Rebeca (Rebecca, 1940), de Alfred Hitchcock

  26 Diciembre 2020

La señora Danvers

rebeca-0Manderley es la verdadera protagonista de la película, y la señora Danvers su representación humana. Como guardiana de la fortaleza y preservadora de la memoria de Rebeca, la presencia de la segunda señora de Winter ha de suponer de manera irremediable una afrenta para ella.

Hitchcock nos narra el encuentro de las dos mujeres de una manera magistral, diseñando con multitud de detalles la que será su relación a lo largo de todo el filme.

Tras la llegada bajo la lluvia a la mansión, lo que acentúa su carácter fantasmal, la nueva esposa del señor de Winter (Joan Fontaine) se encentra a todo el servicio formado para recibirla. De un lateral irrumpe frente a ellos la señora Danvers, que se va acercando a la cámara a medida que se va difuminando el rostro de los criados que están tras ella, muestra clara del poder de la gobernanta.

Seguidamente, Hitchcock nos ofrece a las dos mujeres en una sucesión de plano-contraplano, como si de un duelo se tratase, sólo que las fuerzas de ambas son desiguales. La firmeza de la señora Danvers, acentuada por el vestido negro que porta y el cabello recogido, contrasta con la indecisión de su oponente, su vestido más claro y su pelo mojado y revuelto. El orden frente al desconcierto.

De ahí pasa Hitchcock a un plano medio de las dos mujeres enfrentadas y tomadas de perfil. La criada se agacha a recoger el guante caído de la señora, pero la relación entre ellas parece más bien la contraria. Como si el duelo hubiera dado un vencedor. Cuando la joven esposa abandona el plano la cámara vuelve a encuadrar el rostro de Danvers que la ve alejarse. No hace falta ninguna indicación más para que el espectador descifre sus pensamientos.

Después, en un salto temporal, veremos a la joven en su habitación atendida por una doncella. Cuando oye llamar a la puerta cree que es su marido, y le pide, contenta, que pase. Pero se trata de Danvers. Hitchcock muestra así la frustración que va a vivir la nueva esposa, con un marido que se desvanece y una presencia cada vez más agobiante de la criada. La cámara las enfoca ahora a las dos, las cuales, además de las diferencias en sus vestidos y peinados, aún más acentuadas, se sitúan una frente a la otra, con la criada de pie y el ama sentada, quedando así en un plano inferior respecto a ella. La imagen, plenamente definitoria de la jerarquía establecida, se repetirá poco después.

El movimiento de las actrices va a ser fundamental a partir de ese momento. Una vez señalado el territorio, con referencias a la primera señora de Winter, la criada se aleja, marcando la distancia respecto a la recién llegada. En su afán por agradar la joven se acerca a ella, pero de nuevo la criada se retira. Cuando salen de la habitación, en un pasillo tamizado por las sombras, Danvers es una sombra más, la que persigue a Joan Fontaine, como un policía que custodia a un detenido, hasta llegar a la habitación clausurada de Rebeca, donde un perro dormita en la puerta, cancerbero sustituto de la propia señora Danvers.

Escribe Marcial Moreno

 

rebeca-1