La leyenda del tiempo (2006), de Isaki Lacuesta

  27 Marzo 2021

La dificultad de la despedida

la-leyenda-del-tiempo-0En 1979, José Monje Cruz, más conocido como Camarón, publicó su álbum La leyenda del tiempo, obra capital en la historia del flamenco. En su creación estuvo acompañado de grandes amigos como Raimundo Amador, Tomatito, Kiko Veneno… Y muchos de los temas que lo forman, incluido el que le da título, son canciones escritas a partir de poemas de Lorca.

Isaki Lacuesta rodó en San Fernando de Cádiz, ciudad natal de Camarón, entre diciembre de 2004 y julio de 2005, esta película que lleva por título el mismo nombre del mítico álbum y donde la figura del idolatrado cantaor tendrá un importante papel.

En ella nos habla de pérdidas y de dificultades en las despedidas. Y lo hace a dos voces: con la de una joven japonesa llamada Makiko y la de un niño de San Fernando llamado Isra.

Y es precisamente la voz de Makiko la que se oye en la secuencia que he seleccionado. En ella vemos a nuestra protagonista en la cabina telefónica desde la cual mantenía habitualmente contacto con su moribundo padre. Sus charlas no tenían nada que ver con la realidad, eran completamente fingidas, tanto por el contenido como por el tono.

En ese momento alguien, desde la otra parte del hilo, le comunica la muerte de su padre. El director comienza mostrándola de espaldas, con el pudor típico de su cultura, y que su padre la ha imbuido, donde mostrar los sentimientos es algo que hay que evitar. Entonces Makiko, muy conmocionada con la noticia, se arranca con un cante y de su garganta sale un extraño susurro medio ahogado:

«El sueño va sobre el tiempo,
flotando como un velero,
flotando como un velero.

Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño,
en el corazón del sueño».

Son los versos de Lorca musicados por Camarón.

Porque Makiko, seducida por el canto del maestro, ha viajado hasta su ciudad natal persiguiendo un sueño: cantar como él, o quizá buscando la expresividad que encuentra en su voz y de la que ella carece tras años de educación en la contención de las emociones. Y lo ha hecho ocultando a sus seres queridos el auténtico motivo de su viaje.

Incluso en la isla, ha sorprendido a todos cuando les cuenta su razón de ser. Pero Makiko no se ha dejado amilanar por nada ni por nadie, poniendo todo su empeño en cantar como el gran cantaor. Ahora Makiko sabe que nunca cantará como Camarón, pero ya no le importa. Ha aprendido lo suficiente como para dejar salir su pena. Se siente capaz de continuar con su vida. La cámara gira buscando su rostro. El dolor hace que sus sentimientos acaben manifestándose.

Por contra, el otro protagonista, Isra, no tendrá tanta suerte. Acaba de perder a su padre y no es capaz de verbalizarlo. Se refiere a su muerte como «lo de mi padre» o «eso que le ha pasado a mi padre». Ha nacido en la isla del maestro y tiene, según oímos en varias ocasiones, buenas cualidades para el cante, pero no puede cantar. La ausente madre impone un luto «mientras dure el sentimiento» que implica enmudecer hasta el televisor, que permanece cubierto por un manto.

Sin una figura paterna de referencia y sin posibilidad de dejar salir su pena, su paso a la adolescencia va a tener una dificultad añadida.

Escribe María Josep Tur  

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