El traidor (Il traditore, 2019), de Marco Bellocchio

  09 Agosto 2020

Tabaco

el-traidor-0Tommaso Buscetta es un fumador empedernido. Ya desde la primera escena de la película lo vemos con el cigarrillo entre sus dedos, una constante que se prolongará a lo largo de todo el filme. Pero su devoción por el tabaco es algo más que un entretenimiento o incluso una forma de calmar sus angustias. Con él establece lazos, teje complicidades, cierra acuerdos. Poco antes de su detención en Brasil le vemos compartirlo con su mujer, su único apoyo en el exilio que está viviendo.

La escena clave que señala el valor del tabaco es el primer encuentro con el juez Falcone. Inicialmente el diálogo es tenso, desconfiado. El mafioso observa a su interlocutor a la defensiva, poniendo barreras entre ellos. Un plano-contraplano casi frontal muestra el duelo que mantienen, aunque el rostro de Buscetta conserva la mitad iluminada y la otra mitad en sombra, insinuando la contradicción interior en la que vive y a la que se ha entregado.

En un momento dado el detenido quiere fumar, pero ya no le quedan cigarrillos, y el juez le ofrece de los suyos. A partir de ese momento se rompe la tensión y comenzarán a colaborar. El director lo muestra con claridad pasando a un plano que los recoge a ambos frente a frente. La oposición se ha convertido en diálogo, y Buscetta comienza una tenue confesión («estoy cansado») que irá aumentando poco a poco. Los planos de ambos, ahora, ya no son tan individuales; ahora integran al otro.

Al despedirse el juez le deja el paquete de tabaco, a modo de testigo de la alianza que acaban de firmar.

La situación ha cambiado. Buscetta ya no es la fiera acorralada que intenta desasirse de sus captores. Cuando es conducido a su celda un picado y un contrapicado sobre el hueco de la escalera sugieren la posibilidad del suicidio, como ya intentó en Brasil para no ser extraditado. Pero estamos ya en otro registro. El peligro ha desaparecido, y las precauciones que toman los carceleros son innecesarias.

El tabaco seguirá presente en las distintas entrevistas entre ambos personajes, ya amigos, hasta que finalmente, en su despedida, cuando Buscetta va a partir hacia los Estados Unidos para reunirse con su familia, conversan sobre sus hijos, como harían dos viejos conocidos, y comparten el último cigarrillo. Sus vidas han quedado enlazadas, y lo muestran con el último apretón de manos.

El tabaco ha sido la llave, guía y sello de su relación.

Escribe Marcial Moreno

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