Las huellas imborrables (de Javier Herreros)

  05 Junio 2021

Mucho más que un poemario

las-huellas-imborrables-0Javier Herreros Martínez, colaborador de Encadenados, ha publicado su primer libro de poesías, en el que cada poema, con un claro título sobre lo que pretende (huellas imborrables), se dedica a un artista. No a cualquiera, sino a grandes nombres de la música y del cine. Por su pequeño libro, en extensión, pero grande en sus propuestas, pasan Pasolini, Bergman, Vallejo, Machado, Bach, Delibes, Mercury.

Cada poema está dedicado a uno de los personajes, se centra en algunos aspectos importantes que vivieron, de donde se traslada al recuerdo de su niñez… para, en la mayoría de los casos, hablarnos de su muerte

El libro se abre, como camino que el propio autor recorre, con unos versos de César Vallejo:  Y cuando nos veamos con los demás al borde / de una mañana eterna, desayunaos todos.

Javier reconduce sus poemas más allá del hecho narrado, ya que en ellos resume una vida que lleva desde la niñez (en el recuerdo) al momento de su muerte, como es el caso de los poemas dedicados a Pier Paolo Pasolini, Antonio Machado, César Vallejo, Miguel Delibes, Albert Camus o Freddie Mercuy.

Otros poemas nos acercan a uno de los grandes momentos de su vida: Bergman en el rodaje de una de sus obras maestras (no es casualidad) en la que viaja al mundo de su infancia (Fanny y Alexander); el caminar de Johan Sebastian Bach meditabundo ante el estreno de su obra maestra, La Pasión; la lucha de Jiri Menzel por sacar adelante Alondras en el alambre, ante la prohibición de la censura en Checoslovaquia, después de añorar la libertad del pueblo, cortada de raíz por la llegada de las tropas soviéticas, lo que impide, hasta años después, conocer una de sus mejores obras.

Triunfos y muertes que se unen porque la vida tiene fecha de caducidad. Es así como el apoteósico clímax del grupo Queen con Freddie Mercury, en el famoso concierto que tuvo lugar en el estadio de Wembley (12 de julio de 1986), se enfrenta a su muerte en noviembre de 1991, un grupo del que nunca se podrá olvidar su Bohemian Rhapsody.

O Saramago, premio Nobel de literatura, y su abrazo a enormes árboles, como queriendo recoger la vida que de ellos emana.

Sin olvidar el último verso que escribiera Machado antes de morir, tan cerca pero fuera de su patria, en Colliure, encontrado por su hermano José en el abrigo de su hermano: Estos días azules y este sol de la infancia.

Infancia-triunfo-muerte y supervivencia del arte forman un todo en el recorrido de los autores recogidos, homenajeados por Javier.

Detrás de la infancia, o a su lado, aparece siempre la familia, pero sobre todo se centra en la madre y en el hermano del artista: Pasolini convirtiendo, en su excelente película sobre Cristo, a su madre en la madre de Jesús; la madre de Machado, que muere a los pocos días de su hijo; la muerte del hermano de Delibes; las palabras de Saramago recogiendo el premio con 76 años, en homenaje a sus abuelos, Josefa y Jerónimo: «las personas más sabías que he conocido en mi vida aunque no supieran leer y escribir».

En todos los poemas asoma la esperanza de un encuentro más allá de la muerte, sin base religiosa alguna, ya que el autor se declara de izquierdas, no creyente y con una cierta propensión a lo anárquico.

Digamos ya que el libro está dividido en dos partes, una primera en la que aparecen los poemas dedicados a los diferentes artistas queridos, admirados por su arte; y una segunda titulada Reflexiones, apuntes e intertextualidad en torno a los poemas.

En esta parte, Javier analiza uno a uno los poemas que aparecen en la primera parte, habla de sus autores predilectos, de los que han hecho que su profesión se encamine hacia la enseñanza o de cómo le emociona la poesía de César Vallejo, los libros de Delibes, la música de Queen… 

Pero hay algo más: lo que une sus gustos, el desarrollo de su poemario con su propia vida. Es entonces cuando escribe sobre su amor a la familia, sobre lo que ha supuesto su ayuda. Y la impronta que en su vida suponen ante todo su madre y su hermano Jorge, falleció en 2010, Delibes había muerto unos meses antes, en marzo, su poema El novelista y sus personajes le lleva a recordar cómo su hermano le educó en la literatura hablándole de Delibes y en el cine a través de también de Los santos inocentes.

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Conoció y amó las artes por la maravillosa senda marcada por su hermano fallecido. Unas enseñanzas recibidas que ahora trata de transmitir al alumnado de su centro. Su primer poemario, Las huellas imborrables, está dedicado «A mi hermano Jorge, que alienta estos versos».

El libro, en sus dos partes, hace alusión a la integración del arte con la vida del artista y también con la del propio transmisor de esos personajes. Y sí, como hemos dicho, su madre y su hermano forman parte de estas poesías.

Como ejemplo tomemos el poema dedicado a Pasolini (Golpes en la arena) cuando supone Javier que al ser asesinado recordará a su madre: «Madre, madre, madre, su voz casi inaudible / Las botas lo golpean con enorme dureza / pero el corazón habla, ve, escucha, sensible / La infancia son recuerdos del Friul, Ruda, qué belleza / Susana acaricia sus cabellos, muy tiernos». Al ser asesinado, Pasolini recuerda a su madre Susana, la misma mujer que en su película sobre la pasión de Cristo representa a María, llorando por su hijo muerto.

El recuerdo, por parte de Javier, de su hermano muerto también aparece en muchos de sus poemas. Así, en el final del dedicado a Miguel Delibes (El novelista y sus personajes) se encuentran los siguientes versos: «El mismo año, Miguel y Jorge dijeron adiós / Ambos viven en las galerías de tu alma / Pese a que al aire hiela, tu brazo, tu ilusión / coge de la estantería los libros cuyas páginas / se enseñaran diáfana, la verdad de la ficción / Ahora Delibes y tu hermano te acompañan / en tus clases. Quieres serles digno en tu enseñanza / Los muchachos serán buenos lectores; la emoción / en el recuerdo y el porvenir, la esperanza; / Azarías ve a Ireneo, escucha su voz».

Javier tiene la esperanza de que todos ellos se reúnan en el más allá, al igual que él encontrará a su hermano. Su reflexión en la segunda parte del libro, al final de la amplia sección dedicada a Delibes, escribe lo siguiente: «Sólo sé que me gustaría reencontrarme con mi hermano y que me volviese a dar besos en la cabeza como acostumbraba. Azarías perdió a su hermano Ireneo en la Guerra civil; Ireneo, republicano extremeño, luchó contra las tropas fascistas. En un pasaje precioso de Los santos inocentes, Azarías le cuenta a Regula que ha visto a Ireneo en el firmamento. Esa es nuestra esperanza, que Pasolini se encuentre con Guido, que César Vallejo vuelva a ver a Miguel, que Azarías hable de los pájaros con Ireneo, o que yo vea la figura alta y delgada de Jorge y corra a abrazarlo».

Poemario y reflexiones donde el autor forma parte de alguno de sus artistas preferidos, como forma de dar fe y sentido de su propia vida.

Escribe Adolfo Bellido

Las huellas imborrables | Javier Herreros | Editorial La Equilibrista | Madrid, 2020 | ISBN: 9788418212147

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