Editorial agosto 2008

  13 Agosto 2008

Vacaciones de verano
Escribe Adolfo Bellido López

¿Quién me compra este número?

walle-10.jpgDesde hace tiempo (¿cuánto con respecto a las primeras críticas cinematográficas de la historia?) las revistas o escritos de cine se ven en la necesidad de expresar con números (o estrellitas) el valor de una película. Tal deporte se ha contagiado, incluso, a los análisis de libros o discos. Leer, escuchar o ver se reduce a jugar con los números o cualquier otro signo. Una anotación quiere expresar, por tanto, la verdad (nos centraremos en el cine exclusivamente) sobre el valor de un filme. Da igual el símbolo utilizado: en definitiva es como si fuese un número.

También nuestra revista (sección Delitos y faltas) accede a este divertido, y peligroso, juego. Que sepa, este comportamiento (algo de herético tiene) se promueve en muchas revistas de cine de aquí o de allá desde la “versión original” de Cahiers du cinema hasta (en el tiempo pasado y presente) Film Ideal, Cinestudio, Fotogramas, Cartelera Turia, Miradas... La calificación (o estrellitas) varían, aunque lo más normal sea de cero a cinco. En Cahiers du Cinema España se opta en calificar de cero a diez, quizá para “afinar” más.

Nosotros, antes de introducir esa sección, ya nos dedicamos a iniciar el análisis crítico con un número referencial. Osadía (la nuestra y la de otros) que tiene un mucho de desdén, de absurdo criterio. ¿Cómo es posible reducir un análisis textual a un simple, y más bien caprichoso, número? ¿Cómo ser capaces de encerrar diversos filmes en estancados pozos donde chirrían numerosos e imposibles títulos?

Difícil y prepotente manera de dictar salvaciones y condenas. Es como el presuroso juez que dicta sentencia acogiéndose no al dictado de leyes sino a un sistema rígido y personal.

lo_que_el_viento.jpg¿Cómo es posible entendernos (o hacernos entender por otros) cuando aseveramos un filme en función de un número? Es claro que un dos o un tres (calificaciones donde pueden incluirse aquellos títulos enviados a inexistentes purgatorios) se precipitan de forma heterogénea en el torrente crítico. Y, quizás, en muchos casos, se envíen ahí al no tener claro al cielo o infierno al que hay que remitir el título de turno.

Bien mirado es difícil y complicado jugar a tamaño juego. Y realmente tan imposible como injusto. Lo malo es que, con mucha frecuencia, se tiende a suprimir el elaborado y necesario análisis por este fácil entretenimiento de apuntar al mono del pim-pam-pum. Y además, de forma exclusivista y aleatoria. Luchas, a menudo, entre facciones, adeptos y disidentes para llevarse el gato al agua.

En alguna revista he vivido “compras” abusivas de “notas” para aupar a un filme sobre  otro por parte de un grupo opositor. O las hostilidades declaradas sobre tal o cual puntuación. Divertidos torneos dialécticos, no sobre escondidos o apreciables valores de un título, sino referidos a que aquello visto es un dos en vez de un cuatro. Y en tal defensa se velan las armas.

Ni un solo símbolo puede sustituir al más simple de los análisis. Pero curiosamente hay alguna publicación que, con demasiada frecuencia, va sustituyendo los comentarios críticos (aunque sean mediocres siempre serán mejores que tales reducciones) por las calificaciones de marras. ¿Es eso una forma de rendirse a la comodidad de algunos lectores incapaces de adentrarse en lo que consideran un cansino seguimiento de palabras? Tiempos, los actuales, de prisas en todo y para todo. No hay reposo ni para degustar charlas, películas, libros, viandas, bebidas o... amores. Estamos en el mundo de la prisa y del consumo. Esa es también la realidad de esta injusta forma de proceder: reducir cualquier obra de arte o tamaña ofensa interpretativa.

murieron_botas.jpgPero aquí, con toda nuestra discrepancia, seguiremos con nuestras calificaciones. Que el dios del cine nos perdone por nuestro atrevimiento, por tantos delitos y faltas. Pero desde luego lo que no haremos es sustituir o reducir nuestros análisis a tan simple expresión. Las películas son mucho más que eso: precios a la baja o a la alta según el animo personal de cualquier postor. O cuando no, comprobar como una misma publicación, a través de los años, cambia sus notas de manera notable. En una de ellas, que también califica los títulos que se proyectan por televisión, la gran Vértigo de Hitchcock paso de tener un dos hace años, a un cinco (la nota máxima) en la actualidad.

En mis muchos años, ya, de crítico, analista, escribiente cinematográfico, director de varios cineclubs o, simplemente, “bebedor” de cine, he podido comprobar cómo las calificaciones de algunas películas varían de unas publicaciones a otras (y también en la misma según los diferentes colaboradores). No es raro encontrar, incluso, filmes clásicos, y de excelentes realizadores, que bailan con cifras que van desde la mínima a la máxima. Ocurre con Lo que el viento se llevó, Cuna de héroes, Murieron con las botas puestas, La legión invencible... Y es que para algunos, más que el valor del cine, pesan extraños pareceres ideológicos (siempre subjetivos) que, según ellos, se expresan en esos títulos, y otros semejantes “repletos” de racismo, militarismo, machismo y otros, discutibles “ismos”.

Personalmente, en vez de leer tal o cual calificación (subjetiva, amañada, discursiva) me gustaría indagar las razones (desde un claro análisis fílmico) por el cual refritos alucinógenos como la impresentable Doomsday, el día del juicio (1), son calificadas por ciertos “notarios” como muy interesantes.

PD

doomsday0.jpgLo dijimos el mes pasado, y lo volvemos a repetir. Se cometen (cometemos) demasiados errores por parte de los que escriben (escribimos) en publicaciones cinematográficas, ya sean en “papel” o en “digital”. Algo que hoy, cuando tenemos a mano diccionarios o información (en Internet), es difícil de entender. Máxime cuando algunos de estos errores (en virtud de la “fama” del correspondiente pontífice) van a ser arrastrados sin remedio a otras publicaciones, a otros medios, como dogma de fe.

En estos últimos meses nos hemos “topado” con algunas curiosas perlas falsificadas. Así con respecto a ese cóctel que es Doomsday, el día del juicio, hemos leído que el mundo reflejado se parece al de El pueblo de los malditos. Referencias múltiples existen en ese filme, pero de esa, desde luego, no participa. No es ese el error más grave. Citemos dos más clarificadores:

a) Un irascible, enfadado y despectivo escribiente de cine (subjetivo) en un periódico de gran tirada, afirmaba desconocer, en uno de los foros semanales que mantiene por Internet, una película de Francis Ford Coppola titulada Youth without youth (Juventud sin juventud). Su extrañeza ante este título era tal que incluso se preguntaba si no sería otro su título o, por ser, hasta podía deberse a un desliz del “preguntón”. Pues bien, ese filme existe. Es el último terminado (ahora está realizando otro) del director de La conversación. Se pasó en algún festival, aunque aún no se ha estrenado en España. Nosotros, en la sección de sin perdón, “colgaremos” pronto una crítica (no demasiado complaciente, todo sea dicho) sobre este título. Sorprende que el citado crítico mostrara tal desconocimiento siendo asiduo invitado a los festivales. ¿Habría cogido, en ese foro, ya las vacaciones que (allí mismo) anunciaba y era acaso el sustituto por un día quien contestaba? ¿Es que en estos foros no se tiene a mano Internet para aclarar cualquier duda? De cualquier forma, una falta de consideración hacia sus seguidores.

vertigo.jpgb) En una revista de cine que ha perdido su aureola de antaño ante la proliferación de críticas marcianas (herederas del peor Film Ideal) y su propensión a la propaganda (con apariencia critica) tanto de DVDs publicitados en la revista como de filmes de inminente estreno (publicitados en la propia revista o en una revista “hermana”), se procede a un curioso desliz, impropio del autor que lo comete. Habla de las películas (únicas) dirigidas por algunos actores con motivo de la aparición en DVD de la interesante El hombre perdido de Peter Lorre. Pues bien, entre el listado de esas películas que inician y cierran al mismo tiempo la filmografía de los actores-realizadores se señala a Labios sellados como el único filme dirigido por James Cagney. Es cierto que Cagney dirigió una única película en el mismo año, además, en que el actor Karl Malden dirigiera (él si) la nombrada Labios sellados, pero la suya se titulaba Short cut to hell (que, según algunas publicaciones, como IMDB, se estrenó en España como Atajo al infierno... aunque personalmente no estamos tan seguros).

Está claro que el calor aprieta y las neuras en gran confusión viajan hacia el espacio sideral. Pero el lector, el que paga o nos aguanta, no tiene por qué sufrir nuestras incomodidades. Digo yo.

*****
(1) Quiero dejar claro que un refrito es otra cosa que un pretendido homenaje o remake (válido o no) de un filme. Doomsday –de la que puede leerse la crítica en nuestra sección Sin perdón– es una mezcla, sin sentido alguno, en estética, géneros, estilos e ideas. Nada que ver con el remake o el homenaje a otros filmes. Los remakes son numerosos. Pero los homenajes abundan aún mucho más. Alguien como Lasseter, “su” Pixar y algunos de los realizadores que trabajan para la productora de animación, son especialistas en ello. Y los incluyen en sus filmes con mayor o menor fortuna. El “homenaje” de Bichos a Los siete samuráis es claro. Como también lo es en la cercana Wall·E a 2001, una odisea del espacio. A veces, aquí, de forma tan explícita (la célebre música de Así habló Zarathustra, el vals, el viaje más allá de...) que terminan por poner algún punto negativo a tan excepcional filme, uno, sin duda, de los más brillantes de la historia de la animación cinematográfica.

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