36 Cinema Jove de Valencia (10): Stop Zemlia

  26 Junio 2021

La patria es la infancia, la adolescencia el exilio

cinema-stop-zemlia-0Kateryna Gornostai, joven realizadora ucraniana, realiza su ópera prima con un film de más de dos horas que retrata —y el verbo no puede ser más preciso— los sinsabores de una adolescencia sentida como doloroso tránsito de algo que ya no es la infancia al territorio desconocido de la vida adulta.

Stop Zemlia es casi cine documental: alterna los planos dramatizados, casi sin recursos extradiegéticos, con una serie de entrevistas a los personajes —que a pesar de ser actores no profesionales están todos magníficos— en lo que se supone que es una crónica de final de curso grabada por la propia directora, alternando la realidad con la ficción, metiendo el cine dentro del cine.

Así pues, el realismo es máximo y la implicación que uno siente con los personajes, por momentos, casi absoluta: padecemos sus angustias y sus temores casi como algo físico, y eso indica que la directora ha sabido empatizar con ellos y con su público, algo que no puede tomarse sino como mérito para alguien que quiera dedicarse a la cinematografía.

La película se acerca a la intimidad de varios grupos de personajes que están a punto de culminar su etapa en el instituto, a veces desde lo colectivo, a veces desde lo individual. Puede sentirse que la protagonista principal es Masha, una adolescente retraída que apenas interactúa con su grupo de dos amigos, y que siente una atracción amorosa —típicamente adolescente, con toda la intensidad e inseguridades que eso supone— hacia Sasha, un compañero de clase que vive agobiado por una madre posesiva y controladora. El chico no parece enterarse de nada, y Gornostai juega con su incipiente miopía para señalar cómo el adolescente está ciego ante más de un asunto.

Esta es casi la única metáfora que la realizadora se permite, porque el modo en que están tratadas las situaciones dramáticas de la película es casi totalmente objetivo: hay tiempos muertos —a veces excesivamente largos—, confesiones, intimidades, juegos, preocupaciones banales, típicas situaciones que cualquiera ha vivido en estas edades y personajes que representan casi todos los tipos posibles de adolescente de instituto: el líder, el gracioso, el acosado, la depresiva, la insegura, el atormentado...

En este último caso, uno de los personajes principales es Senia, de quien se sugiere que ha padecido un trauma bélico y que posiblemente no es heterosexual. Gornostai encarna en este personaje algunas de las realidades políticas que últimamente acosan a Ucrania, siempre en tensión territorial con Rusia y cuyos avances en la liberación sexual apenas han dado sus primeros pasos desde 2019.

Por lo demás, la película es un puro retrato, tan fiel, tan preciso, que uno puede reconocer las vicisitudes de los adolescentes de cualquier parte del mundo y por supuesto, recordar las suyas propias.

La propia Masha parece llegar a esta misma conclusión en las postrimerías del filme, cuando interpela a su entrevistadora: «¿Te reconoces en mí? ¿Es como si el tiempo no hubiera pasado desde tu época?».

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La respuesta es que sí, a pesar de que los teléfonos móviles matizan un paisaje humano que probablemente no ha variado a través de los siglos: la adolescencia es un tránsito doloroso, lleno de incertezas a veces paralizantes, que no comprenden bien ni los protagonistas ni sus progenitores. Es un destierro de la infancia, un exilio de lo que siempre creímos ser para construir lo que deseamos ser.

Esta película muestra cómo lo último se logra, casi siempre, de un modo insuficiente, insatisfactorio, pero inevitablemente.

Lo que sucede es que todos estos notables hallazgos a veces se desarrollan sobre un fondo moroso, lento, fragmentario. En su último cuarto (y esto es media hora de metraje) la película abusa de escenas largas y gratuitas, de transiciones innecesarias. No sé si lo que se quiere transmitir es angustia y aburrimiento, pero a fe mía que a veces se logra.

Stop Zemlia atesora, sin duda, muchas virtudes: su capacidad para hacernos empatizar con los personajes, su dirección de actores, su precisión documental... Pero también le falta mesura y contención.

La buena noticia es que estos defectos menores son fácilmente subsanables y que las virtudes del filme muestran sin lugar a dudas que la realizadora posee un talento innato para la cinematografía.

La mala noticia es que la película no invita a un segundo visionado: está tan bien plasmada la adolescencia, que muchos no soportarán verse reflejados en ella durante casi dos horas de metraje.     

Escribe Ángel Vallejo

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