Editorial julio 2008

  20 Julio 2008

¿Subversivos?
Escribe Adolfo Bellido López

Entrevistando

zapatero.jpgFue durante los primeros días del mes de julio de 2008 cuando una televisión privada, después de los celebrados acontecimientos de la Eurocopa felizmente ganada por la selección española, decidió entrevistar al Presidente del Gobierno.

Se trataba de enfriar los ánimos de la afición (casi todo el pueblo español) y devolverla a la cruel realidad de los problemas vascos y de la crisis galopante. Nada menos que tres “afilados” periodistas (por eso de la paridad había dos mujeres y un hombre) se disponían a tirar con dardos a ZP, al que sentaron frente a ellos. 

Para iniciar el debate, reducido a quince minutos, la periodista más sabihonda del terceto, mostró al presidente (y a los televidentes) un grueso diccionario para explicar cómo tal libro sagrado definía la palabra crisis. Y, por ahí, fueron los tiros y actuaron los troyanos, aunque el presidente, que llevaba bien aprendida la lección, por encontrarse en terreno poco amigo, se dedicó a discursear sobre lo que le parecía ante el asombro de los y las periodistas que no veían el momento de lanzar su mortífera carga.

Con todo, terminaron haciéndolo y no vean cómo. El periodista (único representante masculino, digo yo que por eso de la –sin– paridad) dijo que iba a hacerle una pregunta “puñetera”. Sí, así lo dijo, antes de preguntar a ZP si se iba de veraneo. Mientras que ella (la del diccionario), oronda y orgullosa por sus medidas palabras, pidió al presidente al final que fuera “monográfico” en sus explicaciones. Menos mal que entre sus manos tenía el voluminoso y querido diccionario para poder “soltar” tal divertido desliz. No hubo problema alguno, el presidente entendió lo que quería preguntar, no hizo ninguna objeción y contestó “monosilábicamente”.

Luego, caballerosamente, no dijo a dicha periodista que gracias por el disco regalado (Crisis? What crisis? de Supetramp) pero que tal disco ya se lo habían dado los del programa Caiga quién caiga (de otra televisión privada), pero que tal programa (grabado) no se pasaría hasta el día siguiente. Lista que es una para adelantarse a algo que ya se ha grabado pero que aún no se ha emitido. ¿Jugar con ventaja?

Haneke versus Haneke

objetivo_birmania.jpgTodo es cuestión de palabras. Veamos: No hace mucho hemos podido leer en una revista de cine que Funny games US es maravillosa porque (sí, así se puede leer) es un filme subversivo. Se pueden decir muchas cosas de esta “fotocopia” (aconsejo leer la critica que se ha publicado en nuestro Encadenados del filme), pero de ahí a considerarla como abanderada de la revolución hay un trecho.

¿En que se basa tal comentario crítico? Simplemente en aseverar que la grandeza de su director Haneke se debe a que ha copiado íntegramente su excelente y original Funny games realizado en Austria. Todo ello ante la propuesta de una productora norteamericana de realizar un remake de su título sobre la violencia (los mecanismos utilizados para llegar a, o apropiarse de, las personas, la forma de originarse, el papel predominante en el mundo actual).

La nueva versión es, pues, la misma versión anterior sólo que con actores diferentes. El director dice que ante la llamada del amigo americano no solamente permitió que se hiciese el remake sino que optó, también, por ser él quien lo realizase (?). Y, además, para que el pueblo americano (y el resto del mundo donde se vende sobre todo cine norteamericano) vieran todo lo que no vieron en su filme austriaco, copió plano a plano la primera versión.

Eso sí, el “tono” de color es algo diferente y los actores son más conocidos que los de antes, pero no mejores. Estamos pues ante una (foto) copia total del primer filme. El director se ha decantado por copiarse a sí mismo, quizá por lo dicho o quizá porque era más sencillo hacerlo así, antes de enfrentarse a otra forma de re-encauzar la historia. Y de todas formas cobrar una elevada cantidad de dinero sin demasiado esfuerzo. 

¿Es novedosa la propuesta del director austriaco? No lo es en absoluto. En los primeros tiempos del cine sonoro ya se optaba por esta forma de realizar películas... como forma de comercializar el recién descubierto cine sonoro a los espectadores de todo el mundo: se cambiaban los actores originales (de la versión norteamericana) por los actores de otros diferentes países. Era la forma de que tal título llegará a otros países: filmando varias versiones (al mismo tiempo) de la misma película. Y es que en los primeros tiempos del cine sonoro aún no se conocía eso del doblaje y, claro, había que hacer que las películas (norteamericanas) pudieran llegar a cualquier parte para seguir siendo dominantes en el panorama internacional.

Remakes para todos los gustos

rashomon.jpgPosteriormente, a lo largo de la historia del cine, ha habido otras formas de “re-visionar” películas, de obtener nuevas versiones, bien realizándolas los mismos directores o bien poniéndolas en manos de otros diferentes. En el primer caso se pueden citar las dos  diferentes películas (inglesa y norteamericana) que Hitchcock realizó sobre El hombre que sabía demasiado.

Dirigidas por otros realizadores hay varias películas norteamericanas “copiadas” de otras de diversos países, ya sean francesas, italianas, españolas u orientales, como se demuestra con títulos (al menos dobles) tales como  Tres solteros y un biberón, Sabrina, Aquí un amigo, Perfume de mujer, The ring, Abre los ojos, El orfanato, Los cronocrímenes...

Y, en este apartado, no se puede olvidar la gran ocurrencia de Gus Van Sant (¿sería la que disparó el encendido de la bombilla de Haneke?), lindante con la “genialidad”: consiste en fotocopiar por partes (no plano por plano, ya que la duración de su filme es menor que la del original) la inigualable Psicosis de Hitch, película que había sido ya objeto de varias secuelas.

Pero junto a esas fotocopias hay, en verdad, grandes variaciones o remakes más o menos encubiertos que han dado lugar a grandes películas. Así, Howard Hawks realizaría tres variaciones sobre el mismo tema (Río Bravo, El Dorado, Río Lobo). Un director, Hawks, experto en dar la vuelta a sus propias películas: Bola de fuego reconvertida en Nace una canción.

Pero para expertos en realizar títulos reflejados en otros propios, nadie mejor que Raoul Walsh con dos filmes semejantes y que se desarrollan en diferentes escenarios: Objetivo Birmania y Tambores lejanos.

Aunque alguien crea que puede resultar imposible, existen excelentes películas basadas bien en títulos televisivos (algunos también importantes) o en filmes mediocres (o ignorados).

rio_bravo.jpgEn el primer caso podemos reseñar 12 hombre sin piedad (Lumet lleva al cine una película televisiva realizada por Schaffner) o Días de vino y rosas (Edwards hace los propio del original de Frankenheimer). En el segundo estarían títulos tan emblemáticos como ¿Víctor o Victoria? de Blake Edwards o Ariane y Con faldas y a lo loco de Wilder.

Y aun se puede hablar de títulos famosos que han dado lugar a múltiples variaciones. Un claro ejemplo de director utilizado como referente de infinidad de referencias es Akira Kurosawa.

Así, Rashomon se abre al menos a Cuatro confesiones de Ritt y a Las girls de Cukor (1). Mientras que Por un puñado de dólares de Leone bebe de Yojimbo o Los siete samuráis da pie a películas tan dispares como (la brillante) Los siete magníficos de Sturges o (la mediocre) Los siete magníficos del espacio Jimmi T. Murakami, sin olvidar toda la serie que siguiera al septeto de Sturges derivado posteriormente (con todo lo discutible que se quiera) hacia filmes como Doce del patíbulo de Aldrich.

De todas maneras, el título más curioso que bebe en los samuráis y magníficos es el filme de animación Bichos de John Lasseter (Pixar, por supuesto). Eso quizá sí sea una clara subversión. Lo de Haneke, por el contrario, produce un poco de tristeza por eso de la vergüenza ajena: es un gran realizador que no tiene ninguna necesidad de dedicarse a hacer fotocopias para ser conocido. Una pena.   

*****

(1) Pero no se identifica con otros títulos que, no se sabe bien por qué, denominados hijos de rashomon por el simple hecho de contar historias desde diferentes puntos de vista. Eso no es lo que propone Kurosawa. Su filme indaga sobre la verdad a través de distintas versiones del mismo hecho. No es lo que pretende, por citar un título reciente, En el punto de mira, donde el punto de mira de un personaje no pone en evidencia la mirada de los otros. Simplemente las distintas visiones van cerrando el puzzle, explicando la trama. Algo que no es la idea, ni mucho menos, que el gran director japonés expone en la inquietante Rashomon