Editorial marzo 2009

  28 Marzo 2009

Cuando hierve la sangre
Escribe Adolfo Bellido López

Mickey Rourke en 'El luchador'Ha llegado la primavera. Con ella nuestra revista aparece remozada, adornada con blog y otras muchas excelencias creadas (a un ritmo impresionante) por la familia informática en su quehacer diario.

Dicen que marzo es un mal mes. A sus días se asoman los idus cesarianos o los trastornos propios del cambio de estación, polinizador de vidas al punto de ser capaz la seductora primavera de dejarnos noqueados y en peor estado del que presenta Mickey Rourke en El luchador.

No hemos tratado de inventar nada nuevo con los cambios introducidos en Encadenados, simplemente hemos querido ofertar un variopinto escenario para que se zambullan en él aquellas personas, de acá y de allá, interesadas por el cine. Eso sí, tratamos de hacer un trabajo riguroso desde el respeto mutuo hacia sirios y troyanos. Duele encontrar ciertos medios escritos en los que se insulta a compañeros críticos o a las personas que hablan o acuden a ver ciertas películas. Motivo: no estar de acuerdo con las opiniones que mantiene el escribiente.

No entendemos esa actitud, como tampoco la intransigencia, la persecución sistemática de aquél o aquello que no nos gusta o está en desacuerdo con nuestra forma de pensar. Vivimos en un mundo inquisitorial donde nuestro pensamiento parece ser el único válido. Algo realmente grave. Como también lo es el ignorar, menospreciar, invalidar o ningunear a cualquiera que no sea de nuestro grupo, o pertenezca a eso que consideramos la competencia.

Persecuciones, ignorancias, falta de profesionalidad, golpear a quien nos plazca por el hecho de ser más guapos, más altos, mas inteligentes que el contrario. Competir descaradamente, en un palabra, en vez de compartir o de trabajar al unísono.

Todo lo dicho se da en cualquier aspecto de la vida, también, y en gran proporción, en el mundo del cine. Es un hecho en el campo de la crítica cinematográfica, o de lo que sea, ejercida, a veces, por gente que desconoce lo más elemental del cine y de su historia. Mucho más lo es dentro de la propia profesión. El mundo del cine mueve demasiados intereses, demasiado dinero.

Adolfo y Sabín recogiendo el Premio Tirant por los diez años de 'Encadenados'

Historias de marzo

En marzo hemos celebrado los diez años de existencia en la red de nuestra revista Encadenados. Hemos realizado dos exposiciones, hemos recibido un premio Tirant especial, y, lo que más importante, muchas felicitaciones, sobre todo, lo cuál nos llena de orgullo, de antiguos alumnos de la Universidad Laboral de Cheste, quienes casualmente o por recomendaciones de compañeros, han conocido (o reconocido) le revista como continuación de aquélla que en papel les inició al mundo de cine (como complemento del cineclub o de las clases de cine) en aquel centro escolar.

Ellos nos han recordado, en sus conversaciones o en sus e-mails, lo que aquellos días supusieron para el hoy. Cómo aprendieron a ver, a leer películas. A reconocer el cine moderno y el antiguo. A saber que el cine de hoy se fundamenta en el de ayer. Junto a todo aquello, también aprendieron a vivir. En su mayor parte, hoy, en sus puestos de trabajo siguen relacionados con la enseñanza, la realización o la crítica de cine.

Parte de la redacción de 'Encadenados' en las exposición del Club Diario Levante

Fue una estupenda generación capaz de asomarse y reconocer cines tan diferentes como el de Murnau, Ophüls, Wenders, Donen, Truffaut, Renoir, Godard, Chabrol, Bresson, Siegel, Tourneur, Erice, Berlanga, Fisher, Spielberg, Hawks, Walsh, Welles, Ford o Hitchcock... Aprendieron a amar el Cine con mayúsculas y hoy siguen transmitiendo ese amor allí por donde pasan.

Sabemos que somos una de las revistas digitales de cine más antiguas. No entramos a valorar si somos malos, regulares, buenos o mejores. Eso son nuestros internautas los que deben decirlo. Intentamos que nuestra labor se lleve a cabo dentro del rigor, la objetividad y el respeto.

Hay grupos que, cuando hablan de sus asociaciones o sus publicaciones, aseveran que son apolíticos, aconfesionales y no sé cuántas mas anti cosas o falsamente asépticos. Realmente esas palabras no dicen mucho. Más bien afirman que quién así se define forma, ante su indefinición, parte de una determinada política, confesión, sociedad o secta. No participamos de esas (no) afirmaciones. Nosotros creemos, y defendemos, muchas cosas. Por supuesto, luchamos por un mundo más justo y libre donde cada uno, con sus opciones, pueda cohabitar al lado del otro. Admitimos a los seres de cualquier raza, ideología, opción sexual, siempre que (ellos) respeten las libertades de los demás. El cine nos ha ayudado, y nos ayuda, en este camino.

Todos los escolares y premios Tirant especiales, entre ellos Adolfo y Sabín (fotos de los Tirant: César Uceda)

En este mes de marzo nos hemos reunido unas treinta personas de diferentes partes de España, todas ellas encadenadas al mundo de cine a través de una revista que queremos y cuidamos con esmero. Una familia que se agranda a otros diez colaboradores que no pudieron estar con el resto. En estos días de celebración algunos se han conocido por primera vez. Y aunque ya lo sabían, han refrendado las palabras finales de Casablanca.

En estos meses hemos encontrado no sólo a antiguos conocidos, también hemos incorporado nuevos, y valiosos, colaboradores a nuestro proyecto. Lo curioso es que algunos de ellos, llegados desde el túnel de los tiempo, proceden del querido mundo chestano.

Almodóvar y la nueva cara de 'Encadenados'

Almodóvar, Betsy Blair y Bardem

El Rashomon de Almodóvar es el que ha dado el clarinazo a la nueva cara de Encadenados. El director manchego, desde su gran cinefilia, ha presentado al público su nueva película, Los abrazos rotos. Un realizador que se ha hecho a sí mismo y que ha sabido vender inteligentemente sus películas, incluso desde su propia marginación. Un muy buen director de actores sobre el que sistemáticamente parte de la crítica arremete, quedándose en una visión demasiado simplista de su obra que, eso sí, por momentos deja desgarrones en unos guiones no demasiado bien cocinados.

Almodóvar ha vuelto a estrenar en marzo. Lleva ya varios estrenos en los que se aúpa a este mes cambiante de estación para dar a conocer sus nuevas películas. Una curiosa opción cuyo secreto quizás sea de fácil solución.

Desde Minnelli hasta Powell, pasando por Rosellini, Sirk y, entre otros varios, naturalmente Hitchcock, están presentes en estos abrazos que se rompen porque la muerte nos los aprisiona en una compleja lección de estilo. Algo que ni la critica, ni los espectadores parecen comprender. Pero en esa incomprensión hay también una especie de ataque hacia la propia (y personal) libertad de rodar lo que le viene en gana. Hecho con el que se emparenta, hasta cierto punto, con Woody Allen.

El rojo dominante que destaca por aquí y por allá entre los flecos de  nuestra nueva portada no es, aunque lo parezca, un guiño minnelliano, ni almodovariano. Es una cuestión de diseño con elementos más llamativos. Un hecho, como se puede comprende, simple.

Betsy Blair en 'Calle Mayor'

En este mes de marzo, además del estreno de la película de Almodóvar, los idus han tenido a mal llevarse a una actriz como Betsy Blair, que representó en la España franquista a la mujer aplastada por la chulería de los mediocres. Unos personajes que alzaron sus risas para aplastar a los débiles, a los seres sensibles en la magistral Calle Mayor de Juan Antonio Bardem. Isabel, la protagonista, fue por obra de Betsy uno de los personajes antológicos del cine español de los años cincuenta. Una película que siempre recordaré se proyectó en (su estreno) en programa doble, en mi ciudad salmantina, nada menos que junto a El derecho de nacer. O lo que es lo mismo, la luz y la oscuridad en una misma sesión.

Calle Mayor y Los abrazos rotos son dos filmes españoles separados, en el tiempo, por poco más de cincuenta años. La España de Bardem parece transcurrir en la pre-historia. El país se ha transformado, ha evolucionado, por fortuna, caminado hacia la libertad. Ambos títulos parten, o se miran, en otros títulos. El de Bardem en Los inútiles de Fellini, el de Almodóvar, como se ha dicho, en muchos y variados. Sin embargo la forma de concebir el cine es muy diferente. Calle Mayor lo entiende como reflejo de la realidad y como forma de concienciar al espectador. Los abrazos rotos se asienta en la ficción de unas historias intemporales nacidas a la sombra de rabiosos melodramas. El filme de Bardem posee la estructura de los grandes filmes clásicos, el de Almodóvar se cubre con los ropajes de la modernidad.

Almodóvar y la nueva cara de 'Encadenados'

Coda

En este mundo loco en el que vivimos donde la intransigencia parece querer volver a aplastar a las conciencias, donde la corrupción (como en las buenas películas de la serie negra o las italianas de los años sesenta o setenta) parece ser caldo de cultivo de políticos imperturbables y engreídos, donde los jueces perseguidores de malos de película son puestos en cuarenta por ésos o por aquéllos (cuando ésos y aquéllos son los juzgados), donde los que quieren obligar a aceptar sus formas de pensar crecen como ansiosos enanos dispuestos a empuñar su necia fuerza, donde las religiones se alzan como únicas y verdaderas, donde, en fin, el mundo se mira con estupor y se encuentra perdido... aún asoma una esperanza que no hay que buscarla en el más allá de gurús salvadores, de alienígenas protectores, ni de promesas celestiales, sino en el propio ser humano que se encuentra a nuestro lado. Que vive y siente. Como nosotros.

Pedro Almodóvar, protagonista de nuestro nuevo 'Rashomon'

El cine nos aproxima a ese ser amigo, distinto, que vive cerca y lejos, que piensa como nosotros o de forma distinta, que ama, disfruta o sufre. Con el cine nos acercamos a mundos distintos o nos asomamos a otros parejos. Desde ellos podemos comprender y comprendernos mejor. El cine y las películas, las que amamos, las que sentimos, presentan la necesidad de ser analizadas para conducirnos a la reflexión. Las grandes películas de ayer, de hoy y de siempre son ventanas abiertas al mundo. Nos invitan a comprendernos, y comprenderle, mejor.

Los amantes del cine tienen sus películas y sus directores favoritos. Darán múltiples razones para defender su propuesta. Nosotros también tenemos nuestras películas queridas, nuestros directores de, por y para siempre. Es difícil escoger uno, entre tantos. Pero, lo escogimos cuando dimos nombre a esta revista. No hace falta decir a quien nos referimos. El título lo dice claramente. Quizá en vida personal dejo mucho que desear, pero como artista habló con sus imágenes y nos dio lecciones de vida. Nos llevó, desde aparente historias policíacas, a deslizarnos por la difícil senda de la inocencia y la culpabilidad. Del egoísmo y del aislamiento. Un mundo el suyo caótico, loco, disparatado, sobre el que siempre aletearon profundas historias de amor. Un realizador que supo encadenarnos al cine y a la vida.

La redacción de 'Encadenados' junto a la exposición de diez años y el premio Tirant