Conversaciones con Martin Scorsese

  13 Agosto 2020

Recuerdo muy bien…

conversaciones-con-scorsese-0«Primero está la familia, es decir, la tuya más la mafia, luego la Iglesia. Primero la ayuda material, luego la espiritual. En la jerarquía del respeto, el sacerdote va después del padrino. En Mulberry Street, el sacerdote de mi barrio me decía a menudo que sus parroquianos sólo le saludaban después de que el padrino hubiese dado ejemplo.»

(Scorsese, página 14)

Hay libros que se convierten en clásicos y son referencia obligada cuando se habla de un cineasta.

Entre ellos suelen estar los formados por amplias entrevistas donde el artista —léase director— explica —o no— algunas claves de sus películas.

En mente seguramente todos tenemos algunos que siempre recordaremos.

Para este cronista, son imborrables esas largas entrevistas inolvidables como El cine según Hitchcock, de François Truffaut, y Conversaciones con Billy Wilder, de Cameron Crowe.

A la vista de los autores, también directores de cine, puede extraerse un primer motivo para que estos títulos resulten inolvidables: tan interesante como lo que se dice es lo que se pregunta.

O, mejor dicho, si el entrevistador ha hecho los deberes, seguramente el entrevistado ofrecerá materiales novedosos, interesantes…

Por tanto, un libro de entrevistas es tarea de dos elementos: el que pregunta y el que contesta.

Una obviedad, desde luego.

Pero no siempre las entrevistas están preparadas, no siempre el autor ha «hecho los deberes» y la conversación discurre por cauces convencionales, temas trillados, se desliza por la superficie sin entrar a fondo en el contenido, en «la obra» del director.

Conversaciones con Martin Scorsese debe mucho a la personalidad del que pregunta. Aunque, curiosamente, no es uno, sino varios críticos de cine… eso sí, de nivel.

«Tú eres uno de los pocos, si no el único, director de aquellos con los que he trabajado, que respeta mi libertad de autor. Por otro lado, soy lo suficientemente astuto para respetarte como director. Yo, por mi parte, proporciono tres cosas: tema, personajes y estructura. Toc, toc, toc. Es mi trabajo. Te lo paso y me largo.»

(conversación entre Paul Schrader y Scorsese, página 78)

Desde Malas calles hasta El color del dinero, el libro recoge las entrevistas realizadas para prestigiosas revistas —como Positif y Cahiers du Cinema— a cargo de Michael Henry. Cada una publicada en el momento del estreno de cada uno de sus films y ordenadas por orden cronológico.

Hay alguna excepción, como el capítulo de Taxi Driver, a cargo de Richard Thompson, publicada en su día en Film Comment. Además del compartido por Michael Henry con Michel Ciment.

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Además, ofrece tres capítulos extras: De Little Italy a Hollywood (que abre el libro y se centra en sus orígenes), Schrader-Scorsese: una conversación (situada a mitad del libro y que ofrece exactamente lo que su título indica: director y guionista hablan de su obra conjunta) y, para cerrar el libro, un texto del propio Scorsese, titulado Mis placeres culpables (donde enumera sus títulos favoritos agrupados por géneros o por temas).

Todo muy metódico, muy bien ordenado.

Y en cuanto a las declaraciones de Martin, a veces concisas, a veces amplias, pero siempre interesantes.

Tiene algo que decir en cada caso y lo dice… lo que sin duda contribuye a que la lectura sea amena, fácil de llevar por títulos o incluso todo de un tirón. Por supuesto, desvela secretos poco conocidos y eso aviva el interés del lector por seguir indagando en la obra de Martin.

Eso sí, acaba en 1987. Toda su filmografía de las dos primeras décadas. Analizada minuciosamente. Con datos a veces poco conocidos.

O, mejor dicho, con datos que no eran conocidos hasta la publicación del libro.

Hoy, es una obra visitada habitualmente por otros autores. A veces saqueada sin citar su origen. Otras, citando la fuente original.

Un título de referencia sobre las primeras películas de Scorsese. Ideal para acompañar el visionado de su cine.

«Es la mejor película en relieve ¡y André de Toth era tuerto! Durante el primer tercio de la película, la cámara no para de girar en torno a Vincent Price y a las figuras de cera, que dan la impresión de ser personas reales. Y cada vez que alguien entra en campo, no se sabe si se trata de un maniquí o de una persona real.»

(Scorsese sobre Los crímenes del museo de cera, página 113)

Escribe Mr. Kaplan  

Conversaciones con Martin Scorsese | Plot Ediciones | Madrid, 1987 | ISBN: 84-86702-00-1

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