Editorial mayo 2020

  27 Mayo 2020

A propósito de… Woody Allen

woody-0Woody Allen, como Roman Polanski, está siendo objeto de persecución por parte de ciertos grupos feministas y especialmente por el movimiento Me Too, basada en una serie de abusos sexuales achacados a cada uno de ellos. Ciertos o no, la realidad es que ese tipo de abusos han sido cometidos en todas las épocas por artistas famosos. Hoy cualquier indicio, por mínimo que sea, y antes incluso de ser verificado, es perseguido con saña.

Artistas en diferentes ámbitos y personas importantes —jefes, políticos, directivos, e incluso presidentes de países, emperadores y reyes—, se han aprovechado de su superioridad, su (sin)sentido de la genialidad, su poder, en definitiva, para cometer abusos y humillaciones, lo cual, por supuesto, no es admisible. Por lógica, en virtud de la Historia de nuestro mundo, los avasalladores han sido, en general, los hombres, lo que no descarta que en pequeña proporción también se han beneficiado ciertas mujeres desde su posición. Ciertas grandes damas romanas ejemplarizan lo dicho, como también aquí en España el poder de ciertas reinas ejerció tal suerte de tristes actos.

Si nos centramos en el mundo del arte, en cuanto a hombres, habría que pensar en pintores — como Gaugin o Picasso— y, en el mundo del cine, reputados actores, directores y técnicos de ayer, en el hoy serían objeto de persecución por sus desmanes, poderíos o humillaciones hacia el sexo opuesto. Bastaría citar, en el campo de la realización, a genios como Chaplin, Hitchcock, Bergman… a los que se añadiría una lista, y no corta. ¿Y qué podría decirse de nuestro gran Luis Buñuel que incluso por una apuesta dejó a su mujer sin su piano? (1).

Parece lógico que sobre Weinstein, depredador sexual, descarguen las más furibundas tormentas. Su historia es de alto riesgo, lo que no impide que alguna mujer le buscara pensado, o soñando, con poder llegar al estrellato. El creador de la pequeña e importante productora Miramax no se privó de nada. Y ejerció su dominio, como también, y desde otra perspectiva, lo hiciera Roger Ailes, el fundador y presidente del canal por cable norteamericano Fox News, de clara tendencia derechista (2).

Las historias de Polanski y de Allen poco tienen que ver con la de los personajes citados. Polanski, prófugo desde entonces de la justicia americana, es perseguido por un suceso ocurrido en 1977: los pretendidos abusos sexuales ejercidos sobre Samantha Geimer, de 13 años de edad.

Polanski en su libro Roman por Polanski, editado en España por Editorial Grijalbo, cuenta las cosas de forma muy distinta. Sea como fuesen, Polanski fue acusado, teniendo que huir a Francia, cuya nacionalidad posee (nació en Francia). Actualmente, no puede estar, salvo en Francia y Polonia, su segundo país (debería haber sido el primero), si no quiere ser extraditado a Estados Unidos.

Hoy, aquella chiquilla vejada, declara no sólo haber perdonado a Polanski sino alegrarse por todos sus triunfos. A pesar de ello, y del tiempo transcurrido, su persecución prosigue. En 2009 fue arrestado en el aeropuerto de Zurich, pero la ministra de Justicia suiza evitó la extradición, al considerar que las autoridades norteamericanas no habían probado que el realizador no hubiera cumplido ya la totalidad de la condena que se le impuso en su momento.

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A la denuncia de Samantha se iban a sumar luego, reales o no, las de otras mujeres más. Ante el estreno y los premios alcanzados en los Cesar, premios del cine francés, por su último filme, El oficial y el espía fue objeto de manifestaciones de mujeres del movimiento citado contra la proyección del filme.

La historia de Polanski, con la guerra y la persecución nazi por su procedencia judía, es trágica. Su familia (judía de origen polaco), que vivía en Francia, decidió, antes de comenzar la II Guerra Mundial, creyéndose más seguros, trasladarse a Cracovia. El error llevó a sus padres a ser internados en campos de concentración. Su padre logró sobrevivir, no así su madre que murió en Auschwitz.

Polanski, como director, destacó con sus primeras películas realizadas en Polonia y en Inglaterra, por lo que Hollywood decidió pescarle. Allí comienzan sus desgracias, iniciadas con el rodaje de una película considerada maldita, La semilla del diablo (1968), por el tema: aunque se trata de un filme claramente subjetivo, narrado desde el punto de vista de la protagonista, lo que ocurre, y cómo ocurre, es lo que en realidad piensa e imagina la protagonista.

También se considera maldita por el lugar del rodaje: el edificio Dakota, donde años después fue asesinado John Lennon. Después de ese rodaje tuvo lugar el asesinato de la mujer de Polanski, Sharon Tate, por la secta de Charles Manson (basándose en ese hecho, pero dándole la vuelta, dejando claro que el cine puede reinventar la realidad, Tarantino realizó la excelente Erase una vez en… Hollywood). Polanski estaba en ese momento en Londres, preparando el rodaje de El día del delfín. Nunca la llegaría a realizar. Años más tarde la dirigiría Mike Nichols. Hoy, la máxima defensora de Polanski es su mujer Emmanuelle Seigner, actriz de la mayor parte de sus películas desde que protagonizase Frenético, en 1989.

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Cómo si el destino, el azar o váyase a saber qué extraño juego enlazase o uniese la vida, la suerte o desgracia, de los seres humanos, Mia Farrow será la persona que señalará la deriva de Roman Polanski y de Woody Allen. Y es que la actriz protagonista de La semilla del diablo será, años más tarde, la protagonista y, durante varios años, compañera sentimental de Woody Allen, convirtiéndose después en su más encarnizada enemiga y perseguidora.

Mia Farrow, hija del director de cine John Farrow, estuvo casada con Frank Sinatra (3) y con el músico y compositor André Previn antes de relacionarse con Woody Allen. En 1977, Mia y André Previn adoptaron a una niña coreana, de unos siete años, Soon-Yi. Dos años más tarde, la actriz conoció a Woody Allen e inició la relación amorosa. En 1982, el director neoyorkino contó por primera vez con Mia como protagonista de una película suya. Se trata de Comedia sexual de una noche de verano, un claro guiño al filme de Ingmar Bergman, Sonrisas de una noche de verano (1952). Mia interpretó, con posteridad, doce nuevas películas de Allen.

En diciembre de 1991 Woody Allen inicia su historia de amor con Soon-Yi. Un año después acusa Mia a Woody de haber abusado de su hija Dylan cuanto ésta tenía siete años. En 1993 Allen fue absuelto de tal delito, ante el informe elaborado por un equipo especializado en abusos infantiles, y en el que se sugería que la niña había sido influida por Mia para que declarase contra Allen. Pero las demandas de Mia continuaron.

En 1997, el director se casa con Soon-Yi, algo que Mia no soporta, momento en el que intensifica sus ataques, contando para ello con la importante ayuda de Ronan Farrow, el tercer vértice de un aparatoso cuadrilátero.

Ronan Farrow, nacido en 1987, es hijo de Mia y —con reservas— de Woody Allen, ya que todo parece apuntar a que su padre es Frank Sinatra. Ronan fue considerado un niño prodigio. A los 11 años entró en la Universidad y a los 15 se graduó en Filosofía. Después estudió Derecho, trabajó en la Unesco y llegó a ser asesor de Hillary Clinton cuanto era secretaria de Estado. Fue, entonces, cuando conoció a su pareja actual, Jon Lovett, el encargado de escribir los discursos presidenciales de Obama.

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Presentador y reportero, Ronan ganó el premio Pulitzer en 2017 por una serie de artículos publicados en The New Yorker, en los que daba a conocer los abusos sexuales cometidos por Harvey Weinstein, convirtiéndose, de esa forma, en una especie de ídolo del movimiento Me Too. Pues bien, Ronan lleva años tratando involucrar a Allen en la historia del abuso de Dylan. Cuando el director dejó a Mia y se fue con Soon-Yi, Ronan se quedó con su madre y sus otros 12 hermanos, muchos de ellos adoptados.

El último vértice de esta historia de medias verdades o de mentiras, lo ocupa otro de los hermanos, Moses, quien asegura que toda ello es un invento de Mia, a la que acusa de haber manipulado a Dylan y de ejercer presión de todo tipo, incluso violenta, sobre los hijos, para que odien a Allen. La ha llegado a definir como una tirana en sintonía con Soon-Yi, quien afirma que fue criada de forma cruel.

Las consecuencias de este embrollo familiar, habiendo sido absuelto de toda culpa, las ha sufrido Allen en el campo profesional y personal.

Cuando el movimiento Me Too comenzó a protestar contra el director por el pretendido abuso, Amazon —que había firmado un contrato para que dirigiera una serie de películas, una por año, como es habitual en él— rescindió de forma unilateral dicho contrato después del rodaje de Día de lluvia en Nueva York, película terminada y que, incluso, Amazon se negóa distribuir (4). Allen denunció a la empresa y llevó el caso a los tribunales donde se encuentra esperando una sentencia. No sólo eso, Ronan impidió que una editorial americana publicase su libro de memorias.

Ante tal situación, Woody Allen, incapaz de estar parado, buscó quien le financiase su próximo proyecto, aunque eso sí, tuviese que saltarse un año, lo que fue posible en España.

Mediapro produjo el filme y firmó, para el futuro, un buen contrato con el neoyorkino. El primer filme que ha dirigido se rodó el pasado año en San Sebastián, durante su festival internacional de cine. Su título, Rifkin’s Festival. El estreno en cines está previsto para el 25 de septiembre de este año, fecha marcada probablemente con la idea (si se puede celebrar) de que se proyecte en la inauguración o en la clausura del festival, que se llevaría a cabo del 18 al 26 de septiembre.

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Esperamos que se trate de un verdadero, y por tanto notable, filme de Woody Allen y de esa manera podamos olvidar el lamentable borrón, que supuso el título anterior rodado en España, Vicky Cristina Barcelona.

Ojalá el movimiento Me Too recapacite y evite protestas como la que tuvo lugar cuando comenzó el pasado año el rodaje en la capital donostiarra u otras dirigidas contra Allen al inicio de los conciertos de jazz en los que participa. Reacciones airadas extremas al no existir una razón totalmente convincente sobre los hechos que Mia y sus acólitos le imputan. Máxime cuando la justicia ha dado la razón al Allen.

Bienvenida sea, pues, la nueva película de Woody, como bienvenida sea, justo en el momento que en España se iniciaba la desescalada debido al confinamiento, la salida de su libro de memorias, ese que parte de la familia Farrow también boicoteo su publicación en Estados Unidos. Se titula A propósito de nada, muy allenniano. De entrada, promete ser un repaso divertido a su vida y a su obra. Allen no sólo es un gran director de cine, con altibajos al igual que cualquier otro profesional, también es un buen y divertido escritor. Sus diferentes obras literarias así lo atestiguan.

Bienvenido sea, pues, Woody Allen con su libro y su nueva película, ese estreno anual que año tras año esperamos impacientes.

Escribe Adolfo Bellido López


Notas

(1)  La biografía sobre Jeanne, la mujer de Buñuel, lleva por título Una mujer sin piano.

(2) Hay una serie de televisión de cinco capítulos muy interesante sobre este personaje, La voz más alta, con Russell Crowe en el papel de Ailes y que es mejor que la película El escándalo, de Jay Roach, sobre los últimos años del oscuro personaje, sobre el que también trató el documental, División y triunfo: la historia de Roger Ailes (2018), de Alexix Bloom.

(3) Ava Gardner, que había estado casada con Frank Sinatra, cuando se enteró del casamiento de su ex con Mia, soltó una de sus demoledoras frases: «Siempre pensé que Frank terminaría casándose con un hombre».

(4) La película se ha estrenadoen casi toda Europa (al parecer faltan las salas de Inglaterra), pero no en Estados Unidos. Cosas que pasan.

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