Nadie (Nobody, 2021), de Ilya Naishuller

  23 Mayo 2021

Monotonía

nadie-0Un policía le pregunta al detenido que tiene delante: «¿Quién es usted?». Y este responde: «Nadie».

Y lo que sigue es la explicación de la insignificancia de este hombre. Se trata de mostrar la rutina en la que vive, las mismas acciones repetidas día tras día y semana tras semana. En un montaje que se limita a presentar escuetamente los acontecimientos, lo vemos correr por la mañana, esperar al autobús, utilizar su tarjeta de transporte, llegar al trabajo y ocuparse de la contabilidad, volver a casa y encontrarse con su mujer ya dormida, así una y otra vez, con ligeras variantes que también se repiten, como la preparación del desayuno o la frustración que le genera haber dejado escapar al camión de la basura. Una vida anodina de un típico don nadie.

Eso parece, pero no es así. Y lo interesante de esta escena es que va más allá de su superficie. Los elementos que aparecen dibujan al personaje tal como él se define, sí, pero dicen algo más. Van dejando las miguitas a partir de las cuales se construye la historia que está por venir: Las gélidas relaciones con su familia apelan al que será el detonante de su aventura, cuando quiere recuperar la pulsera de su hija, amén de su sufrimiento por el deterioro de su matrimonio; el autobús avanza el lugar donde todo comenzará, y la tarjeta que cada día utiliza será el rastro que lo atrapará, al tiempo que su uso contrasta con el nuevo coche del vecino que acabará robando; la práctica deportiva no resulta contradictoria con su vida, como después sabremos, y su lugar de trabajo es esencial para la resolución de la historia.

Es decir, lo que ha hecho el director es concentrar toda la película, sus líneas de fuerza, en un minuto y quince segundos.

Pero ha hecho más. La secuencia nos transmite rutina existencial, pero no lo hace de manera monótona. Si esa fuera su única intención el tono utilizado habría sido otro. Posiblemente habría optado por una mirada relajada, intentando alargar el tiempo, aludiendo a la nada con los espacios vacíos, los momentos detenidos… Algunos maestros ha tenido el cine en la utilización de tales estilemas.

Sin embargo, aquí el mismo sonido ya contradice semejante planteamiento: es tenso, chirriante. Los ruidos se realzan, son desproporcionados, y van acompañados de golpes. Por otra parte, el ritmo de las imágenes va paulatinamente acelerándose, como queriendo llegar a un sitio que siempre es el mismo, aunque sugiera que no lo es.

Cuando todo parece calmarse el espectador queda un tanto frustrado, porque las imágenes le han sugerido algo que finalmente no ocurre. Pero ocurrirá.

La secuencia se ha convertido así en la constatación y al a vez la refutación de las palabras del detenido. Un compendio brevísimo de la película entera.

Escribe Marcial Moreno

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