El demonio de las armas (Gun Crazy, 1950), de Joseph H. Lewis

  10 Septiembre 2020

Marginación y delincuencia en los movimientos de cámara

gun-crazy-0Joseph H. Lewis dirigió El demonio de las armas (1950) con la mala fortuna de ser prematura e injustamente considerada como obra de Serie B. Con un guion de la mano de Millard Kaufman y Dalton Trumbo, hostigado por aquel entonces por el macarthismo, surgió una historia basada en el homónimo relato de MacKinlay Kantor, que a su vez bebía libre e indiscriminadamente de la leyenda de Bonnie y Clyde.

No obstante, siendo el tiempo el mejor filtro de calidad, poco le costó a El demonio de las armas (1950), Gun Crazy en su idioma original, hacerse valer por sí misma y pasar a ser considerada como obra de culto, influenciando posteriormente a enormes cineastas de la Nouvelle Vague de la talla de Jean-Luc Godard.

Fe de su calidad da la primera escena del filme, donde se nos presenta al protagonista masculino de la obra, Bart Tare, de niño (Russ Tamblyn), interpretado en su edad adulta por John Dall. Bart es un muchacho que se siente tremendamente atraído y fascinado por las armas de fuego, así se nos indicará posteriormente en la escena siguiente.

No obstante, en esta primera escena carente de diálogos, la pasión del joven Bart ya se nos muestra visualmente. En primera instancia, Bart aparece tras doblar una esquina y avanza hacia la cámara, la cual, mediante un travelling de retroceso, se aleja del personaje hasta quedarse detenida dentro del escaparate que guarda las armas que serán ulteriormente robadas por el joven. El acercamiento de Bart en contraposición con el travelling de retroceso y posterior detención dentro de la armería muestra la barrera que se erigirá frente al niño para conseguir su tan ansiado revólver.

Mediante dos primeros planos consecutivos con un leve acercamiento tanto al rostro del joven Bart, como al revólver en sí, quedan pues ligados ambos elementos dentro del filme, estableciendo así la fascinación que siente el primero sobre el segundo.

De nuevo, tras volver sobre un primer plano al rostro de Bart, Joseph H. Lewis opta por desenfocar el rostro del mismo, remarcando así la subsiguiente acción que el chico se verá obligado a tomar para conseguir el arma: quebrantar la ley y robar el objeto. Mediante el desenfoque, Joseph H. Lewis recalca la idea que Bart, pese a ser un niño, se alejará de las normas sociales para conseguir aquello que más desea.

Bart rompe el cristal, roba el arma y huye rápidamente de la escena del crimen con la mala fortuna de resbalar y caer, arrojando el objeto hurtado a los pies de un recurrente policía que simplemente pasaba por allí. Mediante un paneo al mismo, se establece la superioridad del oficial sobre el niño, postrado patéticamente sobre las aguas de la calle. 

Tras un primerísimo primer plano en contrapicado del oficial de policía, recalcando la superioridad de este, Joseph H. Lewis realiza un acercamiento brusco, mediante un travelling, a Bart. Sin embargo, el rostro del chico no acaba situado en el centro del plano, sino en los márgenes del mismo. De esta manera, Joseph H. Lewis señala que, tras haber cometido el delito y haber quebrantado la ley, el niño se verá relegado a los márgenes de la sociedad, donde habrá de cumplir con su consecuente castigo.

Escribe Iván Escobar Fernández  

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