Jo, qué noche (After hours, 1985), de Martin Scorsese

  29 Mayo 2020

De vuelta al trabajo

jo-que-noche-0Un absurdo título para su estreno en España, esconde el verdadero de la película, y que se ajusta al filme dirigido por Scorsese. Esas fuera de horas originales explicitan mucho mejor por dónde transita esta comedia moralista: las horas después del trabajo donde uno puede caer en peligros sin fin por querer, ¡ay!, vivir su vida.

El comienzo y el final dejan claro (con un plano en el medio) cuál es la tesis, el contenido de esta triste, por su contenido, comedia (o lo que sea) de Scorsese.

En el comienzo, un plano dado por una cámara inquieta (propio de su autor) describe una oficina, su movimiento rápido, bailarín, muestra la agitación del trabajo. De todo ese trasiego pasa a un plano del protagonista que está enseñando a un novato a manejar el archivo del ordenador de cara a la empresa.

Pero de pronto el alumno dirá al conductor de la historia, que eso no le interesa, que lo suyo bla, bla, bla, es otra cosa, momento en el cual el maestro se desinteresa del alumno y deja que su mirada admire el trabajo de los otros compañeros. A él, Paul, esas otras cuestiones ajenas al trabajo, al suyo, le traen sin cuidado. Los otros, sus problemas, o sus charlas le traen sin cuidado. Todos van a lo suyo (solitarios) en el trabajo sin preocuparse de los demás.

Pero, mira por donde, ese día Paul quiere echar una cana al aire. ¿Qué pasa si liga con una chica que dice amar los libros (malvadamente sexuales) de Henry Miller? Paul (¿un desliz?) lee uno fuera de su trabajo. Y ahí empieza su perdición, su hundimiento. Nadie le hace caso, le ayuda, porque él sólo se ha preocupado de sí mismo, también porque está fuera de donde debe estar.

Al final, después de una disparatada noche, amanecerá a las puertas de la oficina en la que trabaja. Y, claro, entra y sube hasta sentarse delante de su ordenador, su fuente, su dios, y al acomodarse y mirarlo, el ordenador (no una persona) le da los buenos días, le dice que bienvenido.

La cámara vuelve, como al principio, a realizar un impresionante movimiento mientras los trabajadores (solitarios, sin comunicarse unos con otros, se incorporan a sus puestos (ordenadores) de trabajo. ¡Qué bonito es trabajar!

No hay duda que, aparte de sus soberbios movimientos de cámara, de lo excelentes que son muchas de sus películas, Scorsese es un hábil sermoneador en muchas de ellas. Para que no quede duda de los pecados de Paul, en un momento del filme implora, en un exagerado picado sobre él, preguntado a las alturas qué ha hecho para merecer semejantes castigos. La vida, fuera de las normas, lleva a eso, a ser vapuleado, llevado a un calvario o infierno, teniendo que dar cumplimiento a su condena por medio, ¡cómo no!, del trabajo.

Habría que estudiar las semejanzas entre el personaje de Paul y el de Roger Thornhill (Cary Grant) en Con la muerte en los talones: hombres enseñados a hacer su vida sin preocuparse de los otros hasta que al necesitar ayuda, por lógica, los otros se la niegan. No sería raro, pero para demostrar este aserto se necesitaría un largo artículo, pero no es ahora el caso de ello

Escribe Mister Arkadin

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