La pantalla subliminal: Marcelino pan y vino según Vajda (de Anne Marie Jolivet)

  26 Febrero 2021

Hora de romper tabúes

marcelino-pan-y-vino-0La Filmoteca Valenciana está realizando una buena labor no solamente en lo que concierne a la exhibición y recuperación de películas, sino también por una serie de ediciones de textos generales sobre cine, cinematografías, géneros o autores.

Estos últimos, en algunos casos, se corresponden con los propios ciclos que la Filmoteca proyecta. En este último caso se trata de ediciones conjuntas con determinados festivales u organismos. Nos parece muy interesante la existencia de este tipo de colaboraciones que permiten una concentración (útil y necesaria) de trabajos que podrían perderse en destinos demasiado concretos.

La importancia de la Filmoteca Valenciana, con varios años a la espalda y con inmejorables directores y gestores, es innegable. El conocimiento de entidades cinematográficas, institutos, escuelas y filmotecas a nivel internacional permite una colaboración amplia de la entidad en diferentes muestras cinematográficas dentro del Estado Español. Su presencia es esencial para la preparación de determinados ciclos.

No solamente hay que hacer referencia al certamen Cinema Jove (de Valencia) del que es arte y parte al encontrarse el evento adherido a su propia sede, sino también a festivales como el de Gijón, el de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián o el de Alcalá de Henares.

Las publicaciones que edita se engloban en diferentes colecciones siendo, probablemente, la más interesante la señalada como textos. Bien es verdad que se puede discrepar sobre algún que otro título, caso por ejemplo del dedicado a Tarkovsky, que quiere seguir (mal que bien) la línea (sin acercarse siquiera) marcada por el excelente libro de Luciano Berriatúa sobre Murnau que editara hace años la Filmoteca Nacional.

Pero esa discrepancia (en determinados títulos) no impide valorar muy positivamente esta colección en la que no hace mucho ha aparecido el libro (necesario) que ahora comentamos.

Hora es de romper tabúes y de analizar desde la objetividad obras (y autores) que en el pasado fueron (o se intentó que fueran) barridas por el desinterés o por una mirada equivocada. El caso de Ladislao Vajda es muy claro.

Aún hoy ciertas publicaciones siguen arremetiendo contra el cine de este director húngaro que realizó algunas de las mejores películas españolas de los años cincuenta. No se puede olvidar en su cine la excelencia de El cebo o el interés de títulos como Carne de horca o Tarde de toros.

Y, claro, es imposible dejar de valorar como se merece la trilogía que dedicó a Pablito Calvo, compuesta por Marcelino Pan y vino, Mi tío Jacinto y Un ángel pasó por Brooklyn. Dos de los filmes (excepto el tercero) son excelentes estudios de una época, unos lugares y unos personajes. Pocos títulos tan «documentados» de una situación (con visos neorrealistas) como Mi tío Jacinto.

marcelino-pan-y-vino-2

Con motivo del homenaje que le dedicó a Vajda la Seminci de Valladolid, Francisco Llinás escribió un pequeño pero meritorio libro sobre el ignorado (cuando no despreciado) director. Es quien ahora prologa este muy interesante estudio de Anne Marie Jolivet sobre la obra más emblemática de Vajda (quizá no la mejor, ya que probablemente esa sea bien El cebo o bien Mi tío Jacinto).

El estupendo trabajo de la autora francesa pone la primera de las películas del niño-actor en su punto exacto, eliminando todo (el falso) sentido místico que la laureó en su estreno. No se trata, ni mucho menos, de una película acorde al espíritu (más cretino que cristiano) que alimentó la dictadura franquista en sus primeros tiempos. Es claro, y esto lo explica detenidamente la autora, que una cosa es el decir «seráfico» del escritor (José María Sánchez Silva) y otra muy distinta la aproximación que el director (nada deformante) hace a la historia de Marcelino.

Está claro que se trata de mirar y de entender, de comprender que detrás de unas aparentes imágenes santurronas se esconde toda una búsqueda personal de alguien que ni siquiera sabe quién es. Marcelino busca a la madre y al padre, crece en un entorno aparentemente feliz, no truncado por ninguna apetencia del carácter que sea. Un idílicamente falso paraíso que lleva al personaje al propio encuentro con la muerte.

El estudio de la película se plantea plenamente y de forma lógica desde un análisis psicológico del personaje, de su evolución en el intento de llegar a convertirse en un ser plenamente adulto. Por ello, el libro emprende el camino de llegar a la historia desde una perspectiva profunda nacida desde un análisis que debe bastante a las tesis psicoanalistas.

marcelino-pan-y-vino-1

De esa forma, el filme se comprende en su verdadero significado y no en el aparente. El cine no es aquello que las (engañosas) imágenes nos ofrecen (aparentemente) en una primera mirada sino lo que se (sugerido) oculta a través de ellas. Es el sentido de esa segunda (o tercera o cuarta) lectura que trasciende a la mayor parte de las grandes obras del séptimo arte. Algo que se demuestra con respecto a este título que supera con creces sus (aparentes) limitaciones iniciales.

Hay que leer obligatoriamente este texto que, secuencia a secuencia, va leyendo reposada y objetivamente las brillantes imágenes de esta sentida obra. Para mayor recordatorio del lector-espectador se incluyen muchas fotos explicativas y el guión completo de la película.

Un ejemplo claro del significado oculto que puede encontrarse en un texto como ejemplo claro de lo que una obra abierta y libre (y todas las grandes obras lo son) es capaz de darnos. Un texto para leer y meditar.

Como dice (y consigue) la autora en el inicio, se trata de revisitar desde un punto de visto estético, ético y laico, al tiempo que desempolvar un filme emblemático de nacional catolicismo español. A fe que lo consigue.

Escribe Mr. Arkadin

La pantalla subliminal: Marcelino pan y vino según Vajda | Anne Marie Jolivet | Filmoteca Valenciana. Colección Textos | Valencia, 2003 | ISBN: 9788448236229

(Este artículo fue publicado en el nº 44 de Encadenados, en septiembre de 2004, cuando la revista se editaba con el desaparecido programa Flash.)