Cielo amarillo (Yellow sky, 1948), de William A. Wellman

  23 Agosto 2020

El descubrimiento de la feminidad

cielo-amarillo-0Constance Mae Mike (Ann Baxter), enfundada en su traje masculino, con su pistola siempre preparada, enfrentada a cualquier hombre, vive con su abuelo, un buscador de oro, en un pueblo fantasma, abandonado: son los únicos habitantes. Allí llegan unos antiguos combatientes confederados, huidos y convertidos en bandoleros, que ven la posibilidad de hacerse con el filón de oro que abuelo y nieta intentan encontrar en aquella destruida población.

En el silencio de la noche, sólo roto por los sonidos de los coyotes o los apaches, el jefe del grupo, James (Gregory Peck) decide, mientras los demás duermen, acercarse a la casa de la muchacha. Antes de que pueda llegar a la puerta, Mike le apunta con el revólver. Alternan los planos y contraplanos de ambos, junto a planos medios, durante la conversación que mantienen.

Antes de que la mujer enfunde el revólver James le dice: «si se arreglara un poco casi parecería una mujer». Mike enfunda el revólver, momento que aprovecha James para abalanzarse sobre ella. Tiene lugar una lucha, de dominio, entre ambos, donde incluso cruzan, en el suelo, él sobre ella, sendos cabezazos. James la intenta someter y la da un beso al que se resiste. Después de seguir el forcejeo le da un segundo beso.

Ambos momentos Wellman los resuelve mostrando la reacción de la mujer en un primer plano sobre ella. Si en el primero hay rechazo, en el segundo no lo hay… James deja a la mujer. Le dice haber querido demostrar lo que podría haberle pasado si en vez de él hubiera sido otro de sus hombres el que la hubiese atacado.

Furiosa, le insulta, rechaza su apestoso olor: «¿nadie le ha dicho que huele peor que un cochino apache?». Vuelve a tener el revólver en la mano. Se muestra su tensión, su enfado, por medio del plano sobre la mujer, quien de pronto dispara sobre James, pero no para matarle, sino para demostrarle lo buena tiradora que es.

Llega el abuelo. Se asombra tanto de que le haya disparado como de que, al hacerlo, no haya hecho más que un deliberado rasguño sobre la frente del hombre (sabe disparar perfectamente). Ante esa observación, una vez se acerca con el abuelo a la casa, ella reconoce: «Me abrazó y me hizo sentir». Mientras la mujer entra en la casa, el abuelo, pensativo, mueve la cabeza.

A continuación, Mike, en la casa, enciende un quinqué. Su mirada va hacia una ilustración que hay en la pared de la casa representado a una mujer vestida con un traje de la época. Furiosa, arranca el dibujo y lo arroja al suelo, después se queda pensativa. Mike acaba de descubrir algo desconocido para ella: su lado femenino, su existencia como mujer.

Una gran secuencia por la forma de estar contada, por lo que encierra; conseguida, además, gracias a la gran fotografía, de grandes clarososcuros, presente en todas las escenas nocturnas. La feminidad, sin perder su carácter de persona fuerte, queda remarcada en el final, cuando James le obsequia un sombrero de mujer, que se coloca sin dejar su indumentaria de vaquera. Un filme, sin duda, inolvidable, repleto de matices.

Cabe añadir que, a la mañana siguiente, cuando James con los suyos se acerca a la casa, aparece afeitado, lavado y con un traje nuevo. La relación causa/efecto es clara en esta como en otras muchas excelentes secuencias de este singular y maravilloso western basado en una historia de W. R. Burnett, uno de los escritores de cine negro en cuyas novelas o guiones se basan filmes de la categoría de El último refugio (Raoul Walsh) o La jungla del asfalto (John Huston), películas ambas convertidas, a su vez, en excelentes westerns como fueronJuntos ante la muerte (Raoul Walsh) y Arizona, prisión federal (Delmer Daves)

Escribe Adolfo Bellido López

 

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