36 Cinema Jove de Valencia (4): inauguración

  20 Junio 2021

High School y Williams vs Williams

gala-inauguracion-1La gala de inauguración de la 36ª edición de Cinema Jove convirtió el Teatro Principal en un instituto, transformando el escenario del teatro en la típica cancha de baloncesto que recuerda las imágenes de las películas de estudiantes; un homenaje al ciclo High School con el que Cinema Jove reúne una serie de películas donde el protagonismo recae en estos espacios educativos en los que los jóvenes pasan un tiempo esencial entre los 12 y 18 años.

El actor y director Jaime Pujol dirigió el espectáculo en el que poco a poco se fueron desgranando los contenidos del festival a través de un hilo argumental de varios personajes en el que se iban intercalando la proyección de videos explicativos de las diferentes secciones que conforman el festival.

En el trascurso de la gala la cineasta británica Lynne Ramsay, autora de renombradas películas como Tenemos que hablar de Kevin o En realidad, nunca estuviste allí, recibió el premio Luna de València, agradeciendo al festival la entrega de dicho premio.

El director del festival Carlos Madrid recordó la dificultad de la pasada edición en plena tercera ola de la crisis sanitaria provocada por la Covid-19 y se felicitó de que la actual edición se pueda realizar de manera presencial, contando con el público en las salas, que es lo que da sentido a un festival, agradeciendo al equipo y los espectadores su esfuerzo y apoyo.

Para la inauguración de Cinema Jove la película elegida fue R#J, la opera prima de Carey Williams, una adaptación de Romeo y Julieta al mundo de las redes sociales. No es la primera vez que el clásico de William Shakespeare nos llega traducido a la situación contemporánea de ese momento, basta recordar Romeo + Julieta, de Baz Luhrmann, que ya trasladaba la acción a la Verona californiana. Ahora, en esta versión de Carey Williams —estrenada en el prestigioso festival de Sundance— se va un poco más lejos al presentar el relato a través de las pantallas de ordenadores, tablets o smartphones mediante las aplicaciones de social media.

Williams convierte la pantalla en una pizarra electrónica donde las escenas se visualizan a través de Instagram, Facebook, WhatsApp, Facetime o Tik Tok, combinando grabaciones y directos y jugando con todas sus posibilidades mediáticas: conversaciones con diferentes grupos y plataformas, interacción con los seguidores, interrupciones, el uso de Spotify como recurso musical, etc.

La idea no es nueva, «el medio es el mensaje», y la película muestra el modo de relacionarse de los jóvenes a través del teléfono móvil. Durante unos minutos el juego resulta ingenioso, combinando el lenguaje clásico con la jerga juvenil, los emoticonos, gifs o memes; entendemos la transformación en la forma de relacionarnos a través de los dispositivos móviles y todas sus aplicaciones.

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Sin embargo, el problema del filme viene cuando se transfiere todo eso al relato cinematográfico, porque Williams no consigue saltar la barrera entre lo digital y la pantalla plana de la sala cinematográfica donde se exhibe su obra. Este experimento audiovisual quizá tendría más sentido si lo viéramos a través de un móvil, jugando con los formatos horizontales y verticales, eligiendo en cada momento que punto de vista queremos, etc.

Sin embargo, la pretendida modernidad queda limitada por la propia proyección de cine. Asistimos a un sinfín de textos en la pantalla, videos, sonidos al teclear y enviar, pero que pierden su eficacia cuando nos damos cuenta de que somos meros espectadores como en cualquier otra ficción.

Al igual que ocurre con otros recientes experimentos, 1917 sería el ejemplo, en cuanto se escarba en la construcción del relato comienzan a surgir fisuras. En R#J la globalización de la narrativa mediatizada por las redes sociales termina por sofocar el relato que hay por debajo y los personajes desaparecen bajo la infoxicación que aparece en la pantalla.

En el aspecto positivo queda ese deseo de mostrar cómo se relacionan los jóvenes junto a un trabajo de montaje importante para ensamblar las escenas, pero sus logros se frenan precisamente por no ser consciente de la diferencia entre el lenguaje cinematográfico y las nuevas formas de narración que están naciendo propiciadas por internet, los dispositivos y las aplicaciones.

Escribe y fotos Luis Tormo

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