El cine y su música: secretos y claves (de Lamberto del Álamo)

  13 Octubre 2020

Diez temas y diez bandas sonoras: una joya

el-cine-y-musica-0«No existe apenas bibliografía en castellano sobre la música de cine, y los pocos libros publicados se refieren a los compositores más conocidos (John Williams, John Barry, Ennio Morricone…) sin prestar atención a los detalles técnicos, más propios de los estudios académicos» (página 9)

Desde el mismo prólogo, significativamente titulado ¿Por qué este libro sobre música de cine?, Lamberto del Álamo se ofrece a sí mismo la oportunidad y el desafío de entregar al lector un libro sobre bandas sonoras distinto.

No estamos ante listados exhaustivos de títulos de distintos autores, ni ante la vida y obra de un autor concreto, tampoco ante una historia de la música en el cine, ni en el estudio de algunos títulos concretos.

No es eso. Y, a la vez, es todo eso. Y más.

Porque El cine y su música: secretos y claves ofrece algunos secretos, muchas claves y dos formas de acercarse al mundo de las bandas sonoras.

La primera parte, Temas de música y cine, es un recorrido por algunos de los tópicos, la historia y algunas claves de la música de cine.

Pero no es una selección típica y tópica, sino a gusto del autor.

Siguiendo con esos gustos particulares, la segunda parte del libro es un estudio más amplio de las diez bandas sonoras favoritas de Álamo.

Siendo rigurosos, ni una ni otra parte son absolutamente lógicas, ni fieles a su enunciado.

Y, sin embargo, juntas forman un libro muy ameno, fácil de seguir, formativo y que, de alguna forma, como prometía su prólogo, no había sido escrito antes…

O, al menos, no había sido publicado hasta este febrero de 2020 —sí, días antes de la pandemia— en que ha aparecido esta pequeña joya en la colección Libros de Cine de la editorial Rialp.

Un manual ameno y útil. Casi nada.

De Wagner a Morricone

A lo largo de las 120 primeras páginas, diez capítulos nos permiten un acercamiento a la música de cine a través de la historia, de la influencia de algunos autores y también de la presencia de los tradicionalmente considerados autores cinematográficos —es decir, algunos directores, como Kubrick—.

Si violines, amor. Si tambores, indios es un repaso a los clichés y estereotipos utilizados en el mundo de la banda sonora, como su título deja claro. Un repaso en el que también tiene espacio para recordar a algunos grandes que supieron cómo romper esos clichés.

Como Herrmann y los «amorosos» violines en la escena de la ducha de Psicosis.

O Morricone y las guitarras eléctricas, junto a silbidos y aullidos, en la trilogía del dólar de Sergio Leone, iniciada con Por un puñado de dólares.

psicosis ducha

Otro capítulo atractivo: el uso del leitmotiv musical enlaza directamente con Richard Wagner y con el romanticismo de la música en la época dorada de Hollywood, de 1930 a 1960, aproximadamente.

Aunque esa identificación entre el público y la música que oye en determinada escena también puede ser manipulada, transformando la habitual empatía en un concepto que no está en el diccionario, pero que ha sido bautizado como «anempatía».

Los coros infantiles en Poltergeist frente a los coros malignos de La profecía son un buen ejemplo de empatizar porque encajan música e imagen (la película de Richard Donner) o de descolocar al espectador porque no se corresponden música e imagen (los fenómenos extraños de Tobe Hooper). Ambas obras de un tal Jerry Goldsmith, uno de los músicos comentados más a menudo en este libro.

Aunque si hablamos de ser citado, sin duda es Max Steiner el que más páginas ocupa.

Europeo, emigrado a Estados Unidos con la subida del nazismo, fue el creador del sinfonismo de la edad de oro de Hollywood, que se mantuvo activo durante tres décadas. Impulsor de la orquesta sinfónica, de la sincronía entre música e imagen y del uso de temas musicales para cada personaje o tema (leitmotiv), su influencia se prolonga hasta los 60.

Unos 60 en los que las canciones comerciales empezaron a invadir las bandas sonoras y el sinfonismo quedó aparcado.

Pero los 60 también vieron nacer los experimentos musicales de una nueva generación, en la que se encontraban músicos como Bernard Herrmann, Elmer Bernstein o Alex North, que fueron sustituyendo el sinfonismo por propuestas más arriesgadas… o más comerciales, según el caso. El jazz, el rock o el vanguardismo llegan a las pantallas de cine.

Laura tuvo la culpa indaga en un hecho histórico: en 1944, el film Laura, de Otto Preminger, se estrena con una excelente banda sonora de David Raksin. Un año después, Johnny Mercer compone una letra para el tema principal y la versión cantada alcanza el número 1 de ventas.

Nace la opción de incluir un tema comercial en la banda sonora, para vender más, se entiende. Pero también puede incluirse el jazz, la música popular o cualquier otra fórmula, como el dodecafonismo o la música culta.

king-kong

De todo ello habla Álamo en esta primera parte del libro que, además, nos obsequia con un estudio específico sobre el cine bélico de Stanley Kubrick.

En concreto, habla de Senderos de gloria (música de Gerald Fried), Espartaco (partitura de Alex North) y La chaqueta metálica (mezcla de canciones de la época con música original de su hija Vivan Kubrick, bajo el pseudónimo Abigail Mead).

Son ejemplos de excelentes bandas sonoras. Y también una muestra de cómo evolucionó Kubrick en su concepto de la música de cine: de tener a un autor fijo (Fried) pasó a probar en cada título con uno nuevo (North) y finalmente apostó por la música preexistente y algún tema añadido.

De todos los capítulos de la primera parte, para este cronista el más sorprendente es el penúltimo, Dabadabadeando, dedicado a la música de Francis Lai y, en especial, a su célebre tema principal de Un hombre y una mujer (1966), de Claude Lelouch.

Tras analizar los distintos cortes del disco, llega a la conclusión de que es una banda sonora a reivindicar, bien construida, con variedad de temas y mucho más interesante de lo que la crítica perezosa se empeñó el decir, seguramente porque no la habían oído entera o porque el pegadizo tema central no se lo quitaban de la cabeza.

Punto y aparte para el último capítulo de la primera parte, centrado en Ennio Morricone y con especial atención a su libro autobiográfico En busca de aquel sonido: Mi música, mi vida, coescrito con Alessandro de Rosa.

Un ejemplo perfecto de libro de obligada lectura para los amantes de la música de cine. Una obra donde Morricone es más un filósofo que sólo un músico, como él se considera.

Y un libro del que hablaremos próximamente en nuestra revista Encadenados.

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De King Kong a Espartaco

Si en la primera parte analiza a vuelapluma algunos títulos mientras reflexiona sobre temas más o menos conocidos, en esta segunda elige sus diez títulos favoritos y nos explica por qué los ha elegido.

Si hemos de ser sinceros, pensamos que no deben ser exactamente «sus favoritos» sino que realmente habría que hablar de los títulos más significativos en cuanto al uso y la evolución de la música de cine.

Comienza con el King Kong (1933), de Max Steiner, como ejemplo de la sincronización entre música e imagen y, por supuesto, como primera piedra del sinfonismo de Hollywood.

De Tiempos modernos, de Chaplin, valora su escasísimo uso de la palabra, sustituida por ruidos industriales, sonidos y música ocasional.

Desayuno con diamantes es el ejemplo perfecto de una canción como origen de la banda sonora: Moon River, escrita por Henry Mancini, es el eje de la partitura y cuenta con distintas versiones, incluida una cantada por la protagonista, Audrey Hepburn.

Con Recuerda, Miklos Rózsa se atrevió a indagar en la mente de los protagonistas. Hitchcock también. Aunque en su día fue criticada su apuesta por el psicoanálisis en el cine, hoy ambos gozan del prestigio de su atrevimiento. Y la banda sonora es un clásico con Oscar incluido, gracias a innovaciones como el uso del theremin, el único instrumento «que se toca sin tocarlo».

Mi tío es casi un homenaje a Tiempos modernos. Jacques Tati apostó en toda su obra por los efectos de sonido y la música, reduciendo los diálogos a un papel secundario. Y su música, amable y propia de una pequeña orquesta, una delicia para los oídos.

La terminal es toda una sorpresa. Es el único título que el autor dedica a John Williams y no se centra en su sinfonismo más conocido, sino en esta obra de Spielberg para la que compone un maravilloso tema de amor, melodías de jazz, un himno para un país inventado y un tema principal con textura étnica. Una joya a reivindicar.

La buena estrella es un homenaje a Ricardo Franco y su compositora Eva Gancedo. Un film único y una banda sonora breve, discreta, concisa, con pequeños temas para los tres personajes principales. Una auténtica pieza de cámara.

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La música dodecafónica llegó a Hollywood con Leonard Rosenman y su banda sonora para Al este del Edén, gracias a que James Dean era alumno suyo de piano y propuso su nombre al director Elia Kazan. Pese a sus abundantes composiciones originales, Rosenman consiguió dos Oscar y ambos por adaptaciones de música previa: Barry Lyndon y  Bound for glory. Una injusticia.

Es difícil quedarse con una única obra de Jerry Goldsmith, pero seguramente El planeta de los simios justifica su elección por el tratamiento distinto que dio el autor a la banda sonora: instrumentos convencionales tocados de forma poco convencional, música difícil de escuchar fuera de la película, instrumentos poco convencionales (como cacerolas o cuerno de caza). En fin, otra muestra de la creatividad del maestro.

Por último, otra vez Kubrick y Alex North. Espartaco es para el autor —y para este cronista— el tema de amor más bello de la historia del cine. Tres notas que al escucharlas con la cuerda nos invitan a pensar en el nombre de la amada, Va-ri-nia. Un título inolvidable.

Todos los capítulos merecen la pena: en la primera parte, por su carácter divulgador; en la segunda, por su análisis más profundo partiendo de un título clave de la música de cine.

El libro logra hacer realidad lo que su autor se proponía en el prólogo.

Lo que no es poco. 

Escribe Mr. Kaplan  

El cine y su música: secretos y claves | Lamberto del Álamo | Rialp, libros de cine | Madrid, 2020 | ISBN: 978-84-321-5226-9

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