Editorial mayo 2009

  31 Mayo 2009

De obreros y festivales
Escribe Adolfo Bellido López

¿De dónde surge la festividad del 1º de mayo?Como es lógico, el mes de mayo comenzó, como diría Perogrullo, al igual que cualquier otro mes, con el día uno. Una fecha con algo de especial, al ser el día de la reivindicación obrera, aunque en la actualidad, para la mayor parte de la ciudadanía, se reconvierta en un puente vacacional y de picnic variado. Es lo que tienen las fiestas que se saben cómo nacen pero no como prosiguen.

Con todo, el día uno de mayo es la fiesta obrera por excelencia, al haber sido declarada como tal por II Internacional, o séase, el  Congreso Obrero socialista, la Internacional de los trabajadores. Fue en 1898 y se tomó tal día como forma de homenaje hacia los "mártires" de Chicago. Así son conocidos los cuatro sindicalistas anarquistas (tres periodistas y un tipógrafo) ejecutados en EEUU por su participación en las jornadas de lucha llevadas a cabo en esa ciudad para conseguir la jornada laboral de ocho horas. Un quinto condenado se suicidio en la celda. Aquellos días de lucha y sufrimiento se iniciaron en la ciudad con una huelga llevada a cabo el 1 de mayo de 1886. Día pues coincidente con el de la posterior celebración.

Los mártires de Chicago

El cine no es una especie de entelequia comercial, a veces con pinceladas artísticas que se encuentra por encima de bien y del mal. Mucho menos se pude considerar un medio neutro. No es raro que así sea. El cine no es neutral como nadie tampoco lo es. La mayoría de los afirman lo contrario se engañan o... quieren engañarnos. Quien hace una película, pinta un cuadro, compone una partitura, escribe un libro... es y pertenece al mundo. Como tal ciudadano posee una determinada ideología, la cual de una manera u otra se adhiere (barniza o señala) a lo que hace.

Digo todo esto, antes de seguir adelante con este artículo editorial de final de mes, debido a que alguno de nuestros visitantes pueden decir, y de hecho hay quién ya lo ha manifestado en otra ocasión, que en estos editoriales existe un claro planteamiento (o posicionamiento) político. No lo niego, pero me gustaría corregir el término, para afirmar que el editorial (como en cualquier escrito propio o ajeno) se trasluce o aparece de forma implícita o explícita una determinada ideología. Incido en lo dicho anteriormente: aparece de forma explícita o implícita, pero aclarando que procedo a sustituir la palabra política por la palabra ideológica. Un hecho normal. Nuestras propias acciones, gestos, formas de vestir... muestran quiénes y cómo somos, cómo nos movemos, pensamos y aceptamos la existencia. 

Manifestación en Chicago a finales del XIX: nace la fiesta del 1º de mayo

No lo he ocultado nunca. Ni antes, ni ahora, pero trato siempre de que esa forma de expresión se adecue, se centre en el hecho, estudio o película al que me estoy refiriendo. No es gratuito pues lo que expongo, al formar parte de lo que se cita y cuya función y destino será el cine.

Ahora, aquí, hablo del 1º de mayo, porque estamos en ese mes, y me refiero al movimiento obrero porque el cine desde que fue cine, ya, desde sus primitivos balbuceos, hizo hincapié de forma específica en el obrero bien como reivindicación de su trabajo o existencia o, como propaganda de los métodos de producción de la sociedad industrial. Rizando el rizo diré que la industria del cine es una cadena industrial puesta en funcionamiento por los muchos operarios que trabajan para hacer posible una película.

La salida de los obreros de la fabrica Lumière

La salida de los obreros de la fábrica Lumière

La primera película de la historia del cine era un filme interpretado por obreros, La salida de los obreros de la fabrica Lumière, 1895. Como se sabe, los hermanos Lumière, fabricantes e inventores, fueron los descubridores de un aparato que al proyectar imágenes producía la sensación de movimiento. Además (ese fue el gran invento) las fotografías en movimiento podían ser vistas por varias personas a la vez (1).

Además de ello, esa película de los hermanos Lumière posee otros puntos de interés. Citaré alguno de ellos:

a) Ser el primer falso documental de la historia del cine. Lo es tanto por el hecho de haberse tomado varias veces la salida de los obreros de la fábrica como por la mentirosa realidad que trata de venderse. Los obreros no salen de la fábrica como lo harían un día cualquiera. No, esperan ser fotografiados por el nuevo invento de sus amos (¿se les pagaría también por esa actuación, al ser los primeros extras de la historia del cine?). Se les adivina detrás de la puerta, esperando que alguien dé una orden tal como "manivela en movimiento" o algo parecido. Palabras primerizas que precisarían el específico ábrete sésamo que dio vida a la apertura de la puerta de la fábrica y a la salida en tromba de los operarios reconvertidos en actores. Sin saberlo, iban a colgar, de esa forma, su inmortalidad para el futuro. Lo más probable, como hemos insinuado, es que aquella salida se filmase tantas veces como fuera necesario hasta conseguir que los obreros actuasen (salieran del trabajo) de la forma más conveniente posible (limpia, ordenada, primorosa, adecentada). Hay, pues, una interpretación del acto, por lo tanto no hay espontaneidad. Aquellos que esperaban tras la puerta sabían que del otro lago una cámara iba a fotografiarles. 

b) Consciente o inconscientemente, el pequeño metraje de aquella primera película de la historia del cinematógrafo se orienta hacia una determinada idea. No se trata pues de un trozo de celuloide neutro carente de contaminación. No ocurrió en este primer acto fílmico y no ocurrirá en ningún filme a lo largo y ancho de su historia. Los hermanos Lumière eran dos empresarios y, como tales, interesados por sus investigaciones, pero también preocupados por sus negocios. Por ello debieron preocuparse de algunas cosas más que de promover su egocentrismo inventor. Por ejemplo su primer filme trata de: publicitar su empresa y apoyar la revolución industrial. De esa manera los hermanos Lumière se erigen no sólo en los hacedores de la primera película del cine, sino también en los realizadores del primer spot publicitario de la historia.

La salida de los fieles de la misa del Pilar de ZaragozaEl éxito de ese primer filme llevó a que otros "maquinistas" copasen, en los primeros compases del cine, ese título y varios más que completaron la primera sesión del 28 de diciembre del 1895, ofrecida a una veintena larga de personas en el salón indio del Gran Café situado en el Bulevar de los Capuchinos. Si eso (el tema, lo que se ve) gusta, atrae, al público, debieron pensar, cualquier cosa pareja también debe agradar. De ahí que en los comienzos del cine se proceda a repetir salidas de obreros, llegadas de tren a estaciones, comidas de bebés, juegos de cartas... Los cambios de acción de unos a otros filmes fueron mínimos en los primeros balbuceos cinematográficos. En algunos casos pueden producirse curiosas modificaciones como la reconversión en España: nada menos que La salida de los fieles de la misa del Pilar de Zaragoza. Primer filme español y también, como en el caso de los Lumière, pretendido o no, un claro manifiesto.

Aquel sentido repetitivo de los primeros títulos (ya se sabe que la gente gusta de ver siempre lo mismo: lo que conoce y por tanto espera) llevó al cine seriado o repetitivo. Un hecho que actualmente se sigue repitiendo incesantemente. Así, el éxito de La noche de Halloween de John Carpenter, por citar un título, llevará a realizar varios más o menos cogidos a su amparo. Es lo mismo que ocurre con las distintas partes o secuelas de Psicosis, Tiburón o cualquier saga galáctica, filmes de superhéroes o de psicópatas enfurecidos.

Pero con eso no basta. También ocurre cuando tal título coreano o de otro país (Francia, España, Francia...), y de terror (o humor), tiene éxito. En ese caso, enseguida se procede a realizar (normalmente en EE UU) el correspondiente remake. Se procede a introducir mínimas alteraciones respecto al original (si se hacen) manteniendo la idea o repitiendo la saga. En casos concretos se han producido auténticas fotocopias del original, como ocurre con Psicosis de Gus Van Sant, respetando al máximo el filme de Hitchcock, o en el caso extremo de Michael Haneke copiándose literalmente su primigenio Funny Games en su reciente versión norteamericana.

Tiburón La noche de Halloween

A vueltas con el 1º de mayo

Como ha quedado dicho, tres años después de los sucesos de Chicago de 1896 se proclamó el Día del Trabajador en muchos lugares del mundo. Curiosamente, en el país origen del conflicto, Estados Unidos, se decidió no acceder a esa fiesta y reconvertirla en otra diferente. Sería el primer lunes de septiembre y tomaría el nombre de Labour Day. Quizás de esa forma pretendían alejarse de un día implantado por socialistas, anarquistas u otras gentes de mal vivir.

Unamuno, Indalecio Prieto (ministro de Hacienda), Pedro Rico (alcalde de Madrid), Largo Caballero (ministro de Trabajo)

En España fue instaurado el 1 de mayo como fiesta nacional por la II República (abril de 1931) y como día de la exaltación obrera, al tiempo que el nuevo gobierno ratificaba la jornada laboral de ocho horas. Hay una fotografía de la manifestación del 1 de mayo de 1931 en Madrid donde se puede ver en cabecera, y hermanados, nada menos que a Unamuno, Indalecio Prieto (ministro de Hacienda), Pedro Rico (alcalde de Madrid), Largo Caballero (ministro de Trabajo). Como se puede ver igualito que hoy día.

Cartel reivindicador del 1º de mayoEl bando rebelde iniciador de la guerra (in)civil en julio de 1936 prohibió la celebración de tal festividad en la zona donde había triunfado su algarada. Al terminar la contienda fraticida se trasladó la fecha del trabajador al (nefasto día para el recuerdo) 18 de julio. Se le denominó Fiesta de la Exaltación del Trabajo (astutamente se sustituye trabajador por trabajo). Existen numerosos documentos sonoros y fílmicos de aquella pueblerina jornada de exaltación no de los trabajadores ni del trabajo sino del solitario dictador. Distintas emisiones de radio, los No-Do u otros reportajes de la misma catadura presentan el pueblerino repertorio de saltos, bailes, coros y danzas patrios celebrados en el estadio Santiago Bernabeu de Madrid; un espectáculo que sólo tiene parangón tanto con aquellas otras exaltaciones con la que los amigos habían homenajeado a Hitler en Berlín, como en las que en aquel presente le ofrecían los enemigos en Moscú a otro dictador, el diabólico Stalin.

En España, como era preceptivo, se volvió a instaurar el 1 de mayo como festivo posteriormente a que la Iglesia Católica así lo acordara por decreto de su autoridad suprema, el Papa Pio XII. Se trataba así de disolver como azucarcillo la idea de aquella fiesta conjunta de la izquierda filtrándola como exaltación religiosa. Se pasó del trabajo proletario al trabajo de un San José obediente carpintero por designio de la Divina Providencia.

Ángeles y demoniosAsí, en los años cincuenta, el 1 de mayo pasó a ser, entre nosotros, la festividad de San José Artesano. La idea era simple pero no cuajó: se pretendía reconvertir una fiesta no religiosa en religiosa, de la misma manera que en el pasado se había procedido a sustituir las fiestas paganas por fiestas exultantes de la Iglesia, como había ocurrido, por citar dos de las más importantes, con la Natividad o la Pascua. Las conmemoraciones paganas de la llegada del Invierno o la exaltación de la Primavera habían dado pie a la Navidad y a la Semana de Pascua.

La primera de las reconversiones se cita en ese engendro de película reciente de Ron Howard, Ángeles y demonios, filme en el que, a pesar del título, no salen ángeles ni demonios, y cuya presencia no se entiende por qué ha enfurecido a la curia Vaticana ya que en su final sutilmente se vierte un candoroso mensaje: la Iglesia Romana aboga por la unión entre ciencia y religión. No se entiende por qué tiende el filme a recalcarlo tanto, cuando es algo que la Iglesia, como bien se sabe, ha hecho siempre (y lo sigue haciendo) como lo demuestra la relación amigable que tuvo (o tiene) con Galileo, Darwin o la investigación de las células madres. 

Películas de/con obreros

Sacco e VanzettiEn la historia del cine, hay pocas, o ninguna película, que relacione o cuente los sucesos acaecidos en Chicago en 1886. Unos hechos importantes para el movimiento obrero y también para que futuro cine se fijase en la existencia de los obreros, convirtiéndolos en protagonistas de numerosas películas en las que se ha hablado de los trabajadores, los patronos, los sindicatos y los sindicalistas. Ha ocurrido prácticamente en todos los países y de todas formas posibles. Ha habido películas progresistas y películas reaccionarias. A favor del obrero y a favor de los patrono. Defensoras del derecho a la huelga y condenatorias de quienes ejercían o atacaban tan "salvaje" práctica, defendiendo o poniendo en entredicho a los esquiroles.

Algunos de los títulos que de una u otra manera han tenido a los obreros como centro de la narración han sido Joe Hill y  Sacco e Vanzetti (ambos filmes cuentan historias sobre sindicalistas ejecutados y curiosamente fueron realizados el mismo año, 1971), Tiempos modernos, Metrópolis, La huelga, Las uvas de la ira, Germinal, El empleo y El árbol de los zuecos (las dos de Olmi), La sal de la tierra, La ley del silencio, Daens, Norma Rae y Odio en las entrañas (ambas de Martin Ritt), La terra trema y Rocco y sus hermanos (las dos de Visconti), Qué verde era mi valle, La piel quemada, La verdad sobre el caso Savolta, Surcos... y muchas, muchas más.

Cannes, 1959

Los cuatrocientos golpesA mediados de mes de mayo, con la naturaleza floreciendo (aunque a veces el frío y el aire aun hagan castañear los dientes y es que, como dice el refrán, hasta el cuarenta de mayo...), la ciudad de Cannes se erige en cúspide y centro de los eventos cinematográficos. Es allí donde se reúne siempre lo más importante de la cinematografía mundial. Sin duda, es el festival por excelencia, el gran escaparate cinematográfico para el mundo. Pues bien, ahí, en Cannes, hace cincuenta años aquel festival coronó uno  movimientos jóvenes más importantes del cine: la Nouvelle vague.

Al socaire del festival, de sus diferentes apartados y, sobre todo, de la sorpresa que supuso el éxito de los títulos de la sección oficial, se encumbró el nuevo y rupturista cine francés. Nueve años más tarde, en mayo de 1968, varios de aquellos cineastas jóvenes rebeldes, aunque alguno quizá había sido domesticado por el paso de los años, serían los impulsores de la contestación, allí mismo, en una idealista revolución: se enfrentaron a la existencia de un festival tradicional y, tal como proclamaron, caduco. 

Cannes 1959 armó caballeros de alta graduación a los realizadores de la Nouvelle vague, al conceder premios a algunos de los filmes  realizados por sus representantes. El jurado que otorgó el palmarés estuvo formado, entre otros, por Julien Duvivier (uno de los realizadores franceses hacedor de ese cine de qualité que tan poco gustaba a los críticos reconvertidos en realizadores), Carlo Ponti, Gene Kelly, Carlos Fernández Cuenca. El premio al mejor director se otorgó a Truffaut por su primer y excelente largometraje, Los cuatrocientos golpes. El premio máximo sería para un falso filme Nouvelle vague, el tan pretencioso como hueco Orfeo negro de Marcel Camus.

Los cuatrocientos golpesCannes cortaría, pues, la cinta de salida del importante movimiento, que también estuvo representado por Hiroshima, mon amour de Resnais, primer largo de ficción de un reconocido autor de documentales (cortos o de medio metraje), quien con ese filme se apuntaba a un cine nuevo. Se permitía, incluso, ser acompañado por la novela (y colaboradora en el guión) de una de las máximas creadoras del Nouvelle roman, Marguerite Duras. 

La Nouvelle vague, literalmente, explotaba en aquel 1959. Chabrol realizada El bello Sergio y Los primos, Malle dirigía Ascensor para el cadalso y Los amantes, Godard (hoy en su filmografía cuenta casi con cien títulos) se enfrentaba a A bout de souffle, Rivette a París nos pertenece, Rohmer a El signo del león. Un lujo al alcance de muy pocos en el pasado y en el presente. Aquello era sólo el comienzo. El cornetín de llamada para que otros países se reengancharan al utópico y bienintencionado proyecto de los jóvenes cineastas franceses.  

Un festival aquel de hace cincuenta años que, a diferencia del celebrado este año, no contó con participación directa española. La indirecta la protagonizó Buñuel, quién con la espléndida Nazarín recibió el gran premio del jurado.

Hablaron también el mismo idioma el poco estimulante La cucaracha, filme mexicano de Ismael Rodríguez, y Araya, una interesante película procedente de una cinematografía prácticamente inexistente como es Venezuela. Su directora, Margot Benacerraf, prácticamente inédita desde entonces, recibiría el premio internacional de la crítica.

A España también se acercó entonces el filme Luna de miel, dirigido por un Michael Powell no demasiado inspirado. Ese viaje a una Andalucía típica y tópica, le valió un premio técnico. De todas formas no había llegado a la vulgaridad con la que Don Siegel había intentado hablar de nosotros unos años antes, con su deprimente Una aventura para dos.

Cincuenta años más tarde de aquel 1959, sí ha habido varias películas (cosa rara) debidas a realizadores españolas. Y tres de ella nada menos que en la sección oficial (dos a concurso y una invitada). Fueron: Mapa de los sonidos de Tokio de Isabel Coixet, Los abrazos rotos Pedro Almodóvar (2), y Ágora de Amenábar.

Cannes, con sus pros y sus contras, es un festival importante, pulso del cine actual, faro y guía de otros certámenes que ni de lejos pueden hacerle sombra. A su llamada acuden, por ejemplo, directores o embajadores de los principales festivales de cine que hay en España, para otear y probar los títulos raros, desconocidos e importantes desperdigados por las muchas secciones paralelas en las numerosas salas de la ciudad. 

Amenábar y Rachel Weisz en la presentación de 'Ágora' en Cannes

Coda

Tres cuestiones para terminar

A) En la segunda mitad del mes han comenzado la pugna por el voto de los partidos con vista a las elecciones europeas. Uno de los partidos políticos ha realizado un vídeo en el que unos actores interpretan a personajes de distintos países europeos que expresan su voto a favor de la pena de muerte, de la expulsión de emigrantes, del despido libre, de la sanidad privada, en contra de la homosexualidad, de la libertad religiosa, del cambio climático... En ese vídeo nada se dice sobre si algún partido español está a favor de las afirmaciones que allí se vierten. Sin embargo, los primeros espadas de un determinado partido han clamado en contra de los autores de tal propaganda audiovisual. Aseguran que el contenido del vídeo va dirigido contra ellos. Incluso una parlamentaria habló con una serie de periodistas sobre lo "indigno" del vídeo. En esa comparecencia, en el colmo del absurdo, llegó a preguntar (sin recibir respuesta) durante dos tres o veces a los periodistas que recogían sus palabras "si alguno de los allí presentes les veían a ellos así". Tal suceso inenarrable linda con el esperpento que desde hace días (o meses) tiene lugar en Camelot.

B) Creo que he dejado claro que el cine desde sus inicios no ha sido neutral, que sus imágenes defienden, atacan o exponen ideas, pensamientos. Lo he explicado a través de La salida de los obreros de la fábrica Lumière, pero el cine está repleto de ejemplos que lo confirman. ¿Quieren otro? Veamos: en el plano de apertura del filme se ve un puñado de borregos en el siguiente una serie de personas (en manada) salen del metro en dirección... al trabajo. ¿Acaso se trata de un filme soviético de la etapa revolucionaria? Nada de eso, es el inicio de Tiempos modernos de Chaplin.

C) Hay quien piensa que este editorial debería salir a primeros de mes. Estoy de acuerdo si se tratase de una publicación mensual en papel o una web mensual. Pero Encadenados no es ni una cosa, ni otra. Es una web que sube a la red artículos, críticas, trabajos... todos los días. Teniendo en cuenta, entonces, que la presencia de un editorial con una fecha determinada de un mes, es algo convencional, no sujeto, por tanto, a una determinada regla, he optado por cerrar el mes, en vez de abrirlo, con el editorial. ¿Una originalidad? No lo tomo como tal, simplemente lo hago de esa forma porque creo es más adecuado comentar acontecimientos que especular sobre los que van a acontecer. La estructura de la revista así me lo permite.

Tiempos modernos

(1) Edison, entre otros, con anterioridad había dado a conocer aparatos más o menos individuales que mostraban la misma idea: el paso rápido de varias fotografías o vistas tomadas en forma continuada daba la sensación de vida, de movimiento.

(2) Ver crítica en Encadenados.

Tiempos modernos