36ª edición del festival de cine de Huesca (4): Loarre y Olmi

  15 Junio 2008

Jóvenes del mundo unidos
Escribe Adolfo Bellido
(Huesca: 13 de junio 2008)

No hace falta decir que los cortometrajistas en su gran mayoría son gente joven o muy joven que espera saltar mañana o pasado al largometraje. Por eso Huesca, como ocurrirá a finales de junio en Valencia con Cinema Jove 2008, está repleta de jóvenes que se hermanan en su amor por el cine, por comunicar a través de las imágenes sus ideas, sus sentimientos, su forma de entender el mundo.

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Decíamos en una entrega anterior del festival que una gran parte de los cortos son negativos, y es lógico: es el mundo que les envuelve el que retratan, sus escasas esperanzas, pero junto a eso hay algo positivo y es encontrar a jóvenes de diversos países juntos, hermanados en unas mismas ideas. Iraníes, polacos, coreanos, norteamericanos, ingleses, franceses, venezolanos, norteamericanos, canadienses, argentinos, españoles, portugueses… y de los mas variados países se sienten unidos amigablemente en su percepción y andadura por el mundo.

castillo_de_loarre2.jpgSin ir más lejos Elvira, mi mujer, y yo, hemos estado en el soberbio castillo de Loarre, cercano a la ciudad de Huesca, donde Paul Verhoeven no pudo rodar Las cruzadas (nunca se llegó a realizar) pero donde años más tarde Ridley Scott rodó parte de El reino de los cielos. Que fuera un fiasco comercial o no ahora no viene a cuento. El castillo en un ejemplar único. Admirable. Como admirable fue encontrar allí y charlar con cinco cortometrajistas que juntos visitaban el lugar. Eran de distintas nacionalidades como aquellos Cuatro en un jeep, aunque ahora cinco. Una directora francesa, junto a cuatro realizadores de Canadá, Corea del Sur, Irán y Polonia. Cinco jóvenes de distintos países que juntos se encontraban alegres en esa ruta que habían escogido en la soledad de la mañana. Por encima de raza, religión o sociedad, los cinco vivían juntos, y encantados, el día. Otro mundo es posible. Y eso, ahora y aquí, lo hace posible el cine.

El festival invita a los cineastas seleccionados a pasar unos días en Huesca y ellos vienen encantados a presentar sus pequeñas –en duración– películas. Lo importante es que aquí (como en Valencia, Bilbao, Alcalá…) pueden hacerlo, se abre la posibilidad de dar a conocer unas obras que si no existieran estos festivales quedarían condenadas, en muchos casos, a no ser conocidas.

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Quizá, lo hemos dicho en otras ocasiones, hay muchos festivales en nuestro país y fuera de España, pero en ocasiones no son tantos, sobre todo si nos referimos a los de cortometrajes: se trata de la única posibilidad de poder ver estas películas. Según el diario El país, hace unos días, en España hay 232 festivales, y la mayoría son de cortos. Algunos de estos certámenes son flor de un día, otros logran salir adelante contra viento y marea. Otros veteranos, con años en su haber, son poco conocidos. Por ejemplo, aquí en Huesca estos días se ha “publicitado” ampliamente la semana de cine e imagen de Fuentes del Ebro (1), que está dedicada a cortometrajes de ficción y documentales, y se celebrará entre finales de octubre y primeros de noviembre (los meses festivaleros por excelencia). Pues bien, esta semana llega este año a la 13ª edición.  

Hoy, 13 de junio, serán las últimas proyecciones del concurso internacional de cortos y de documentales y mañana tendrá lugar la sesión de clausura. Muchos cortometrajistas y documentalistas hacen sus maletas. No parecen importarles los premios y sí el haber conocido a otros compañeros de otros países, haber entrado en contacto con el público oscense. Haber hablado, comunicado, en definitiva, a través de las imágenes.

Está bien que las sesiones de cortos y las retrospectivas sean totalmente gratuitas, que pueda asistir cualquiera que lo desee. Teniendo en cuenta lo caro que resulta ir hoy al cine, sólo se paga una mínima cantidad en las sesiones nocturnas dedicadas a las películas europeas de reciente estreno o aún sin estrenar. Hoy le toca el turno a la excelente Al otro lado que ya hemos criticado en la sección Sin perdón de nuestro Encadenados, ayer se pudo ver el último e interesante filme de Olmi.

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Con 100 clavos, Olmi es, por una parte, fiel a su cine, pero por otra parece distanciarse ideológicamente de su obra anterior. Es fiel en cuanto muestra la naturaleza, las relaciones humanas de los campesinos, la vida libre y distinta del campo desde una óptica primitiva y documental. Bellas imágenes que claman por la unión de los hombres, la satisfacción por el buen vino, la buena comida, por una simple conversación entre amigos (“ni el mejor libro es más importante que una conversación con un amigo”). El gran Olmi documentalista mostrándose con la misma jovialidad, alegría e ilusión de sus primeras obras.

Pero ideológicamente, el defensor del catolicismo, el hombre difícil de separar de sus sentimientos religiosos (El árbol de los zuecos, sobre todo, pero también su biografía sobre Juan XXIII, el Papa bueno, e incluso La leyenda del santo bebedor o El oficio de las armas), parece poner en entredicho muchas de sus ideas. La historia del profesor de filosofía en crisis con el mundo y con él mismo se dispara en su rebelión contra el saber intelectual y contra la religión acomodaticia. Una especia de furibundo Jesucristo fustigador de todo y todos, que incluso increpa al Padre. Y un final demoledor: la espera de Jesucristo que, como Godot, nunca llega…

ermano_olmi.jpgCrítica, reflexiva, propone una vida simple como contrapunto de lo “intelectual”, más bien de la intelectualidad como fachada. Pero, curiosamente, su idea se construye desde la propia reflexión intelectual. Filme sólido, lindante en muchos momentos con la perfección, se pierde a veces en su propio discurso. Pero queda, en definitiva, como original, extraña, hermosa, sugerente. Como alguien decía, es como si Olmi se hubiera reconvertido en quien fue su amigo y con el que escribiera algún guión: Passolini, pero sin dejar de ser Olmi.

Haremos en su momento, como en el caso del filme de Menzel, una crítica amplia. Ambas películas lo merecen y para mí muy especialmente la de Olmi. No sabemos a qué espera la distribuidora para estrenarla en España.

Al son de los premios llegan amigos, conocidos, gente de cine y es que, además de la entrega de galardones, se proyectan los filmes premiados. Entre los recién llegados está Antonio Llorens, que acaba de venir del festival de Troya, al que llegó desde el de Granada. Llorens conocedor de películas y películas, puede enorgullecerse de haber visto miles y miles de películas y recordarlas. Ambos, junto a una directora vasca que presenta un corto californiano (?) recordábamos un western más o menos de los principios del western (el único de la historia del cine, creemos) en que los Sioux luchan con… unos vascos. El desfiladero de la muerte era su título. La memoria cinematográfica. Los recuerdos hechos cine…

También Olmi tendría que decir mucho de eso.

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(1) www.scife.es

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