Fat City, ciudad dorada (Fat city, 1972), de John Huston

  09 Enero 2021

Una espiral de decadencia encerrada en un plano congelado

fat-city-0Fat City, ciudad dorada (1972) narra la historia de Tully y Ernie, dos púgiles siempre cercanos al éxito, pero incapaces de conseguirlo, ora por los designios del azar ora por su propia naturaleza autodestructiva. Llegados al final de la película, Tully, borracho como hemos acostumbrado a ver, se encuentra a Ernie en un aparcamiento. Tremendamente incomodado por su presencia, el segundo finalmente accede a tomar un café en un local cercano.

Instantes después de entrar en el establecimiento, el propio diseño del set de rodaje ya sugiere tres espacios diferentes. Por un lado, podemos encontrar a los jugadores de póker, separados de Tully y Ernie por una barra metálica que simula las cuerdas de un ring de boxeo. Por el otro, tenemos al camarero, un anciano decrépito y decadente que les sirve el café, apartado por la barra de la cafetería.

La separación entre los boxeadores y el viejo se acentúa conforme la conversación entre los primeros prosigue. Comparten un solo plano y este está compuesto de forma que quede lejos de ser armónico, apartando a los dos púgiles del camarero mediante la propia barra del bar al igual que sirviéndose de una serie de líneas verticales emplazadas en el fondo del plano interpuestas entre los personajes.

El diálogo avanza y mediante un breve travelling de acercamiento, Ernie es expulsado del encuadre, quedando en el plano únicamente Tully. Su razón de ser subyace en su naturaleza autodestructiva, no impregnada en Ernie, quien ha demostrado una mayor responsabilidad que la vieja gloria.

John Huston desarrolla la conversación con primeros planos individuales de ambos personajes, enfatizando así el distanciamiento insalvable entre los que, en otra historia más convencional, podrían haber mantenido una relación mentor-alumno. La ruptura, incluyendo al camarero, la cual también es enfatizada por el propio posicionamiento de la cámara, llega a su cumbre cuando Ernie le niega una hipotética juventud al mismo, representando así la negación del propio pasado, pasado al que Tully siempre recurre para ensalzar sus viejas gestas, y pasado que Ernie no conoce dada su juventud.

Al fin, tras este planteamiento, llegamos al momento álgido de la escena, cuando John Huston, en un ejercicio de reflexión sin precedentes en su obra, decide congelar dos planos: un primer plano del rostro de Tully y un plano subjetivo de este hacia los jugadores de póker. Durante unos breves instantes, todo sonido diegético desaparece y en un zoom-in nos acercamos, todavía más, al mundo interior de Tully, quien contempla la partida también congelada.

Esta forma estática de la imagen nos devuelve a los comienzos del cine, incluso antes, cuando no existía el movimiento y todo era, únicamente, fotografía. Así pues, con este sencillo recurso, John Huston no simboliza la muerte, sino la no vida del Cine y, en el caso concreto de Tully, la ruptura más absoluta de oportunidades venideras con un pasado sin pena ni gloria, relegando al personaje a vagar entre el mundo situado a caballo entre el de los decadentes asalariados como el camarero y el de la amalgamada muchedumbre en busca de algo de suerte en partidas del azar.

Tully, al igual que muchos de los segundos, jamás tuvo una buena mano.

Escribe Iván Escobar Fernández 

 

fat-city3