobre el personaje de Alice Gould, situando el foco en cómo esa mujer es capaz de poner en jaque a toda una institución mental, concretamente frente al personaje de Eduard. Nace de la fascinación por este personaje.

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Y tú Eduard, cuándo te llega el proyecto ¿habías leído la novela? ¿Conocías el personaje?

Eduard Fernández: No. La leí entonces. A mí no me parece decimonónica, me parece un clásico y los clásicos tienen un carácter atemporal aunque esté anclada en un momento y la veas con un look de una cierta época. Me pareció que era buena y había que actualizar algunas cosas a hoy en día, pero me parecía que la síntesis, el intríngulis, era muy atractivo; y la dificultad era sobre todo para el director y el guionista, para ver dónde hincaban el diente.

Una vez leí el guion me pareció que era un personaje que estaba muy bien. Yo al principio nunca sé… Tengo que ir investigando, leyendo, releyendo, hablando mucho con Oriol, ensayando con él y con Barbara Lennie. Le decía: «Son dos grandes egos que compiten con la palabra».

Esto es la pelí, además de muchas otras cosas, como todos los enfermos que están en el sanatorio, de una intriga más de thriller, y creo que está muy bien conjugado todo y que el espectador tiene que estar atento para no perderse nada, con la sensación de que está a punto de perder el hilo, y eso le hace estar muy atento, muy entregado a la película.

Tú personaje gana peso aquí.

Eduard: ¿Verdad? Yo dije lo mismo. A mí me lo parece. Coincido con eso. Yo pensaba: «¿Mi personaje sale en la novela?», pensaba que casi no salía, lo veo más presente en la película. Pero eso es Oriol.

Oriol: Para mí y hablando también con gente cercana a la familia, y alguno de ellos incluso me ha defendido que el verdadero protagonista es Alvar, cosa que yo no estoy de acuerdo, creo que la protagonista es Alice Gould y el antagonista, entre comillas, es Alvar. Pero la sensación creo que es por el hecho de que la novela es inabarcable.

Cuando me senté con Guillem Clua y decidimos adaptarla el punto de vista era: «vamos a contar la historia de cómo una mujer en los años 70 es capaz de poner en jaque a todo un director de una institución mental». Y eso hace que en la película el personaje de Alvar gane más peso respecto a la novela por una sensación de la compensación a la que te obliga una película. Si tú haces Los renglones torcidos de Dios palabra por palabra necesitas una serie de tres temporadas. Para nosotros el ejercicio y el esfuerzo ha sido cómo condensar toda esa obra en una película.

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Cuando habláis de actualizar la novela sí está aquí presenta el tema de la importancia de la salud mental porque hay una línea muy frágil entre la cordura y la locura.

Oriol: De eso habla la película, de esa fina línea. Lo que hemos intentando también en la peli es que ya que estamos en una España en 1979, en plena transición, contar que dentro de esas cuatro paredes, en esa institución, se estaban ya produciendo cambios. Había una nueva psiquiatría que estaba intentando empujar a la vieja y que todo eso nos ha llevado a la normalización de la salud mental.

Pero sí que es verdad que la película, y en esto hemos intentado ser muy honestos, nos hemos asesorado mucho. Había psiquiatras con nosotros. Hemos intentado que todo lo que se ve en pantalla se sienta como real, incluso hemos realizado algún cambio respecto a la novela y hemos hecho un gran trabajo de atención a la figuración porque no son figurantes al uso, han sido seleccionados minuciosamente, cada figurante que pasa por el fondo tenía su patología, su diagnostico, su personaje, y había una persona con ellos para que todo lo que vemos que sucede en segundo plano, sea real.

El personaje de Alvar, que parece muy contenido en lo externo pero tiene mucha fuerza interior. ¿Cómo escoges el punto del personaje, el equilibrio?

Eduard: Tenía claro cuando empecé que además de actuar y hacer un personaje, había una parte que tenía que cumplir con un rol de género. Tenía que parecer el «malo» sin traicionar al personaje, tenía que ser consecuente con todo y me informe con algún psiquiatra y trabajamos con Oriol, y recuerdo una cosa que creo añadimos, que era que él está todo el rato confrontando con Alice, Alice está jugando conmigo pero yo me guardo las cartas, no registra nada, aunque parezca que gana ella, él ni se inmuta…

Y viene a decir de alguna manera que ella está enferma, pero que hay una parte de ella que está jugando con nosotros, que nos está vacilando. Y ella es consciente de eso. Y si sigue haciendo eso, mi personaje tendrá que tratarla como enferma. Todas estas cositas son las que hacemos…

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La película tiene mucho que ver con tus temas, con esa búsqueda de la verdad, con ese juego con el espectador.

Oriol: A mí hay algo, que supongo lo llevo en la sangre, y es que me gusta que el espectador sea activo en una película. Es algo que yo como espectador he disfrutado y he agradecido muchísimo; plantear las historias proponiendo al espectador que sea activo en el visionado. Y muchas veces cuento lo mismo, uno de los recuerdos que tengo de niño es que mi abuela era una gran lectora de novela de misterio y con catorce años me iba a dormir y estaba leyendo a Conan Doyle o Agatha Christie y no podía parar, porque si paraba no podía dormir. Y supongo que hay algo de ese niño que sigue estando en cómo abordo las películas.

Samuel ¿cómo ha sido para ti trabajar en tu primera película en una gran producción como esta y con actrices y actores como los que participen en Los renglones torcidos de Dios?

Samuel Soler: para mí debutar así es debutar a lo grande. De no hacer nada a debutar en un papel doble con gente tan profesional es algo que voy asimilando poco a poco. Soy una persona que las cosas fuertes las asimilo poco a poco. Me dicen: «¿Tú eres consciente?». Y yo digo: «Sí, pero lo asimilo poco a poco».

Eduard: Eso pasa siempre. Asimilas lo que has hecho, pero no sabes qué repercusión va a tener.

Samuel: Luego, cuando se va acercando dices: «Esto va en serio. Estoy ahí».

¿Oriol tenías en la cabeza alguna referencia formal de películas con temática similar? Alguien voló sobre el nido del cuco, Shutter Island, Corredor sin retorno, incluso cosas de Kubrick con esos planos simétricos.

Oriol: Vimos mucho cine de los 70. Obviamente el inicio te puede llevar un poco a El resplandor, por el tipo de presentación, por el aislamiento. Pero hemos visto Alguien voló sobre el nido del cuco, Corredor sin retorno, Shutter Island, etc. Pero no las hemos visto para inspirarnos sino simplemente para ver cómo se habían rodado; por ejemplo, todo el mundo de la lluvia tiene que ver con una lluvia interior que hay en Corredor sin retorno, que me fascina.

Tengo una imagen grabada en la cabeza que es la del protagonista, en una tormenta interior que sucede en unos pasillos, y que temáticamente también tenía algo que ver con Los renglones torcidos de Dios porque es la historia de alguien que quiere ganar el Pulitzer y para ello se infiltra en un sanatorio para investigar un asesinato. Es muy anterior a Renglones, como Shutter Island es muy posterior.

Queríamos ver lo que se había hecho para a partir de ahí hacer una película propia, que fuera nuestra. Lo que sí hemos querido es que huela a película de los 70. Eso lo hemos buscado.

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Eduard, ¿estás en ese momento dulce de tu profesión que te permite elegir lo que quieres hacer o siempre hay que estar porque nunca sabes?

Eduard: Eso depende de ti. Es cierto que ganas con la madurez pero yo no sé si es bueno hacer lo que quieres. Creo que la dificultad está bien. Cuando los daneses hicieron eso del Dogma donde se ponían una serie de normas que dificultaba, esas cosas están bien. Ponerte dificultades. Otra cosa es hacer un dogma de eso. Pero amoldarte a lo que te ofrecen está bien.

Yo digo que estoy en esta profesión para conocer gente y en gran parte es verdad, conoces gente y tienes que ver cómo casas, cómo te entiendes, cómo llegas a un resultado distinto del que tú llegarías solo, es una profesión que está hecha para compartir. Hay gente muy buena en el cine y tienes que ver cómo casa todo, cómo entre todos hacemos una sola cosa; y para eso es importante la figura del director que señala la dirección en la que tenemos que ir todos. Y cuando eso pasa, es muy bonito.

Pero sí, estoy más tranquilo rodando. En cine sí. En teatro haré una cosa en enero y creo que serán los mismos miedos de siempre y temo el día del estreno, muchos nervios al salir a un escenario. En cuanto a la profesión, sí. Con un poco más de tranquilidad, el ego más en su lugar…

Y tú cumples 10 años ahora desde tu primera película como director, El cuerpo. ¿Cómo ves tu carrera en este periodo de diez años?

Oriol: Son diez años que han sido un regalo para mí. Tardé diez años en que me dejaran hacer la primera película, con lo cual he disfrutado mucho de estos diez años en que he podido hacer cuatro pelis y una serie para Netflix: me lo he pasado muy bien haciéndola, El inocente.

Sí que es verdad que llega un momento que, como Eduard, te haces preguntas o decides una dirección. Quería descansar tras El inocente, pero me ofrecieron esto y mi cabeza se puso a pensar en Alice Gould y, de repente, lo vi también como un reto. También hay que tener el valor para acercarse a una novela así. He aprendido a escucharme, a hacer lo que me apetece y a ser permeable con ciertas cosas.

Escribe Luis Tormo

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