36 Cinema Jove de Valencia (9): Looking for Venera

  25 Junio 2021

Una lección de cine comprometido

looking-for-venera-0La película muestra la evolución de la adolescente Venera, desde el inicio —en el que solo mira, sin intervenir, cómo su amiga hace al amor— hasta el final de su proceso de concienciación, en el que acude a su primera fiesta, desafía la autoridad paterna y decide con quién quiere perder la virginidad.

Una historia de empoderamiento femenino en un pequeño pueblo de Kosovo, que vive anclado en las tradiciones, con el machismo como seña de identidad familiar y de espaldas a la evolución y la modernidad.

Como demostración de lo «mucho» que hemos avanzado en otros países, su directora Norika Sefa no recibió los permisos oportunos para poder desplazarse a Valencia a presentar el film —España sigue sin reconocer la existencia de Kosovo a nivel oficial— y, pese a que estaba anunciada, fue el productor del Buscando a Venera, Bresnik Krapi, quien salió al escenario para introducir la película y realizar un coloquio final con el público, en la sala Berlanga de la Filmoteca Valenciana.

Coproducida por Macedonia del Norte y Kosovo, la película narra una historia personal (la búsqueda de libertad de Venera) al tiempo que ofrece un retrato fiel, creíble y sobre el terreno de algún lugar de Kosovo, una pequeña población donde los restos de la guerra se codean con una vida sin demasiado futuro, a caballo entre el trabajo y un garito donde los jóvenes disfrutan de algo parecido a sesiones de «libertad», con música, drogas y la promesa de sexo, no siempre cumplida.

En este ambiente, la familia de Venera funciona como símbolo del propio país: la abuela, la madre, el padre, Venera y sus dos hermanos pequeños conviven en una pequeña casa; el padre vive pegado a su carpintería; sus amigachos vienen a veces a casa, como corresponde al pater familias; pero no así los de la madre (reducida a su papel de ama de casa), ni los de la abuela (representante de la tradición más ancestral), ni los de la adolescente Venera… excepto una amiga.

Y esa amiga, Dorina, es precisamente la desencadenante de la trama principal: una joven que elige con quién acostarse, que no se sujeta al corsé que marca la tradición, que aprende inglés porque es lo único que pueden estudiar en ese entorno cerrado y asfixiante, donde no parece haber escuelas públicas.

Microcosmos opresivo

Looking for Venera comienza con Dorina haciendo el amor escondida en un bosque: poco romanticismo, un encuentro fugaz, directamente al grano, mientras Venera observa escondida. Pronto sabremos que son amigas, que acuden juntas a estudiar inglés, que la primera es «ligera de cascos» a decir de su entorno —evidentemente masculino— mientras que Venera comienza a despertar sentimientos encontrados, aunque, al igual que su madre, nunca se ha atrevido a oponerse a la voluntad paterna, que toma todas las decisiones que haya que tomar sobre la familia al completo.

A lo largo del metraje, el fútbol y la guerra están siempre presentes. El primero con niños jugando en cualquier rincón con una pelota envejecida y en pésimo estado. La segunda por los comentarios de unos y otros sobre seres perdidos en la batalla. Y el paisaje después de la batalla sigue estando presente en distintos rincones del pueblo.

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Para escapar de la realidad hay un garito, La Fábrica, donde las luces psicodélicas, el alcohol, la música y la oscuridad ayudan a escapar de la realidad que les espera fuera.

Paralelamente, vemos cómo niños, adolescentes y jóvenes comparten encuentros en la calle o en cualquier lugar. No hay grupos de edades, como no hay intimidad familiar, todos se mueven por la calle sin nada que hacer, incluso la sensación es que no hay colegios o actividades culturales. Sólo una vida miserable en la calle.

Y, por encima de todo, la tradición, que marca cómo hay que comportarse y se impone como norma de funcionamiento, incluso en los casos como Dorina, esa «mala influencia» (como la llama la madre de Venera), a la que le gustan los hombres mayores, pelea por «conocerse a sí misma» y nunca rechaza un polvo exprés de un amigo con el que apenas mantiene más relación que la sexual, aunque esto le permite a ella «experimentar y probar cosas nuevas».

Esas pequeñas revoluciones, a las que también se apunta finalmente Venera, han de convivir con el entorno general que obliga a realizar la tradicional comida de las dos familias cuando una relación se da por «oficial», algo con lo que también han de claudicar tanto Dorina como Venera, aunque previamente hayan mantenido relaciones de todo tipo con sus acompañantes, pues no se puede hablar de novios, al menos desde el punto de vista de las dos jóvenes.

Como ejemplo de esas pequeñas revoluciones personales queda una bella escena poco antes del final: Venera regresa a casa tras su primera fiesta, la esperan despiertas la madre y la abuela. Discuten, pero ella se mantiene firme. Hay que vivir, avanzar. Y acaban bailando ellas y los dos niños pequeños —el futuro—. Por primera vez hay movimiento en la casa, hay sonrisas, hay música, hay algo que hacer juntos… hasta que aparece el padre y todo se acaba.

Y como constatación de lo difícil que es avanzar, el final: Venera disimula que ha tenido su primera relación echando salsa de tomate sobre la cama, mientras fuera se celebra una comida entre su familia y la de sus posibles suegros. Su primera relación ha sido como la que vio al inicio del film: sexo exprés, sin romanticismo, sin preámbulos, sin amor... una pequeña rebelión silenciosa.

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Bocados de realidad

Lo que más sorprende de esta narración simbólica centrada en tres generaciones de una misma familia como representación de un país como Kosovo es la puesta en escena de Norika Sefa.

Nunca vemos un plano general —ni del pueblo, ni de la casa familiar, ni de La Fábrica—, solo planos cercanos, vistas parciales que nos permiten hacernos una idea de cómo es el todo.

Y apenas en dos o tres ocasiones la cámara se mueve acompañando a algún personaje, pero el resto del tiempo son encuadres estáticos, pequeños fragmentos de una realidad que el espectador reconstruye en su mente, ya que nunca la vemos completa.

Esa idea encaja perfectamente con el guion, con la propuesta que se narra: no hay un afán de ser forzadamente simbólico, de representar todo un mundo, solo fragmentos de una realidad. Vidas con escaso margen de movimiento, como la cámara. Personajes con una visión reducida de su presente y su futuro, como los encuadres que ve el espectador.

Un planteamiento coherente en la puesta en escena que delata la existencia de una futura gran cineasta… si la realidad política permite que siga haciendo cine y que sus películas se vean en otros países, entre ellos España.

De lo más interesante visto en la Sección Oficial de Cinema Jove de Valencia.

Escribe Mr. Kaplan  

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