16º Festival de Cine Alemán de Madrid (5): conclusión

  28 Junio 2014

Miserias infantiles

otra heimat-1El último día del festival parecía cubrir, de una forma u otra, un subgénero muy presente en el cine europeo, derivado de la histórica: el género de la miseria, especialmente en ambientes rurales o infantiles.

Y era algo que se veía desde la primera proyección, de la larguísima cinta (230 minutos de duración) de Otra Heimat – Crónica de una visión, del mítico Edgar Reitz, una película que sirve de preludio a la serie de televisión del director, y que narra la vida de una familia en un pueblo alemán del siglo XIX, sirviendo como reflejo de toda una época y una generación.

También en el siglo XIX (y probablemente a mediados, como pronto, merced a Ivanhoe) se situaba la segunda película, sólo que esta vez la acción se desplazaba hasta Suiza primero, y luego hasta Milán, siguiendo las (aquí sí) desventuras de un joven dickensiano: Giorgio es un joven de la Suiza más rural vendido para salvar la vida de su madre malherida, que termina en Milán como deshollinador. Allí conoce a otros jóvenes en situación similar, y juntos se unen para formar la banda de los Hermanos Negros, luchando contra su antiguo negrero y contra las bandas rivales de la ciudad.

Con dicha trama, la tragedia se masca a cada instante, y a pesar de que poco a poco se vierta la película hacia un final feliz, no faltan puntos de oscuridad en el desarrollo. El retrato sociohistórico y de la miseria de los personajes es muy acertado, aunque se nota claramente que es una película para niños, lo que suaviza muchas asperezas y construye personajes que tienen más al bien que al mal, siempre.

El ritmo es ágil y las actuaciones, especialmente las infantiles, muy sólidas. Únicamente un extraño sentido del humor o escenas que no parecen tener sentido en el conjunto desentonan en un producto con un acabado más que decente y una fotografía de tonos sepia que también sufre esa extraña dicotomía entre la maestría y la, dicho de forma brusca, mediocridad.

El resultado final, sin duda, podría ser más pulido, pero que estamos ante una buena película es innegable. Algo que no se puede decir de Wolfskinder, una de las películas más esperadas del festival y también una de las mayores decepciones; de hecho, es una seria candidata a ser la peor cinta del festival de cuantas se hayan reseñado en estas crónicas, con errores de base difícilmente salvables, que si no la hunden por completo sí hacen muy difícil el sacarla a flote.

wolfskinder-1Y es que hay que tener mucho cuidado con la forma que se tiene de acercarse a la tragedia y presentarla al espectador. Y más, si esta se disfraza bajo la careta del drama histórico protagonizado por niños en un acontecimiento tan terrible como es la Segunda Guerra Mundial, y sus efectos sobre la población civil.

Aquí los protagonistas son huérfanos abandonados. No sólo eso: son huérfanos perdidos en territorio lituano, muchos de ellos alemanes que no conocen ni el lugar ni a sus gentes, y que se ven huyendo de forma constante del Ejército rojo soviético que avanza por la zona.

Es la de la cinta una lucha por la supervivencia que se pretende mostrar con demasiada lágrima y pena, avasallando al espectador con la dureza. Es una cinta a imagen de ya clásicos como La tumba de las luciérnagas, de Takahata, o incluso de Wunderkinder, presentada hace dos años en este festival y con la que también guarda muchos puntos en común. Sin embargo, donde estas dos planteaban una historia y dejaban la emoción en manos del espectador, aquí Wolfskinder pretende mover a la lágrima casi en cada plano… y por ello no lo consigue.

Por ello y por lo difícil que resulta empatizar con los personajes: con el protagonista, por lo sosa que resulta una actuación que, sin ser mala, transmite poquísimo; con el resto, porque la mayoría de ellos aparecen y desaparecen de pantalla con tanta velocidad que no da tiempo a identificarse con ellos. Esto se une además a un ritmo lentísimo, un guión cargado de decisiones y escenas extrañas y una banda sonora inconstante que no ayuda a levantar cabeza a una cinta que se ahoga en sí misma. Lo único que es de matrícula, sin contemplaciones, es el apartado visual.

Tras estas propuestas, llegaba el turno de repetir con la mucho mejor (menos ambiciosa pero más correcta) Fack ju Goehte, y de culminar el Ciclo Arthaus con Love Steaks y, con ella, esta edición del festival.

Y haciendo revisión, no resulta muy arriesgado decir que el de hoy era el día más flojo en cuando a calidad de las cintas se refería; sin embargo, ello no reflejaba de forma fiel la tónica de un festival cargado de propuestas con un enorme atractivo, que demuestran otro año más que la escuela alemana de cine sigue tan viva y tan sana como nunca.

Si sigue el festival con este ritmo, todos estaremos de acuerdo en brindar porque cumpla 16 años más.

Escribe Jorge Lázaro 

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