La calumnia (The children’s hour, 1961), de William Wyler

  31 Mayo 2021

Derrumbe emocional en primer plano

la-calumnia-0Se tiende a asociar la figura de William Wyler con grandes producciones de la talla de Ben-Hur (1959) y Horizontes de grandeza (1958). Dichas superproducciones eclipsan otros filmes menos pomposos que, sin duda alguna, permitían al espectador saborear la genialidad y la inteligencia de uno de los mejores artesanos cinematográficos del cine estadounidense. Fe de ello dan obras como El coleccionista (1965) o el filme que trae este artículo: La calumnia (1961).

La calumnia aborda un tema que tristemente mantiene su validez y contemporaneidad: los falsos bulos, las acusaciones infundadas y las drásticas consecuencias que estos conllevan. Pincela también una sociedad corta de miras, donde la ignorancia, el desconocimiento y el convencionalismo son el aguijón cargado de veneno de unos hombres y mujeres impiadosos que no se detendrán hasta salvaguardar la integridad y el cumplimiento de los valores cristianos más tradicionales.

En el caso concreto del filme de Wyler, son dos las víctimas: Karen Wright (Audrey Hepburn) y Martha Dobie (Shirley MacLaine), dos maestras en un internado acusadas de mantener relaciones sexuales. La calumniosa acusación se basa en un rumor esparcido por la diabólica y odiosa nieta de una burguesa ya entrada en años, Amelia Tilford (Fay Bainter). Y es que el filme de Wyler, de una manera o de otra, despierta más conciencia de clase en el espectador que las propias campañas políticas tan presentes en el día a día español.

Ante tal rumor, la falta de comprensión y empatía de una sociedad retrógrada conduce a Karen Wright y Martha Dobie a cerrar la escuela y ser empujadas al exilio. No obstante, la segunda, completamente corroída por la culpa y el odio recibido, decide poner fin a su vida.

En dicho momento, Karen Wright ha salido a dar un paseo y, perpleja ante la incapacidad de la tía de Martha Dobie, Lily Mortar (Miriam Hopkins), de encontrar a su sobrina, se teme lo peor y comienza su regreso a casa, corriendo. Con un travelling de retroceso que nos muestra a Karen de frente, Wyler bebe directamente de las nuevas corrientes europeas y rompe dicho plano, que en otra ocasión habría sido continuo, mediante cortes y cambios de escala, acrecentando la tensión, la preocupación y el derrumbe interno del Karen, temerosa ante lo que puede encontrarse.

Karen, asiendo una suerte de candelabro, tira la puerta abajo para toparse de bruces con la dura y sórdida realidad. Wyler resuelve dicho momento subordinando el encuadre y la escala a dicha emoción. Primero, observamos un primer plano del rostro de Karen, que ocupa la totalidad del plano. Inmediatamente después, por corte, Wyler cambia la escala a un plano entero, donde todo el cuerpo de Karen, afligido por la pérdida, queda relegado a la sección inferior derecha del plano, enmarcado por las patas de la silla, representando así la ruptura definitiva de las emociones de la maestra y amiga de la ahora difunta.

Escribe Iván Escobar Fernández

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