Editorial enero 2009

  02 Febrero 2009

Y el mundo marcha
(a modo de resumen cinematográfico del año 2008)
Escribe Adolfo Bellido López

quemardespouesdeleer0.jpgAcaba de terminar un año de cine y comienza otro sin discontinuidad alguna. Al fin y al cabo nada ha cambiado, el tiempo es el mismo. Tan sólo ha ocurrido que hemos atravesado el puente que señala el paso de un día al siguiente y que más o menos arbitrariamente (re)marca el cambio de un año al siguiente. Una forma de obligarnos, entre otras cosas, a reflexiones o entelequias sobre el cine de anteayer, ese que ya es historia o ha quedado sujeto al juicio del tiempo para conocer realmente su valor.

Eso sí, en este año entrante de lo que más se hablará es de la crisis, y, más concretamente este mes de enero girará, entre muchas otras “peloteras”, alrededor del sorprendente remake madrileño de la divertida película de los hermanos Coen Quemar después de leer, uno de los títulos sin duda, al menos para mí, destacados del año, en cuanto representa un cine adulto, divertido, con grandes actores (¿cómo es posible que no sea nominado Brad Pitt a los Oscar como actor secundario por este filme?) cocinado por tan singulares y “sanguinarios” hermanos.

Parece, realmente, contagioso eso de los espías que espían a otros espías. Por eso Madrid y su Comunidad trata de imitar este didáctico filme. Proponemos que si algún día se rueda tan singular historia sea nombrado con títulos tan apropiados como “El trío de la bencina”, “Sangre en enero”, “La conjura de Madrid”, “El órdago de la tigresa”, “El mudo, la presi y el tapado”…

Lo que quedó atrás

cityofember0.jpgEl pasado año fue el momento señalado para que el Imperio y Oliver Stone despidieran con enfado a un Presidente que equivocó su camino. En el pecado ni siquiera alcanzó la penitencia. Su problema fue una obcecación: dedicarse a la política en vez de trabajar/actuar (como hiciera su compañero Reagan antes de ser coronado como amo del universo) en el mundo del espectáculo. Seguro que, si lo hubiera hecho, se hubiera convertido en uno de los más grandes cómicos de Hollywood. Una carrera perdida en aras de una desastrosa Presidencia.

La película de Stone (W) estaba a la altura de tal presidente en cuanto es un muy mediocre biopic, de imágenes, eso sí, menos “mareantes” que las usadas normalmente por el director. De todas maneras W, por sí mismo, ya marea bastante. La mayor sorpresa es que el filme de Oliver Stone (1) fue proyectado (como estreno absoluto en España) en la segunda cadena de TVE el mismo día de la toma de posesión de Obama. Y es que Bush ni siquiera resulta rentable para los cines.

Mientras se marchaba W, las pantallas de los cines “iluminaban” el camino para que no se perdiese, en su llegada, el nuevo presidente. Así metafóricamente se expresaba en City of ember. Un filme más curioso que interesante, que intenta reflejar el paso de una etapa de oscuridad a otra de luz. ¿Son los jóvenes, en la película, los que aplastarán y sustituirán al magnate ególatra y facineroso gobernante de la ciudad “enterrada”, encarnado por Bill Murray o pasaran el cetro al padre “tapado” representado por Tim Robbins? Curiosa reflexión.

Viviremos una sucesión de películas que se abren a los nuevos tiempos. Sin ir más lejos está a punto de estrenarse el nuevo filme dirigido por Eastwood, y que supondrá su despedida como actor. Pues bien, el filme aboga por una América de concordia en una historia que sugiere la transformación del propio personaje que tantas veces representó el actor. Gran Torino, ese es su título, desde su redundancia moralista señala, a su manera, el devenir de nuevos tiempos.

Críticas y críticos

tropicthunder0.jpgMientras los de siempre, bendecidos con hisopos episcopales, siguen tratando de imponer sus criterios, que como se sabe son los únicos válidos, la crítica (al menos la) de cine se encuentra dividida en varias facciones enfrentadas como si se tratase de enconados grupos político. Todos los corpúsculos se consideran, como es menester, en posesión de la verdad absoluta. Como es menester. La lucha de, y entre, los críticos se presenta de forma abierta o soterrada, repleta de luces y sombra, con sus espías y contraespías.

Los números o las estrellas que otorgan avalan una determinada significación crítica como bandera enarbolada frente a los números (¿acaso barras?) o estrellas de otros compañeros que proclaman, ante un mismo filme, sus gustos diferentes (claramente contradictorios). Un caos cuyo título podría ser  “Quién me compra un lío” o “Amenaza en la oscuridad”…

Todo está dispuesto para que comience el espectáculo. No se lo pierdan. Pasen y vean: críticos que se salen de determinadas películas mientras otros comentan que se aburren viendo tal filme que otros aseguran es maravilloso al tiempo que los de más allá adornan sus abigarradas críticas con repetidas metáforas en las que evocan el mar, el sol, o el desierto que (el crítico) recorrió en su particular circuito Dakar. O, quizás en algunos casos, sus envolventes letras, nos cuenten sus cuitas a la luz de la luna produciendo una alteración pudorosa de títulos o fechas. No hace mucho uno de esos críticos exultante ante tal espectáculo proclamó que Saura realizó hace muchos años Los chicos. Era la suya una confesión que antecedía a su introductoria al cine social auspiciado por la actual El truco del manco. Filme, aquel designado por el crítico, falsamente sauriano (era de Ferreri), que no vio casi nadie en su casi inexistente estreno. Algunos más, pocos, si pudieron contemplaron el primer largometraje de Carlos Saura protagonizado por chicos sin duda algo más (Los) golfos.

Por si no bastase, una parte de la crítica se ha empeñado en (a lo largo del año) elevar a los altares al más que discutible actor Ben Stiller por su más que mediocre Tropic Thunder y para que nadie se mueva a engaño, los “dichosos” críticos han decidido que tal filme (para escarnio del gran cine americano han decidido que tal título es tan crítico con el mundo del cine, y sus entresijos, como en su día lo fueron películas tan logradas como Cautivos del mal o El juego de Hollywood) posee la misma genialidad que el cine de Judd Apatow (2). Para estos excelentes visionarios analistas cinematográficos, tal “creador” es el “padre” de la actual (innovadora, genial) comedia americana como demuestran la mayor parte de sus maravillosos filmes conocidos con sabrosones títulos: Virgen a los 40, Supersalidos, Superfumados, Lío embarazoso, Hermanos por pelotas…  Lindezas sólo comparables a las realizadas por esos dos hermanos, grandes dioses de la actual comedia (americana, por supuesto), los Farrelly.

Hace tiempo, en una galaxia cercana existían críticos que proclamaban la excelencia de películas tales como la españolada (perdón, española) Los guerrilleros con Manolo Escobar de protagonista, que como se sabe hoy es objeto de sesudos estudios en la Universidad del País de Nunca Jamás. A lo mejor algo así ocurre con los filmes realizados por Apatow y sus muchachos.

La pobreza creativa de gran parte del cine actual se corresponde con la mediocridad  de una gran parte de la crítica. Y sálvese el que pueda.

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Familias, policías y gente de orden

A la mayor parte de los futuros espectadores de un determinado filme les da igual ser asesorados por una critica exclusivamente valorativa y por tanto subjetiva que por otra (menos light y cuya lectura precisa una actitud más reflexiva) que proponga un análisis profundo del filme y en la que se evita, incluso, cualquier tipo de valoración.

antesqueeldiablosepa0.jpgPara seguir centrados en el espectáculo no dejen de darse una vuelta por las revistas especializadas –o no– en la materia o por el apartado de crítica de cine de los diarios, por los blog u otros entornos cinéfilos y descubrirán ejemplos críticos de todo tipo incluso como los parabienes y los denuestos son proclamados para un mismo autor o título. Así ocurrirá ante la discutible obra de Shyamalan, el pastor que apacienta sus ovejas con sermones tremebundos, alucinados y psicodélicos, o con los escasos filmes realizador por James Gray, otro moralista de alto copete enrocado en su permanente discurso sobre la ley y el desorden, sobre la cantinela de familias unidas, o sobre términos como día-luz y noche-oscuridad foco de maldad y compañías malignas. Hay críticos que en vez de esos sermones prefieren recibir los de “padres” más profesionales tales como Scorsese, Schraeder o…  Lynch.

Varias de las películas que en el pasado año han hablado de historias familiares se han centrado (para que no haya duda) en el entorno de los “buenos” guardadores del orden: el estamento policial. En su organigrama no tienen cabida los corruptos. Los buenos como dioses fustigadores eliminan mafias (incluso las incrustadas en la propia policía), apalean emigrantes o clases marginales (“la escoria” de la sociedad) como forma de evitar que el sistema de valores (tradicionales) sea aplastado. Hay que hacer lo posible para que el poder siga estando en las mismas manos. Es la única forma de estar donde se está. Títulos como La noche es nuestra o Cuestión de honor son ejemplares en ese aspecto.

El contrapunto a tal idea lo pone un realizador que desde hace años viene escarbando en las cloacas de las ciudades, Sidney Lumet. Su ejemplar Antes que el diablo sepa que has muerto debería ser un espejo en el que deberían mirasen títulos de idéntica apariencia. Sin duda el filme del octogenario director es uno de los grandes títulos de este año.

Lumet es el único director en activo de la estupenda generación que llegó no de la lluvia sino de la televisión. Desde hace tiempo (equivocándose a veces), al ritmo de una película por año, sigue impartiendo excelentes lecciones. El director de Tarde de perros es también hoy prácticamente el último hombre vivo de su generación. El otro superviviente, pero inactivo desde hace un tiempo, es Arthur Penn. Dos compañeros de generación murieron hace poco, el último como quien dice ayer mismo. Hablamos de John Frankenheimer (al que hace unos meses dedicamos la sección Rashomon de nuestra revista ENCADENADOS) y de Robert Mulligan, que se despidió de la vida en los días que por imperativos “capitales” se ordenaba imponer, durante breves días, la paz entre los hombres (de buena voluntad, por supuesto).

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Robert Mulligan

Robert Mulligan representó, entre sus compañeros televisivos, la reflexión. Su cine está repleto de miradas, de silencios, de seres que observan y se paran un instante antes de decidirse a tomar una decisión. Hombres y mujeres (y jóvenes) que se preguntan sobre lo que deben hacer en planos en los que se encuadra al mismo tiempo al actor que observa (y piensa) y a los personajes (u objetos) sobre los que reflexiona.

Vean, si lo dudan, obras tan excelentes como Verano del 42, Matar a un ruiseñor, Verano en Louisiana (absurdo título escogido para su explotación en España ocultando el original mucho más apropiado: The man in the moon).

el_otro.jpgDirector que pasó como de puntillas por diferentes géneros pero que consiguió en ellos interesantes filmes, como el soberbio de misterio (o terror) psicológico El otro; el desencantado policiaco El hombre clave o el sereno western sobre la soledad, la violencia y la paz, La noche de los gigantes que, por momentos, incluso en sus planteamientos sobre el racismo, parece entrecruzar Las aventuras de Jeremias Johnson con Centauros del desierto. 

Cine el de Mulligan sobre todo de grandes actores en los que se apoyaba el director para obtener el mínimo gesto, y donde los niños (y los jóvenes) tenían un protagonismo especial en su afán por ocupar un sitio en la vida. Modélico, por ejemplo, el niño mestizo (observador y probable contador de la historia desde su recuerdo) de La noche de los gigantes.

A un actor como Gregory Peck, al igual que hiciera Frankenheimer en Yo vigilo el camino, le “sacó” lo mejor de sí mismo en títulos como Matar a un ruiseñor o La noche de los gigantes.

Películas libres y abiertas, con seres luchando contra los prejuicios, la opresión (interna y externa) y el racismo. Los personajes de Mulligan se encuentran encerrados en la prisión que son sus propias vidas y tratan de liberarse desde el recuerdo, en una lucha constante por superarse o solucionar la situación a la que se enfrentan. Si tuviera que quedarme solamente con una de sus películas sería con El otro, un filme complejo desde la subjetividad de una historia y que habla –como todo su cine– de renuncias, culpabilidades y dolores. 

Con la muerte de Mulligan desaparece, un poco más, una manera de entender el cine. Una forma distinta, sin duda, a la que representó otro hombre del cine fallecido no hace mucho, el actor Edmund Purdom. No fue grande, pero una de sus interpretaciones magnifica con claridad un determinado tipo de cine espectáculo también desaparecido. Me refiero al papel que interpretó de médico egipcio en Sinhué, el egipcio. Seguro que el día que Purdon subió a los cielos fue recibido por Terence Moix, gran admirador de la película dirigida por Michael Curtiz.

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El cine de animación

Este artículo editorial, como se comprueba, desea ser un reflejo o paseo por el 2008: una forma de reflexionar sobre el cine que nos abandonó. Año en el que el cine de animación, dibujo o digital, mostró su gran calidad. Actualmente los grandes autores de este tipo cine, que no tiene por qué ser exclusivamente infantil o dedicarse a contar historias edulcoras y cantarinas, proceden también de Japón, Israel o Irán.

walle-0.jpgSi este año faltó a la cita el autor de El castillo ambulante, sí aparecieron obras novedosas en las que se denunciaba la opresión de la mujer (la iraní Persépolis) o la matanza de los palestinos por las tropas israelíes (Vals con Bashir), filme presentado en el festival de Cannes y que acaba de ganar el Globo de Oro al mejor filme extranjero antes de ser nominada a los Oscar.

Hubo otras interesantes películas de animación más cercanas, como la española El lince perdido o la americana Bolt, curiosos y significativos títulos que hablan de ecología o de respeto a la diversidad. Pero si hay que destacar sobre los demás una película de animación esta sería Wall-E, una de las grandes películas del año y, por el momento, la cumbre del cine de Pixar comandado por John Lasseter, y a quien le será concedido en el próximo festival de Venecia (septiembre de 2009) el León de Oro de honor. Un premio muy merecido para quien ha conseguido de forma inteligente dar una nueva dimensión a la animación.

Wall-E, nacida a la sombra de 2001, una odisea del espacio, supone un toque de atención sobre el futuro que nos espera si no nos cuidamos y no cuidamos nuestro planeta que además de azul es verde. Un compromiso para cualquier ser humano dictado en la película por un simpático robot llegado, probablemente, de La guerra de las galaxias. La primera parte del filme en la que no existe ningún diálogo es antológica. Como también lo es toda la gama de humanos lanzados al espacio recordando Naves misteriosas, o la historia amorosa entre los robots Wall-E y Eva. Sorprendente y hermoso filme de rara perfección.

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El cine norteamericano

a) cine político

El pasado año nos llegaron películas sobre géneros y temáticas diferentes. No faltaron las alusivas a la guerra de Irak o a la política americana bien de forma directa (la mediocre, a pesar de su potente historia, La guerra de Charlie Wilson. Y es que Mike Nichols, su director, es un realizador de escasos recursos y poca inventiva) o indirecta (la discutible Red de mentiras de Ridley Scott). Por allí también se movieron la pretenciosa, redundante y por momentos apasionante En el valle de Elah o la vulgar La vida sin Grace. Pero serán quizás los hermanos Coen los que mejor han retratado a la América actual rota y sin rumbo, con dos películas: la metafórica y violenta No es país para viejos y la divertida Quemar después de leer.

noespaisparaviejos0.jpgNo es país para viejos puede leerse en clave de western o anti-western, como se prefiera, lo mismo que ocurre con Pozos de ambición del afamado Paul Thomas Anderson, uno de los directores más mimados por la crítica actual. Su última película, tan brillante como artificiosa, supone un amplio despliegue de fuegos de artificio pero sin acabar de insuflar toda la pretendida grandeza a una gran historia: la vida de un hombre que se creyó un dios y que luchó contra Dios para imponer su propia religión y dominio. Historia, por otra parte, muy americana, por su proclama individualista al asentarse en la creencia personal como elemento de poder. 

Lucha, en definitiva, del individuo contra la colectividad. La creación o superación de uno mismo. Aparentemente lo mismo, pero en realidad totalmente opuesto, a lo que explica Eastwood en su penúltimo filme, El intercambio. Película en que se cuentan muchas cosas, quizás demasiadas, y en la que desde una escritura motivadora se nos habla de la lucha de la mujer, en una época difícil (los años veinte), por imponer su verdad. No solo se habla de eso, también se tratan otro temas de forma más o menos prioritaria o marginal, como la pena de muerte (una simple secuencia sirve para ponerla en evidencia), la existencia de los centros de salud mental, la infancia perseguida, la corrupción a todos los niveles… Un filme que muestra hasta dónde ha llegado la maestría narrativa de su director. Como John Ford en Centauros de desierto, Eastwood es capaz de explicar, por unas simples miradas o gestos, cómo alguien está enamorado desde el silencio o cómo dar el estado de ánimo de un personaje (el policía que escucha horrorizado la confesión de un niño) por medio de un cigarro que se consume “eternamente” entre sus dedos.

Ambos filmes, el de Anderson y el de Eastwood, son como potentes rascacielos, que parecen aplastarnos ante su contundencia. Personalmente pienso que, hoy por hoy, Eastwood es mejor realizador que Paul Thomas Anderson.

El intercambio sabe conducir sin desmayo a los espectadores a pesar de su gran duración. Quién comenzase como director con títulos tan interesantes (pero con innumerables fallos) como Escalofrío en la noche (antecedente de la más que vulgar Atracción fatal) o con un western tan rompedor y enérgico como Infierno de cobardes, se ha convertido hoy en un maestro. P. T. Anderson para serlo tendrá que abandonar su manierismo o la egolatría de la que hacen gala sus películas, de las parece colgar un cartel proclamador de su importancia. Un poco de humildad no le vendría mal.

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b) desde el western con amor

Un ejemplo de clasicismo fue la lección impartida por Ed Harris en su segunda película como director, Appaloosa, un western compendio de otros muchos hermanados en el género. Referencia a la historia de un país que se hizo a base de violencia y donde la justicia se imponía por la fuerza de las armas. La película se mira en Ford y en Dmytryk sin olvidar a Hawks o las aportaciones de Leone, o lo que es igual, el filme pasa de Pasión de los fuertes a El hombre de las pistolas de oro sin olvidar, entre otras, Río Bravo o La muerte tenía un precio. Con imágenes aparentemente sencillas, pero muy elaboradazas, y con diálogos escuetos, plantea una potente re-escritura del cine clásico al narrar una historia de la Historia. Un reparo estaría en el personaje femenino elegido. La actriz Renée Zellweger no da el tipo de mujer que representa: un perfecto y original dibujo femenino en el western. Un papel que sin duda, hace años, hubiera tenido una clara destinataria: Marilyn Monroe.

Con todos los defectos Appaloosa es un western en estado puro a cuyo sentido se aproxima de lejos, en el paisaje, la fisicidad y el necesario “duelo” entre contrarios, el por momentos sorprendente Enfrentados.

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c) Un director desprotegido, Neil LaBute

De todas maneras si tuviera que reivindicar o defender una película americana de entre las estrenadas en el año, ignorada o defenestrada por gran parte de la crítica y casi totalmente desconocida por lo espectadores, sería Protegidos por su enemigo, el último filme realizado por Neil LaBute, un director al que normalmente se le niega su calidad. Incomprensible cuando la ha demostrado, y con creces, en anteriores títulos.

LaBute pertenece al grupo de dramaturgos y escritores convertidos en directores de cine. Es el caso de David Mamet (cada vez más empeñado en realizar películas de muy escaso interés como ocurre con su más que discutible último filme estrenado, Cinturón rojo) y en cuya nómina se acaba de inscribir Martin McDonagh, realizador de un filme tan curioso y parado como Escondidos en Brujas, un intento de filme policiaco pausado y antonionesco donde la ciudad adquiere el papel de protagonista. Y es que hay películas que respiran desde las ciudades en las que transcurre la narración. Este es uno de esos filmes.

jf-2000operacionreno0.jpgLa película de LaBute, Protegido por su enemigo, se ha convertido hoy en carne de cañón, situación también vivida en bastantes ocasiones por John Frankenheimer, masacrado con premeditación y alevosía por bienintencionados críticos, que sólo salvaron aquellos títulos suyos más descaradamente importantes… desde el punto de vista temático. Y que no eran, por cierto, los mejores. Caso, por ejemplo, de El hombre de Alcatraz. A su vera se detestó Plan diabólico, se puso en cuarentena El mensajero de miedo tachándola de propaganda americana y se pateó hasta la exageración su obra maestra, Yo vigilo el camino o ya, en su última etapa, no se quiso admitir la grandeza de Ronin o la coherencia de Operación Reno, el filme que supuso su despedida.

Tales “honores” hoy le corresponden también a LaBute, un realizador inteligente y comprometido que habla, desde lo social y lo político, de la América actual. Su última película se lanza desde un planteamiento metafórico (el fuego que va acercándose, cercando a una población) como forma de expresar la realidad de un país.

Los fuegos reales que asolaron California en octubre de 2007 se convierten así en símbolos encuadrados como telón de fondo de una historia sobre el racismo y la intransigencia. Personajes, los del filme, encerrados en mansiones de urbanizaciones distinguidas, dominados o asolados por la violencia, la intransigencia y donde el horror procede del lugar o las personas más inesperadas, como puede ser la propia autoridad. Interesante película en la que muchos –con miras muy, muy cortas– no han visto más que un espejo de títulos como De repente un extraño, Durmiendo con su enemigo o No matarás al vecino.

Pero el filme de LeBute es una inversión de ellos. Lo suyo va por otro lado: mostrar una historia sobre la intolerancia y el miedo en el que vive una sociedad en permanente estado de vigilancia. Una película incomprensiblemente ninguneada y que supone un soberbio ejemplo de realización. Como muestra de su buen hacer bastaría con contemplar la manera con la que define a cada personaje y la situación que viven, en los primeros quince minutos o, añadir, la sabia utilización de los primeros planos en las escenas de enfrentamiento entre los dos personajes principales. Una película, sin duda, que será necesario reivindicar

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d) el cine indie

Se han estrenado abundantes filmes independientes. Una categoría que ni siquiera a veces se sabe lo que quiere decir.

El festival de cine de Sundance es un pozo sin fondo. Un certamen que nació como amparo del cine marginal, contrapunto al realizado por los grandes estudios (sorprende que fuera creado y amparado por Robert Redford, un actor-director que siempre ha trabajado para los grandes estudios), actualmente recibe, muestra y marca cualquier producción con la etiqueta de “indie”. Un reclamo, al fin, publicitario. De este cine, que nos ha llegado en oleadas, me parecen nimiedades títulos del calado de Lars y una chica de verdad o Juno, pero valoro el aire de libertad que representa la naturalidad de Buscando un beso a medianoche, el cinismo de un filme al que sin duda le falta entidad cinematográfica como Los perros dormidos mienten, o la brillante radicalidad que emana de las imágenes del muy logrado La familia Savages.

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e) y dos anotaciones

A este cine americano de nuestras plegarias tengo que añadir por diversos motivos dos títulos tan diferentes como insólitos.

El primero lo cito por su desbordante imaginación apegada, sin duda, a la sombra del  videoclip o del spot, pero transfiriendo con brillantez un mundo de huidas a través de ensueños imaginados o contados. Lo sorprendente es, ante todo, su potencia y fuerza narrativa. Hablo de The fall, el sueño de Alejandría, inspirado título de Tarsem Singh, director que nos había aburrido anteriormente con la pretenciosa búsqueda interior de un ser en La celda, su primera incursión en el campo del largometraje. The fall, rodada en varios lugares de distintos países, es una ventana abierta a la aventura al tiempo que nos invita a huir de los mundos vulgares y no queridos.

Muy distinto es el otro filme que quiero destacar, el insólito The dead girl, segunda incursión en el largometraje de la actriz Karen Moncrieff. Una aparente historia policíaca sirve de soporte para indagar en la oscuridad de unas vidas dominadas por los miedos, las mentiras, la represión y el ocultamiento propios de la América profunda. El cierre del filme (la voz de la protagonista que va a ser asesinada se va a apagando a medida que charla con quien no sabe que va a asesinarla) es, sin duda, uno de los grandes momentos del año cinematográfico. 

Cine europeo

a) cine francés

asuntosprivadosenlugarespublicos0.jpgHace años impactaba y dominaba en el mundo cinematográfico el cine asiático, y muy especialmente el coreano. Ahora, cuando el cine de esos países parece aletargado, es el cine europeo, y muy especialmente el francés, el que parece primar sobre cualquier otra cinematografía.

Seis notables filmes franceses estrenados en el año vienen a demostrar tal poderío. Tres corresponden a directores de renombre, consagrados, provenientes de la nouvelle vague, los otros tres, de menos edad, poseen uno a uno, una destacable obra, muy poca o se corresponde con una primera película.

Este resurgimiento del cine francés parece coincidir con la conmemoración de los cincuenta años del nacimiento de aquel momento joven y renovador conocido como nouvelle vague: Rivette con la excepcional La duquesa de Langeais, a camino entre Rohmer y Bresson; Resnais siempre sorprendente y juguetón con Asuntos privados en lugares públicos; y Chabrol con la más discutible Una mujer partida en dos, especie de remake de La muchacha del trapecio rojo de Fleischer. Rivette, Resnais y Chabrol son los tres representantes de aquel movimiento que han estrenado en el año.

laclase0.jpgLa cuestión humana de Nicolas Klotz, una obra rigurosa que habla sobre los peligros del fascismo cotidiano (no sabemos cuál es la razón por la que no ha sido estrenada más que en unas pocas ciudades); Las horas del día de Oliver Assayas, reflexión sobre un mundo decadente dominado por las prisas y el dinero; y Hace mucho que te quiero, emotivo y arriesgado filme de Philippe Claudel, un reconocido escritor convertido también en realizador, cierran el bloque de películas destacables del cine francés llegado desde el anteayer, el ayer y el hoy.

Pero si la cosecha de estrenos franceses de 2008 es buena, la de 2009 se inicia con títulos excelentes, como La clase o Cuscús. No parece pues que la brillantez de los títulos que nos llegan sea casual. La realidad es que ahora en Francia se está realizando un cine de bastante calidad. Parte nos llega y otra gran parte no lo hace. Es el caso de la desconocida obra para el espectador español de directores tan importantes como Claire Denis o Philippe Garrel

b) Italia

El cine actual italiano prefiere volver la vista atrás e imitar modelos reconocidos en el pasado: el cine de tesis con implicaciones políticas o aquel otro que repasaba la Historia de Italia a través de la historia de unos personajes. 

gomorra0.jpgEl cine denuncia de tendencias neorrealistas ha estado representado por la más que discutible Gomorra, un filme, a pesar de sus pretensiones, a años luz del cine denuncia de Francesco Rosi.

La historia política se reflejaría en la interesante Il Divo, sobre la vida de Andreotti. Filme insólito, sorpresivo en algunas partes, detestable o insufrible en otras, pero siempre curioso en una mezcla de estilos donde se llega a cruzar el cómic con el cine delirante de Fellini, hasta dar al conjunto el tono de opera bufa. Sorprende agradablemente el hecho de que la figura de Andreotti se haya caracterizado como si se tratase del draculiano Nosferatu ideado por Murnau. 

Romanzo criminal de Michael Placido, más conocido como actor que como realizador, es otro filme italiano destacable este año, que toma como referencia a las variadas películas italianas que utilizaron una historia para contar la Historia del país. Realmente Il Divo también podría entrar en este tipo de cine del que participaron en el pasado títulos tan emblemáticos como Vida difícil de Risi o Una mujer y tres hombres de Ettore Scola.

En el mismo sentido se representaba otra película más cercana en el tiempo pero también desconcertante, escasamente brillante y abrumadamente televisiva. Me refiero a la estereotipada y maniquea La mejor juventud, que algunos críticos saludaron como obra maestra cuando se estrenó. Realmente distaba mucho de serlo. El esquema de Romanzo criminale es semejante al utilizado en los títulos señalados, aunque en este caso el director se sirva de la historia (real) de tres jóvenes delincuentes en su afán por ser ricos, poderosos y temidos. La película narra su ascenso y su caída. Brillante película policíaca tan comedida e impactante como desorbitada en su duración.

ildivo0.jpgPor el año también circularon películas italianas que presagiaban lo mejor pero que se desinflaron en cuanto se analizaron cuidadosamente. Era el caso de Caos calmo o Mi hermano es hijo único. Mucho mejor fue La desconocida, probablemente porque ahora se están tratando de buscar los flecos edulcorados de Tornatore. Algunos no le perdonan su encantadora Cinema Paradiso. Probablemente son los mismos que se derriten de placer con esa infame película que es La vida es bella.

Pero con todo, el filme italiano más destacable y escasamente promocionado, correspondería al viejo maestro Ermanno Olmi y a su última película, Cien clavos, un filme sencillo,primoroso,que al igual que todo su cine habla de cultura y de amistad, de impostura y de religión, de amor y de incomprensión. Una película sublime, espiritual y herética, tan contradictoria como clara y concisa. Un filme maestro rodado con una humildad casi franciscana, que supuso el reencuentro con uno de los pocos maestros cinematográficos que aún quedan en activo en el cine italiano. Aunque mejor será decir quedaban ya que Olmi ha dicho con rotundidad que Cien clavos es su despedida de la industria del cine, aunque, añade, no renunciará a seguir realizando documentales personales al margen del cine comercial. Volverá, pues, a hacer lo mismo que hací en sus comienzos fílmicos. 

c) otras cinematografías

4meses3semanas2dias0.jpgSe podría hablar de otros títulos venidos de otras cinematografías europeas o de otros continentes, pero sólo voy a incluir un filme más, perteneciente a una cinematografía totalmente desconocida en España. Se trata de Rumanía, país que nos ofreció un título terrorífico al hablar de una realidad donde el miedo es el dominante de las actuaciones vividas por los personajes principales: 4 meses, 3 semanas, 2 días de Cristian Mungiu, supone todo un viaje al pasado como forma de recordar lo que es y supone una dictadura, en este caso la que sufrió el país dominado por Ceaucescu. Pero todas las dictaduras son iguales.

La película habla de seres vulgares, tristemente trágicos, condenados a vivir en el miedo, sabiendo que son prisioneros de un Estado que coarta sus libertades. Dura y contundente, está toda ella narrada a base de largos planos que nos llevan a observar, como si estuvieran en una prisión, a las dos protagonistas, unos seres que sufren y alivian en la amistad y la entrega su falta de libertad. Un filme donde los personajes no tienen ni siquiera espacio para respirar. Repleto de secuencias maravillosas, representa un momento, una época, un país desde lo individual, social y político. Toda una lección sobre la memoria histórica.

Cine español

losgirasolesciegos0.jpgLos asociados de la Academia del cine decidieron que Los girasoles ciegos se presentará a la pre-selección de los Oscar. No coló. Era lógico. Y es que el filme de Cuerda, que parte de una buena novela, puede sernos necesario como memoria para quienes vivimos aquella época o de conocimiento para otras que no la conocieron. Una especie de ayuda para acercarnos a la tan cacareada memoria histórica. Un término en el que, bien mirado, cabe todo, hasta incluso la absurda y falseada recreación garciana –y no galdosiana– de la guerra de 1808 en la insoportable Sangre de mayo.

Ciñéndonos a la otra memoria, la que representa (abundantemente) la triste verdad de la guerra (in)civil, comprobaremos que se han estrenado numerosos, quizás demasiados, títulos, algunos tan lamentables como la muy reciente (y muy maniquea) La mujer del anarquista. Algo más de la calidad, pero también dominada por unos pobres estereotipos (al igual que la película de Cuerda), posee La buena tierra. Más entonada es Nadar, otro de esos filmes invisibles del año en muchas ciudades.

Una de las cosas mas curiosas se corresponde con el filme que está apuntado a todos los premios. También maniqueo y manipulador, pero por otros motivos. Se trata de Camino, un ajuste de cuentas del realizador con el Opus Dei. Un título que incluso ha recibido el premio al mejor filme europeo. Tal singular mención, aunque no lo crean, fue entregada en los Premios Gaudí, a mayor gloria del audiovisual catalán y promocionados por la Academia de Cine Catalana. Inaudito pero cierto. El filme de Fesser es redundante en sus interminables vueltas y revueltas plagadas de absurdas escenas oníricas y de ingenuidades mil. Con todo, es de agradecer un filme que apoya la alegría de vivir frente a los doctrinarios del sufrimiento y del dolor. Una película que por momentos se adscribe al género del terror.

laconjuradeelescorial0.jpgEl resto del año el cine español se centró en Mortadelos, crímenes en y de Oxford, amateurs en busca de amigos, amores y desamores con mejor o  peor fortuna(casi siempre), trocitos de chocolate dejados caer por forasteros paseantes por prados estrellados, donde hay que abrigarse para no recibir las cenizas caídas del cielo en un casual day (3) donde todos fueron invitados, pero sin que ninguno de los asistentes pidiera ser besado, lo que no era obstáculo para que se les besase: no es posible que más de uno pueda estar equivocado.

Demasiadas pretenciosas conjuras –y no sólo en el Escorial– representaron el menor de lo males, para quienes sólo querían caminar, en su ansia por encontrar flores de luna enunciadas por la charla cantarina de una(s) palabra(s) tuya(s) que no sólo aluden a unos hipotéticos cronocrímenes.

Cine español de consumo tan rápido que la mayoría de los filmes pasaron por las salas en un plis-plas. Y eso que no eran películas de tipo experimental. Caso que sí ocurre en ciertos filmes dominados por un (incompresible) tono amateur, como ocurre con el flojo ensayo de José Luis Guerín, En la ciudad de Silvia, o con El canto de los pájaros de Albert Serra, ensalzada hasta más allá de… Cataluña, por críticos inquietos que seguro desconocen la  película (simple y hermosa) que hace unos años realizó Olmi sobre el mismo tema: el caminar de los Reyes Magos al encuentro del Mesías.

Quizá el mejor filme experimental del año sea El silencio según Bach, del incansable Portabella.

tiroenlacabeza-00.jpgDe todas formas, si tuviera que destacar de entre todos algún filme español me decidiría por dos. Uno lo elegiría por su carácter experimental, rompedor. Por el riesgo y la valentía con la que su director, nuevamente, se ha enfrentado a una película. Me refiero a Tiro en la cabeza, filme mal entendido por muchos, y que quizás exagera unas propuestas que ante todo sirven para un cortometraje. Pero hay que reconocer el valor y el saber de Jaime Rosales, realizador de unas películas siempre distintas, novedosas.

El otro título distinguido en un año gris para el cine español, es la opera prima de Roser Aguilar Lo mejor de mí: una película reflexiva y al mismo tiempo emotiva, sobre los sentimientos. Un caminar hacia el conocimiento personal. Un filme sorprendente y adulto.

Como he hablado de innovaciones debo citar una propuesta altamente experimental, aparentemente alejada del cine, pero realmente abierta hacia el futuro del audiovisual. Me refiero a la extraordinaria exposición que Basilio Martín Patino presentó en el círculo de Bellas Artes de Madrid con el título de Espejos en la niebla (4). Al igual que toda su obra, su montaje actual es una indagación en el pasado como forma de encontrar la realidad del hoy. Reflexión desde el ayer como conocimiento del momento presente. Preguntas lanzadas para generar respuestas. Y es que –como el resto de su obra– se trata ante todo de generar un diálogo.

Este sorprendente espectáculo audiovisual después de Madrid se ha visto en algunas ciudades más (Salamanca, Soria…), pero debería llegar a todas partes como prueba tanto de la vitalidad del realizador de Canciones para después de una guerra como para comprender el camino seguido en la búsqueda de nuevos (o viejos) lenguajes. Sorprendente en su impactante propuesta de diálogo colectivo. 

Un año de cine, con sus pros y sus contras, que ha pasado ya a formar parte de nuestra memoria para someterse al dictamen que le corresponda en la historia del cine en particular y del arte en general.

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Una película, tan sólo una

Si se me pide que señale una sola película como la preferida del año 2008 me será muy difícil dar un título. ¿Acaso señalar la mejor, la que más me ha divertido, la más insólita? Difícil elección. De todas maneras, si no tuviera más remedio que quedarme con un título probablemente procedería primero a seleccionar algunos del total, y luego a ir reduciendo la lista cada vez más. ¿Y de ahí con cuál quedarme? Al menos al eliminar varios filmes, tendría en mi poder una serie de títulos que barajaría en busca del imposible preferido. De hecho de ciertas películas muy queridas ya me habría visto obligado a desprenderme en algunas de las sucesivas eliminaciones. ¿Cuál sería pues mi preferida? Entre éstas, quizás estarían Wall-E, 4 meses, 3 semanas y 2 días, Cien clavos, La cuestión humana y… Cuatro títulos de cuatro países diferentes. Cuatro en Jeep como signo de internacionalidad y unión.

Lo que está claro es que en la lista de las mejores del año la que nunca aparecería sería la última de Allen, la insoportable Vicky Cristina Barcelona, ejemplo claro de que lo grandes autores también pueden tener no un día malo sino malísimo. Aunque ahora resulte que los norteamericanos vayan y (re)descubran al director neoyorkino por tal excéntrico título. Y es que a veces los norteamericanos, por lo que respecta a gustos, son como niños. Nosotros también. Angelitos todos.

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(1) El análisis de la película se encuentra en la correspondiente sección crítica (Sin perdón) de esta revista.

(2) El joven Judd Apatow, nacido en 1967, es productor, guionista y director. Considera a Steve Martin como el actor “number one” de la comedia americana. Ante tan gran actor, debe pensar el genio Apatow, ¿qué representan actores tan mediocres como Jack Lemmon, Gary Grant, Tony Curtis…? Así es la vida, como proclama el título de una película de Blake Edwards

(3) Para sorpresa de casi todos, el Círculo de Escritores Cinematográficos premió en diversos apartados, incluido el de la mejor película, a Casual day

(4) Sobre esta exposición se pueden encontrar tres artículos en la sección Todo lo demás de nuestra revista ENCADENADOS, concretamente los títulos: Ensayo Audiovisual de Basilio Martín Patino, Basilio Martín Patino prepara Espejos en la niebla y Espejos en la niebla de Basilio Martín Patino.

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