Week-End (1967), de Jean-Luc Godard

  16 Mayo 2021

Revolución sobre raíles

week-end-0No son pocos quienes, en una suerte de arrebato pseudo-intelectual o incluso moral, reniegan de la importancia de la figura de Jean-Luc Godard en la historia del cine. Podrá gustar más o menos, pero importante es, por no decir imprescindible.

Tristemente, estos mismos individuos que, exaltados, defienden y arañan a todo potencial esnob que trate de hacerles ver el valor del cineasta francés, son también los mismos que menos contemplan la forma de sus filmes. Porque el cine, si el cine es algo, entonces es forma. Y en el caso de Godard, bien podría decirse que, al igual que otros tantos como Dreyer, Ozu, Ford o Hitchcock, gran parte de su obra bien podría estar compuesta por veinticuatro milagros por segundo.

La destreza de Godard palpita y deslumbra en toda su filmografía, pero en una de las escenas más icónicas de Week-End (1967), el cineasta da una auténtica clase de composición, movimientos de cámara y edición de sonido.

Todo atasco conlleva irritación, frustración y, por supuesto, desesperación. En la secuencia en Week-End, Godard emplea los tres elementos previamente mencionados para provocar una auténtica experiencia en el espectador.

Con respecto a la composición, Godard se sirve de la composición vertical para tensar la imagen. Dicho tensado, realizado a través de los múltiples e innumerables árboles que cruzan cada encuadre, exacerba el agobio y la tensión entre todos los conductores que se encuentran en el atasco. De hecho, una vez sobrepasado el accidente, tras un giro de noventa grados a la derecha, Godard transcurre de la composición vertical a una exagerada composición horizontal, la cual relaja la imagen, indicando así la vuelta a la normalidad de Corinne y Roland que dejan la tensión ocasionada por el atasco atrás.

Además, el travelling que Godard emplea para filmar la escena también tiene su función narrativa. Dicho travelling lateral, paralelo al coche, no solo facilita el encuadre de las líneas composicionales previamente explicadas, sino que además sirve para mostrar las dimensiones del atasco y la lentitud del avance, ligándolo a un grupo de niños que también caminan por uno de los lados.

Por último, la edición del sonido es a su vez significativa. Durante los más de siete minutos que dura la escena, apenas existe algún momento que no esté inundado por un sinfín de cláxones estridentes. El objetivo último de este recurso es más que evidente: incomodar de forma física al espectador.

Hay, no obstante, un segundo atasco en el filme de Godard. Sin embargo, pese a ser más breve, el cineasta francés lo filma de una forma diferente. Sirviéndose de primeros planos de ambos personajes, los aprisiona dentro del encuadre, mostrando así su desesperación, su tensión y su agobio.

Escribe Iván Escobar Fernández  

PRIMER ATASCO (VÍDEO)

  

SEGUNDO ATASCO (FOTOS)

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