Medianoche en París (Midnight in Paris, 2011), de Woody Allen

  19 Diciembre 2020

Contradicción, unión y coherencia en el lenguaje audiovisual

midnight-in-paris-0Woody Allen, a pesar de querer ser tachado de granuja hipocondriaco y misántropo de medio pelo, es, ante todo, uno de los mejores cineastas que ha dado Estados Unidos en los últimos cincuenta años. Sobre todo, su sobresaliente obra de las décadas de los años setenta y ochenta posee impecables y excepcionales filmes de la talla de Annie Hall (1977), Manhattan (1979), La rosa púrpura de El Cairo (1985) y Hannah y sus hermanas (1986), por nombrar unos pocos.

En las décadas posteriores, pese a las infundadas críticas sobre la repetitividad de su obra, Woody Allen ha seguido regalándonos algunas películas extraordinarias, como lo son Maridos y mujeres (1992) o Match Point (2005); y otras muy notables como Café Society (2016) o Día de lluvia en Nueva York (2019).

En 2011, Woody Allen estrenó Midnight in Paris (2011), una película brillante no solo por un guion original y creativo, sino por su pulcritud y perfección formal, la cual otorga al filme del neoyorkino el adjetivo calificativo de sobresaliente.

Dos ejemplos de ello son dos escenas independientes, una enfatiza la ruptura entre dos personas, mientras que la otra las enlaza.

La primera acontece una vez Gil (Owen Wilson) comparte con su pareja Inez (Rachel McAdams) su experiencia mágica en el París de los años veinte. Ella no solo no le cree, sino que, a lo largo del filme, hemos podido observar que no comparte el amor incondicional de su prometido por París y además representa características muy ajenas a la personalidad de Gil, como la frivolidad o la pedantería. Por ello, para representarlo, Woody Allen lleva a cabo el diálogo entre ambos personajes con un no tan clásico plano-contraplano. Por un lado, encontramos a Gil estático y recostado en la cama. Su cuerpo ocupa prácticamente la totalidad del encuadre, siendo este estable y equilibrado. No obstante, Inez, en un plano medio, camina de un lado a otro, de izquierda a derecha, siendo acompañada por panorámicas en sendos sentidos. De esta forma, Woddy Allen no solo remarca el desacuerdo y el distanciamiento entre ambos personajes, sino que perfila, a su vez, los deseos de Gil por asentarse en la capital francesa en contraposición con la fugacidad de la estancia deseada por Inez.

El segundo ejemplo ocurre cuando Gil, atraído por la música procedente de un gramófono, conoce a Grabielle (Léa Seydoux). Desde el inicio de la conversación se puede percibir una atracción y complicidad evidente entre ambos personajes. Visualmente, Woody Allen, en el diálogo entre ambos, desecha la idea de emplear un plano-contraplano y, en su lugar, recurre a una panorámica pendular entre Gil y Gabrielle, reforzando un futuro lazo afectivo como veremos más adelante.

Ambos ejemplos podrían haber sido rodados de forma diferente, claro está, parte de las complicaciones y del encanto del cine es su infinidad de alternativas y recursos. No obstante, pocas opciones podrían, en ambos casos, haber sido empleadas igualando la coherencia y la fuerza narrativa que aquellas seleccionadas por Allan Stewart Konigsberg, Woody Allen para los amigos.

Escribe Iván Escobar Fernández  

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