Antidisturbios (2020), de Rodrigo Sorogoyen

  23 Enero 2021

Trivial

antidisturbios-0No se trata de establecer una competición, pero se puede afirmar sin demasiado margen de error que Antidisturbios es la mejor serie que ha dado la ficción española. Entrar a evaluar sus méritos no corresponde a esta sección, algo, por otra parte, innecesario para quien la haya visto y se haya dejado apabullar por su calidad.

Sí que podemos detenernos, en cambio, en el análisis de alguna de sus escenas, que es otra forma de demostrar la valía del producto. Las posibilidades son muchas, desde los alardes técnicos hasta la tensión que es capaz de crear en determinados momentos, pero quizá el mayor de los méritos reside en la capacidad que posee para definir a los personajes, y en ese sentido nada mejor que la escena con la que arranca la historia.

Se trata de un pequeño corto que tiene plena autonomía y que podría constituir una pieza separada si no formara parte de la totalidad en la que está incrustado. En él vemos a la familia de Laia Urquijo (Vicky Luengo, actriz de quien lo mínimo que se puede decir es que ha estado clamorosamente desaprovechada hasta este momento, como también podríamos decirlo de otros actores, Raúl Arévalo, sin ir más lejos, que ofrecen aquí lo mejor de sus carreras, cobijados, hay que reconocerlo, en la magistral dirección que lleva a cabo Rodrigo Sorogoyen).

Ella, sus padres y su hermano están jugando una partida de Trivial. En un momento dado el padre miente sobre una respuesta para obtener ventaja en el juego. La hija parece aceptarlo, pero recapacita y pide ver la tarjeta. A partir de ahí se desata la tensión.

El primer plano sostenido de Laia con el que arranca la escena sirve para mostrar su capacidad de reflexión, la actividad incesante de su mente, la sospecha continua que le impide abandonarse a lo superficial. Laia está siempre en tensión. Es inconformista y desconfiada. Y no transige con las dudas que le asaltan aunque al hacerlo pudiera ahorrarse problemas. Esa primera imagen en la que contempla lo que está ocurriendo y reflexiona sobre ello define a la perfección a esta mujer.

A partir de ahí descubriremos la relación con su familia, otra forma de encontrarnos con ella. La rebelión contra la autoridad, representada aquí por el padre, será una constante en el ejercicio de su profesión, y la decisión con la que afronta las dificultades sin reparar en lo costes (no como su madre, también perjudicada, pero que prefiere aceptar el engaño) la definen con precisión.

Por otra parte, su figura es el centro de la familia. Su presencia en primer plano frente al hermano desenfocado establece una jerarquía, y el temor que suscita en todos los demás (la madre que ha de aceptar su reproche, el padre descubierto y el hermano ninguneado), junto con su lengua afilada y la réplica siempre dispuesta, anticipan lo que después iremos confirmando. Su decisión linda con la agresividad, y su valentía con la inconsciencia, y todo ello con una dificultad para establecer conexiones sociales que marcará su vida personal.

Sobre estos pilares se construirá la trama. Lo esencial ha quedado dicho.

Escribe Marcial Moreno

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