La hija de un ladrón (2019), de Belén Funes

  06 Mayo 2020

La fiesta de comunión

la-hija-de-un-ladron-0Greta Fernández es una actriz descomunal. Su carrera es aún corta, pero en La hija de un ladrón, la película que la ha lanzado a la fama, confirma lo que ya apuntaba. La capacidad de su rostro para expresar una infinidad de matices, la plasticidad de sus emociones y la entrega total que la cámara le muestra la convierten en una privilegiada.

Cierto es que su trabajo cuenta con el complemento de un Eduard Fernández (su padre en la vida real y en la ficción) en estado de gracia, unos diálogos precisos cual bisturí y una realización impensable para una debutante en el largometraje como Belén Funes, de una madurez y un dominio del lenguaje admirables.

Muchas son las escenas que darían fe de la maravillosa simbiosis que la película alcanza (la visita del padre al restaurante y la posterior reacción de la joven, la noticia del contrato, el juicio…), pero de todas ellas la que quizá mejor compendia todos estos vectores es la del banquete tras la comunión.

Todo ocurre allí con una precisión admirable, plena de sentido. Y así, pueden observarse los siguientes detalles:

—La decisión de Sara (Greta Fernández) dando órdenes a todos sobre qué hacer, mostrando la dureza con la que su vida ha tenido que lidiar.

—La estupenda elipsis que nos sustrae la llamada al padre.

—El regalo del padre al hijo: los pendientes que lo unen a él y que delatan su extracto social.

—Sara observando siempre desde la distancia las relaciones entre el padre y el hijo, con una sutil mezcla de ternura, rencor y miedo por la fragilidad de la situación.

—El carácter mítico que agranda la figura del padre cuando se pone a repartir el pollo entre los invitados.

—El menú y el lugar de celebración, que nos hablan con finura del poder económico de Sara y del esfuerzo que supone la fiesta.

—El regalo de los 20 euros, la foto, la sonrisa del niño y la referencia a la peluquería, suficiente para mostrar la distancia que separa a Dani de la familia de Sara.

—«Es lo que se hace, ¿no?», con lo que Sara responde a quien le dice que no hacía falta el detalle de recuerdo. En esta frase está contenida toda la dignidad de esta mujer y su ansia de normalidad, perseguida durante toda la película.

—El abrazo familiar, con Sara defendiéndose y abrazando a partes iguales.

—La indefensión del padre mientras su hija le limpia la camisa manchada y el dolor de ella por verlo así.

—Y la coda final, cuando, ya en su casa, la luz del pasillo ilumina el rostro de Sara tras invitarla su padre a vivir con él y prometerle que la llamará.

Escribe Marcial Moreno

la-hija-de-un-ladron 1

la-hija-de-un-ladron 2

la-hija-de-un-ladron 3

la-hija-de-un-ladron 4

la-hija-de-un-ladron 5

la-hija-de-un-ladron 6

la-hija-de-un-ladron 7