36 Cinema Jove de València (7): The Whaler boy

  23 Junio 2021

Humanidad e inhumanidad

cinema-jove-whaler-0Philipp Yuryev, un realizador moscovita de 31 años, nos entrega un filme tan áspero como la tierra en que se desarrolla su acción. La tundra del extremo oriente ruso, cerca del estrecho de Bering, es el escenario donde los balleneros se entregan a su duro quehacer, tan despiadado como incomprendido para los habitantes de la metrópoli. El pasaje inhóspito apenas deja espacio para los más delicados sentimientos humanos. Yuryev propone, por ello, un análisis de los más básicos instintos: la siempre delicada frontera entre la supervivencia y la muerte, el amor y el sexo o la amistad y los celos.

Lyoshka, el protagonista, es un joven ballenero que queda prendado de la camgirl que le da a conocer su amigo Kolia. El hecho de que el contacto con las mujeres sea prácticamente inexistente en ese apartado rincón de la tundra, hace que sus sentimientos no tengan un principio de realidad empírica donde sustentarse, y poco a poco se exacerban hasta lo esperpéntico. El viaje mental del personaje principal desde la inocencia hasta el delirio, es uno de los elementos principales de la película.

Es muy interesante, en este sentido, cómo Yuryev juega con la supuesta comunicación que se establece entre Lyoshka y Lovesweet999 (la camgirl): las miradas, perfectamente estereotipadas para estos menesteres y hábilmente ensayadas por parte de las profesionales del sexo virtual para atraerse a la clientela, embelesan a un chico que apenas tiene contacto humano con mujeres de carne y hueso. La idealización de este personaje femenino hace que cuando Lyoshka tome contacto con una mujer de verdad, el encuentro se torne irreal, casi inhumano.

Abundando en esta idea, los personajes femeninos aparecen en la película totalmente cosificados, pero me parece que esto también hay que atribuirlo a la habilidad de un realizador que quiere llamar la atención sobre las duras condiciones de una juventud imposibilitada de trabajar sus relaciones humanas si no es mediante la tecnología.

Así, la película avanza sobre la premisa de una relación virtual que atesora todos los posibles defectos de un enamoramiento tóxico real. La amistad con Kolia se deteriora y Lyoshka, tras cierta peripecia, se ve obligado a realizar una búsqueda de sí mismo atravesando los mares y la tundra.

El filme cambia entonces radicalmente de registro, y se nos muestra una especie de odisea ártica —hay incluso un Polifemo— que, tras ciertos pasajes oníricos, acaba con una resolución bastante elegante, retomando la humanidad que al fin y al cabo atesoran los protagonistas.

Yuryev ha compuesto un relato áspero, sí, pero también humorístico y profundo. No podemos dejar de reprocharle ciertos tropiezos narrativos, pero en general es una película que se ve con creciente interés y no poco agrado.

Para el que suscribe ha supuesto una estimulante sorpresa, y eso no es poco en los tiempos que corren.   

Escribe Ángel Vallejo

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